Aunque no lo creas, se puede conocer lo mejor de la arquitectura balear sin salir del coche

Sobre cuatro ruedas, y gracias a los ferris que conectan este bello archipiélago, nos adentramos en el legado de Jørn Utzon y Edwin Broner en suelo español, las atemporales casas vernáculas de la zona y la personalidad de artistas como Miquel Barceló o Joan Miró.

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Pueblo de Es Mercadal (Menorca)

Pueblo de Es Mercadal (Menorca)

Iniciamos la ruta justo en el mismo corazón de Menorca, a los pies del Monte Toro. Hablamos del pueblo inmaculadamente blanco de Es Mercadal, cuyo origen se remonta a la conquista de la isla por parte del rey Alfonso III de Aragón a finales del siglo XIII. En él no solamente se encuentra la renacentista iglesia parroquial de Sant Martí del siglo XV, sino también unas calles de postal abrazadas por casas bajas que enamoran a simple vista por su sencillez arquitectónica. Fácilmente podrás desconectar del mundo simplemente dando un paseo.

Ciudad Blanca, de Francisco Javier Sáenz de Oíza (Alcudia Mallorca)

Ciudad Blanca, de Francisco Javier Sáenz de Oíza (Alcudia, Mallorca)

De Menorca nos dirigimos hasta Mallorca, concretamente hasta Alcudia. Allí se ubica la Ciudad Blanca de Sáenz de Oíza, un edificio de cinco alturas con 25 módulos de cuatro apartamentos cada uno. La premisa fue crear una topografía artificial a pie de playa en la que las viviendas fueran iguales, sin excepción: todas tienen 50 metros cuadrados, una práctica terraza y orientan las vistas hacia la bahía de Alcudia. Este edificio vacacional fue un encargo del industrial y empresario Juan Huarte, que como en otras tantas ocasiones hizo de mecenas del arquitecto navarro.

casa huarte

Casa Huarte, Francisco Javier Sáenz de Oíza (Formentor, Mallorca)

Volvemos a hablar de los dos protagonistas anteriores, ya que la familia Huarte también encargó a Sáenz de Oíza una casa para pasar las vacaciones de verano en 1969. El arquitecto tenía la intención de construir esta vivienda de una sola planta y con una cornisa de tubos de acero sin talar ni un árbol, y los testimonios de la época aseguran que lo consiguió. No solamente se inspiró en el trabajo del danés Jørn Utzon (del que a continuación te hablaremos porque tuvo una estrecha relación con la isla balear), sino también en la sede de la Asamblea de Chandigarh en India, de Le Corbusier. 

 Can Lis, de Jørn Utzon (Santanyí Mallorca)

Can Lis, de Jørn Utzon (Santanyí, Mallorca)

No cabe duda de que Jørn Utzon encontró en Mallorca un lugar en el que aislarse del mundo. Poco después de que abandonara su obra más célebre, la Ópera de Sídney, hastiado por los problemas para llevar a cabo su proyecto original, no dudó en instalarse en la isla en vez de volver a su Dinamarca natal. Así fue como en 1972, sobre un acantilado no muy lejos de Porto Petro, erigió esta vivienda que lleva el nombre de su esposa. La casa se conforma a partir de cinco pabellones que funcionan de manera casi autónoma, enlazados por espacios abiertos, vacíos, muros, patios y porches. Aunque lo mejor de ella es que conjuga lo mejor de Alvar Aalto o Frank Lloyd Wright con la arquitectura vernácula de la zona. Ahí vivió felizmente el arquitecto hasta 1994, ya que en ese año se trasladó a Can Feliz, la otra casa que construyó en el interior de la isla.

capilla santisimo miquel barcelo palma

Mural de la Capilla del Santísimo, Miquel Barceló (Palma)

La Capilla del Santísimo, una de las tres existentes en la Catedral de Mallorca, lleva la seña de uno de sus artistas locales más universales. El propio Miquel Barceló concluyó en 2006 un mural de 300 metros cuadrados e intervino en los cinco vitrales de la capilla, el mobiliario litúrgico (hecho con piedra de Binissalem) y las ornamentos. Lo cierto es que la obra no estuvo exenta de polémica porque muchos no entendieron cómo un agnóstico declarado como él pudo conseguir la libertad creativa de una institución tan conservadora como la eclesiástica. Aunque eso sí, pasados los años, son muchísimos los curiosos que se acercan a la Catedral para contemplar única y exclusivamente esta pieza. Hasta a sus detractores no les quedó otra que elogiarle.

Fundació Pilar i Joan Miró, de Rafael Moneo (Palma de Mallorca)

Fundació Miró Mallorca, de Rafael Moneo; y Taller Sert, de Josep Lluís Sert (Palma de Mallorca)

De Barceló pasamos a Miró. Y, además, por partida doble. El Taller Sert, en la imagen, fue la casa y estudio del artista desde que decidió instalarse en la isla en 1956. Para el proyecto, realizado por su amigo Josep Lluís Sert (el mismo que se encargaría de levantar la Fundació Miró en Barcelona), se llevó a cabo un tratamiento muy plástico de las fachadas, ya que por ejemplo la que da a la cara sur yuxtapone el blanco del hormigón con el color de la arcilla y el azul, el rojo y el amarillo de la carpintería. A su vez, también es de obligada visita la sede de la Fundació Miró Mallorca, un edificio que lleva la firma de Rafael Moneo y que abrió sus puertas en 1992. De él cabe destacar el conocido como espacio Estrella, cuya planta estrellada recuerda a una ciudadela.

