Si no eres de los que practican ni creen en la doctrina del "menos es más", existe una corriente opuesta con la que seguro que te sientes identificado, el maximalismo. Pero como en todo, hay que saber practicarla.

En el vasto universo del diseño de interiores, cada estilo narra su propia historia. Y una de las narrativas más atrevidas y visualmente impactantes es la del maximalismo, una tendencia que, contraria al minimalismo como su nombre indica, celebra la abundancia y el "más es más".

Sin embargo, aventurarse en el maximalismo conlleva el riesgo de caer en el horror vacui. Ese miedo al espacio vacío puede resultar en un caos visual sin control. Para evitar este exceso, es esencial comprender la historia y los principios del maximalismo para aplicarlos con mucha disciplina.

 

dormitorio clásico con pared verde y cabecero de cama dorado

¿Qué es el maximalismo?

El maximalismo es una expresión de libertad y personalidad. Este estilo se caracteriza por el uso generoso de patrones, texturas, colores y objetos decorativos. En lugar de seguir reglas estrictas, el maximalismo invita a los diseñadores a jugar con la saturación visual y a contar una historia rica y compleja a través del espacio habitado. Es un lienzo en el que cada pincelada aporta profundidad y carácter, donde cada elemento tiene su razón de ser y contribuye a una estética de abundancia controlada.

Este estilo se caracteriza por el uso generoso de patrones, texturas, colores y objetos decorativos. No hay miedo a la mezcla de estilos y épocas, y cada rincón  está lleno de detalles y elementos que cuentan algo.

 

Sillones Bacharach Swivel y mesita Caracas, de Jonathan Adler

Contexto y referencias del maximalismo

A lo largo de la historia, el maximalismo ha encontrado su lugar en épocas de opulencia y expresión artística sin frenos. Su aparición no está vinculada a un momento específico en la historia, a diferencia del minimalismo. De hecho, el maximalismo ha ido evolucionando y adaptándose a lo largo de diferentes períodos, actuando como un contrapeso en respuesta a las tendencias estéticas predominantes de cada época.

Por ejemplo, en el Renacimiento italiano, los palacios eran conocidos por su ornamentación excesiva. Además, el movimiento rococó del siglo XVIII en Europa destacaba por el uso exuberante de la decoración y la ornamentación.

 

 

Otro momento importante fueron los locos y revolucionarios 80 (año en el que se le dió nombre), cuando el maximalismo experimentó un resurgimiento unido a la libertad de expresión individual a través de colores brillantes, estampados llamativos y una estética glamurosa. Había mucho que decir y mucho que reivindicar. Sin embargo, a medida que avanzaba la década de 1990, el minimalismo volvió a tomar el control, y el maximalismo quedó relegado al pasado.

 

La interiorista y diseñadora Kelly Wearstler, representante de la nueva opulencia

 

Actualmente, interioristas y diseñadores como Kelly Wearstler, Marcel Wanders o Jonathan Adler han defendido y reinterpretado el maximalismo, infundiéndolo con un sentido moderno y sofisticado en el que el color y los motivos gráficos son la clave. A nivel nacional, grandes nombres y maestros como Lorenzo Castillo practican esta abundancia visual bien entendida a a través de espacios donde cada cada capa aporta nueva información. Estos diseñadores han sabido combinar piezas vintage con arte contemporáneo y patrones audaces, demostrando que el maximalismo no es solo acumulación, sino una curaduría cuidadosa.

 

Claves para practicar el maximalismo en casa

Lo primero es empezar con una buena base

Antes de sumergirte en el maximalismo, es crucial establecer una base sólida. Escoge colores o patrones que funcionen como hilo conductor en tu espacio. Puede ser una pared que destaques con un papel tapiz atrevido o una paleta de colores que guíe las muchas historias que vas a contar a través de los objetos.

La importancia de las texturas

El maximalismo se hace fuerte en la variedad. Mezcla terciopelo con seda, madera con metal, y añade tejidos y bordados. Esto añadirá dimensión sin abrumar visualmente si se lo haces con equilibrio.

Selección de objetos

Cada pieza en tu espacio debe contar una historia o tener un sentido en el espacio que habite. Esto no significa que absolutamente te todo tiene que estar lleno, sino que cada objeto es intencional. Piensa en tu habitación como una galería personal de tus gustos y experiencias.

Equilibrio y composición

A pesar de su riqueza visual, el maximalismo requiere un sentido agudo del equilibrio. Distribuye el peso visual uniformemente para que la habitación no se sienta desordenada. Asegúrate de que hay lugares donde el ojo puede descansar.

Arte como punto focal

Utiliza obras de arte para dar carácter al espacio. Una pared de galería con distintos tamaños y estilos de marcos puede ser un excelente punto de partida.

Echa un ojo y mira lo que sobra

Aunque pueda parecer contradictorio, el arte de editar y quitar es tan importante como el de añadir. Periódicamente revisa y edita tu espacio para asegurarte de que cada elemento sigue siendo relevante y que aporta algo.

Como en todo, la iluminación es la clave

La iluminación puede ayudar a zonificar y destacar ciertas áreas, creando profundidad y jerarquía visual. Lámparas de pie, de mesa y colgantes de diversos diseños pueden servir tanto como fuentes de luz como piezas con mensaje.

Las plantas ayudan a equilibrar

Plantas, flores y elementos naturales pueden servir como un respiro dentro de un diseño maximalista. Aportan un toque de serenidad y frescura que equilibra la riquez visual.

 

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