Un hotel en el alto Duero de Portugal en el que descansar rodeado de campos y naturaleza

La hospitalidad rural de Ventonzelo (antigua finca convertida en hotel por el estudio Santelmo & Pereira) celebra las bellezas del paisaje y los sabores de la región vinícola portuguesa del Duero

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Hotel Ventozelo en el valle de Douro baño

La sofisticación del diseño se disfruta en los grandes espacios y en también en cada detalle de las habitaciones del hotel Ventonzelo

Hotel Ventozelo en el valle de Douro 3

El paisaje, en toda su magnitud, enmarca los encantos del hotel, con el pasado expresado a través de los muros de piedra y lo contemporáneo a través de los refinamientos del diseño

Hotel Ventozelo en el valle de Douro 4

Entrañable estampa de la vida rústica que subyuga a los huéspedes, en momentos de contemplación y reposo detenidos en el tiempo.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro 2

El hotel Ventozelo es parte de esta tierra donde el vino se cultiva desde hace milenios. Edificios centenarios de una finca agrícola ofrecen, ahora, hospedaje y atractivos múltiples.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro habitacion

El interiorismo, proyectado por Cristina Caiano y NBY Concept & Project, ha sabido incorporar elementos y recursos estéticos contemporáneos, en un entorno rural

Hotel Ventozelo en el valle de Douro dormitorio

Las características de las habitaciones del hotel Ventozelo difieren, pero en todas se aprecia una cualidad de claridad y ligereza, en materiales y colores.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro rincon

Desde las luminosas habitaciones, abiertas al paisaje, los huéspedes se dejan seducir por el aire y los ruidos de trabajo agrícola que llegan del campo.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro salon

El hotel aspira a ser no sólo un alojamiento, sino un lugar donde pueda conocerse el patrimonio cultural de la región. Fotos de trabajadores vinateros, en un vestíbulo suntuoso

Hotel Ventozelo en el valle de Douro porche

Bajo una techumbre de tejido vegetal que dibuja, en el suelo, apretados hilos de sombra, los huéspedes pronto tomarán un desayuno campesino, cobrando vigor para el paseo.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro

El ojo del fotógrafo ha captado diagonales que suben y bajan: cultivos en verde oscuro, en medio el caserío agrícola ahora hotel y las calinas en verde seco a lo lejos.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro terraza habitacion

Desde la terraza de la habitación se ven las terrazas escalonadas de los viñedos

Hotel Ventozelo en el valle de Douro salon blanco

Simplicidad de líneas, nobleza de los materiales, alegres toques de artesanía.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro piscina

Piscina e inmensa plataforma de madera, para la contemplación de la parte más frondosa y soñadora del paisaje.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro terraza

Dos copas, un brindis, en la terraza de la habitación, mirando las colinas de un verde casi afrodisíaco, antes de la hora de la cena.

Hotel Ventozelo en el valle de Douro comedor en el exterior

El hotel Ventozelo, en el valle del Douro, sorprende con rincones preparados para momentos quizá memorables.

Es el momento de evadirse de la ciudad por unos días. El momento –quizá un plan de evasión largamente postergado- de recorrer la región portuguesa del Alto Duero Vinatero (Alto Douro Vinhateiro), donde se produce vino desde hace dos mil años. El Duero cruza el corazón de roble / de Iberia y de Castilla, escribió Antonio Machado en A orillas del Duero, uno de sus poemas más célebres. Pero muy distintas de las castellanas son estas "orillas" cubiertas de viñedos que, como gradas de anfiteatros vegetales, se escalonan en las colinas hasta el río. Colinas cubiertas de vides, de naranjos y de bosques rodean el hotel Ventonzelo, inaugurado recientemente en una de las más grandes y antiguas fincas de la región, completamente renovada para alojar no sólo habitaciones sino también restaurante, vinoteca, tienda de bebidas y comestibles (productos locales, incluidos los vinos de la finca, aceite de oliva y miel) y un centro de reunión para visitantes. La finca Ventonzelo, cuyo edifico original es del siglo XVI, fue comprada hace pocos años por Gran Cruz, el mayor exportador de vino de Oporto del mundo, no solo con la intención de invertir en la producción de vino sino también como un proyecto de hostelería. Un hotel que mostrara el paisaje, la historia y la gastronomía de esta parte del Duero.

Ahora, Ventonzelo celebra sus cualidades culturales y su patrimonio agrícola dando nueva vida a edificios centenarios que han sido meticulosamente restaurados por el arquitecto Carlos Santelmo (Santelmo & Pereira), sin alterar el paisaje. El diálogo entre mampostería expuesta y paredes encaladas, entre tejas rojas y puertas y ventanas pintadas en colores vivos crean una escenografía rural pintoresca, evocadora de la historia de la finca y de las tradiciones vernáculas. La simplicidad contemporánea de los edificios añadidos se adecuan armoniosamente, a pesar del uso (intencional) de materiales distintos. Esta cualidad de ligereza en la renovación se aprecia también en el interiorismo, proyectado por Cristina Caiano y NBY Concept & Project. El diseño de los interiores conjura el antiguo encanto rural con la sofisticación contemporánea. Las características de las veintinueve habitaciones difieren según en cuál de los siete edificios estén situadas y hacia qué punto del paisaje miren. Con viñedos, bodega y huertos propios, el restaurante del hotel Ventonzelo es una fiesta de comida regional elaborada con productos frescos. La sofisticación del diseño no atenúa, sino al revés, la sensación vivir unos días en una verdadera casa de campo. Con desayunos fuertes de campesino y vinos en verdad sublimes.

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