Arquitectura vernácula de Dalt Vila (Ibiza)

Arquitectura vernácula de Dalt Vila (Ibiza)

Con un práctico ferry dejamos Mallorca para pisar suelo ibicenco. Una vez ahí nos adentramos en su antigua ciudad amurallada, Dalt Vila, para descubrir la humildad arquitectónica que caracteriza a las construcciones vernáculas. Aunque parte de un cuerpo cúbico que se repite como unidad constructiva básica, todas sus casas en realidad son distintas porque responden a las necesidades concretas de sus habitantes y, sobre todo, se acomodan al condicionamiento topográfico del terreno. De forma premeditada este conjunto de viviendas crea un todo armónico y unitario que sorprende por su mesura, su calidad escultórica y su plasticidad.

Museu d’Art Contemporani d’Eivissa MACE (Ibiza)

Museu d’Art Contemporani d’Eivissa - MACE, de Víctor Beltrán Roca (Ibiza)

En este caso concreto no queremos detenernos en el edificio histórico del siglo XVIII que fue una construcción militar, obra del ingeniero Simón Poulet, sino en la ampliación del Museu d’Art Contemporani d’Eivissa a cargo de Víctor Beltrán Roca. El arquitecto, con el objetivo de no saturar el paisaje urbano con nuevos volúmenes, concibió este anexo de una forma que crece hacia abajo en lugar de hacerlo en altura para, ya de paso, aprovechar la luz natural cenital. Tanto el edificio antiguo como el nuevo están conectados entre sí. Aquí puedes consultar su programación.

Museu Casa Broner, de Edwin Broner (Ibiza)

Museo Casa Broner, de Edwin Broner (Ibiza)

En el barrio de Sa Penya, el arquitecto y pintor alemán Erwin Broner, fallecido en 1971, diseñó en 1960 esta casa reconvertida en museo. Dividida en dos plantas, la residencia del autor y su estudio, más allá de parte de sus obras también puede disfrutarse en su interior del mobiliario que él mismo diseñó para la ocasión. Gracias a que Broner huyó a la Ibiza en los años treinta (antes de realizar la Casa Broner estuvo en otra vivienda) para huir del régimen nazi, en la actualidad podemos disfrutar de esta edificación que aúna la tradición arquitectónica de la isla con los postulados artísticos de la Bauhaus. El hogar, que también fue la residencia de su segunda esposa, Gisela Strauss, está declarado Bien de Interés Cultural.

Centro de Deportes Naúticos de Formentera, de Marià Castelló (Formentera)

Centro de Deportes Náuticos de Formentera, de Marià Castelló (Formentera)

De Ibiza pasamos a la vecina Formentera para conocer de primera mano uno de los trabajos del estudio local Marià Castelló Architecture. Situado en el puerto de la Savina, se trata de un ejemplo de arquitectura sostenible porque aquí la gran protagonista es la madera contralaminada CLT. Sobre una gran tarima se construyeron dos cuerpos independientes alineados (el primero con la calle de s'Almadrava y el segundo con el pasaje de Balandra) en cuya intersección el edificio ofrece un vacío de una gran permeabilidad visual. Sus 1.000 metros cuadrados están muy, pero que muy bien aprovechados.

Sí, sabemos que se trata de un archipiélago y que el mar Mediterráneo separa físicamente una isla de otra. Pero esa no es excusa para no moverse libremente en coche por las Baleares gracias a un eficiente servicio de ferris con el que no tendrás que prescindir jamás de tu vehículo propio.

Sin ir más lejos, y comenzando la ruta desde el norte, en el aeropuerto de Menorca puedes alquilar un vehículo, recorrer la isla y, desde Ciutadella, tomar un barco que te dejará en la mallorquina Alcudia, donde se alza la imponente Ciudad Blanca que Sáenz de Oíza construyó por encargo de su mecenas Juan Huarte.

Sin duda, las Islas Baleares siempre han acogido al talento internacional, viniese este del campo de la música (Chopin), la literatura (Robert Graves), el diseño o la arquitectura. Algunos, como el arquitecto danés Jørn Utzon, encontraron en Mallorca el mejor lugar para cicatrizar las heridas del desencanto por la marcha de su proyecto de la Ópera de Sidney, el cual abandonó en 1966. Tras hacerse con unos terrenos en S'Horta, su primer objetivo fue levantar Can Feliz, pero debido a que no obtuvo los permisos para construirla hasta años más tarde se decantó por cambiar de localización e idear Can Lis en primer lugar.

Los 306 caballos del Mercedes Benz AMG A35 sedan son el mejor argumento para conducir con comodidad y dinamismo por las sinuosas carreteras del archipiélago balear.

Los 306 caballos del Mercedes Benz AMG A35 sedan son el mejor argumento para conducir con comodidad y dinamismo por las sinuosas carreteras del archipiélago balear.

Otros, como el alemán Edwin Broner, huyeron de sus países de origen tan pronto comprobaron cuáles eran las verdaderas intenciones del Partido Nazi. En Ibiza, Broner no se limitó a esconderse, al contrario: aprovechó la cálida acogida de la isla para dejar un legado arquitectónico que, por mucho que hayan pasado los años, no ha perdido lo más mínimo su gran valor arquitectónico.

A la mayor de las Pitiusas accedemos tomando otro ferry desde el puerto de Palma no sin antes haber admirado en la capital de Mallorca el legado artístico de Miquel Barceló y Joan Miró. La llegada a Ibiza nos depara una vista espectacular de la arquitectura vernácula de Dalt Vila, la parte alta del núcleo histórico de la ciudad, la cual convive con toda naturalidad con la contemporaneidad del museo MACE. Y de ahí, mismamente, tras un breve trayecto en barco, podemos adentrarnos en Formentera a través de esa puerta marítima que es La Savina.

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