Los edificios del futuro tienen sentimientos (así lo pronostica la neuroarquitectura)

La funcionalidad y la estética ya no bastan para construir espacios que nos favorezcan. El estilo de vida del futuro apelará a nuestras emociones con un concepto holístico del diseño.

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Los espacios del mañana

El diseño de espacios del mañana se planteará como un todo que tendrá en cuenta tanto las cuestiones cognitivas y emocionales como la eficiencia energética y el placer estético. La neuroarquitectura, el papel fundamental del descanso, la dimensión ecológica de la alimentación y las últimas propuestas relacionadas con el wellness son nuevas formas de aproximarse a esta forma holística de entender la salud y su conexión con el entorno, el natural y el construido. Es una tendencia que por lo demás conecta lógicamente con la creciente sensibilidad medioambiental. Porque solo desde la conciencia de nuestro propio bienestar personal podremos trabajar por el futuro de nuestro planeta.

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Lugares relajantes, pensamientos bonitos

Los espacios visualmente abiertos a la luz natural producen mayor activación de las ondas alfa en nuestro cerebro, relacionadas con las situaciones de relajación, lucidez y ausencia de pensamientos complejos. La sobreestimulación en entornos recargados produce un aumento de la frecuencia cardíaca y por consiguiente ansiedad. Las zonas de intercambio social repercuten en el incremento de la dopamina, neurotransmisor que regula el sueño, la atención y la actividad motora. El contacto con la naturaleza se relaciona con una mejora de la memoria de trabajo y una reducción de la falta de atención.

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Cuestiones cognitivas y emocionales

El ladrillo, el hormigón, la madera o el cristal ya no serán los únicos elementos con los que se construirán las casas del futuro. A medida que la ciencia ha profundizado en el conocimiento de cómo responde nuestra mente frente al entorno y los estímulos externos, hemos descubierto un material que no por inasible resulta menos importante para crear espacios: las emociones. Juan Luis Higuera, arquitecto e investigador de neuroarquitectura del instituto i3B de la Universitat Politècnica de Valencia, dice que la experiencia arquitectónica no solo es visual, y que mejorar las atmósferas auditivas y olfativas es una estrategia para activar respuestas positivas en el cerebro. 

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Variables de diseño

¿Cómo se traslada el conocimiento adquirido sobre la respuesta emocional al diseño de espacios? Según Antonio Ruiz, experto en neurociencia aplicada en el estudio ARK Arquitectos, existen de manera genérica algunos criterios estandarizados que luego habría que concretar en cada caso. Según Ruiz, "esta disciplina ayuda a los arquitectos a ser más conscientes de la implicación que sus proyectos tienen en el bienestar del ser humano, conocer cómo funcionan los procesos mentales de percepción de las experiencias y aportar una respuesta científica y objetiva a la integración de la razón y la emoción en los procesos de diseño y creación". 

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Herramienta de apoyo

Los expertos consultados coinciden en señalar que la neuroarquitectura no pretende enmendar la plana a la práctica de la arquitectura actual ni desplazar otras aproximaciones, como la propia intuición del arquitecto. “Otro debate es si hemos convertido nuestros espacios en productos económico-cosméticos que han olvidado nuestras necesidades y nuestros códigos más primitivos”, puntualiza Juan Luis Higuera.

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Si dormir es un placer, ¿por qué no le damos importancia?

Según Jesús Vélaz, experto en sueño de la firma de colchones Sentixx, el buen dormir consta de dos aspectos básicos: un buen hábito y un buen soporte, lo que los expertos llaman “una firmeza amable”. Un colchón fresco, que no dé calor, y tejidos que disipen la humedad: lino, algodón, yute... Que nos preparen para el sueño. Al atardecer, el cuerpo empieza a segregar melatonina, una sustancia que nos dice que ha llegado la hora de retirarse al dormitorio. Es el momento de bajar las revoluciones, de desconectar de los aparatos tecnológicos y hacer caso a nuestra intuición. A esas horas, el cuerpo hace un esfuerzo muy grande para relajarse. “Lo ideal sería ir a dar un paseo o tomar una cena ligera –dice Vélaz–. Y lo más importante: intentar que nuestro dormitorio sea un santuario”. Con un colchón que permita la libertad de movimientos y una almohada perfumada con nuestra fragancia favorita.

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La ciencia del sueño

Nuestros ancestros lo tenían claro: se recogían con la puesta de sol y se levantaban con los primeros rayos de luz. Estudios recientes dicen que había la costumbre de realizar dos grandes sueños a lo largo de la noche, separados por una vigilia nocturna de unas dos horas, que se aprovechaba para meditar, reflexionar, escribir... La cultura del sueño ha experimentado cambios a lo largo del tiempo, y no es igual para todo el mundo. Mientras hay quien necesita ocho horas para poder sentirse descansado, hay quien, con seis o siete horas tiene suficiente para sentir la misma sensación. Pero lo que no ha cambiado, lo que permanece constante, son los beneficios que aporta el sueño al cuerpo y al alma.

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Somos lo que digerimos

Mientras dormimos, nuestro sistema central se relaja y se pone en marcha el proceso metabólico. Pero si cenamos demasiado, nuestro estómago sigue trabajando y somos incapaces de descansar. “Hay que construir unos sólidos hábitos de la fase presueño”, señala Vélaz. “Un paseo por el bosque o una cena ligera nos aseguran una entrada al sueño relajada y feliz”. Pequeñas rutinas que pueden conseguir que durmamos mejor y que disfrutemos del día con nuestras facultades a plena capacidad.

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Alimentación consciente

La cocina es el nuevo centro neurálgico de la casa. El lugar donde se come, se charla, se brinda... Por eso, más que en ningún otro momento de la historia, reclamamos cocinas bien diseñadas, con materiales que nos resulten cercanos, vinculados a la sensación de confort y de bienestar. Cocinas donde se preparen platos con ingredientes de kilómetro 0, que no solo nos sacien, sino que nos alimenten y nos nutran. La salud de mañana depende de lo que cocinemos hoy en estos espacios rebosantes de vida.

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