El cambio climático está provocando que, en un país como el nuestro, las lluvias se concentren de forma torrencial en determinadas épocas del año, mientras que durante temporadas prolongadas vivamos en sequía. El consumo doméstico de agua supone alrededor del 15% del total de necesidades hídricas de la sociedad; puede parecer una cantidad muy pequeña comparativamente, pero los condicionantes de disponibilidad, calidad y seguridad hacen que su obtención como recurso sea una tarea enormemente compleja. Desde una óptica de sostenibilidad, la desalinización no puede ser considerada una opción a gran escala por su elevado consumo de energía y de generación de residuos, pero tenemos un plan alternativo: captar el agua de lluvia en el mismo lugar donde se necesita, en las ciudades y zonas periurbanas. Según estudios que se han venido desarrollando desde hace quince años en las principales universidades, la cantidad de agua que llueve sobre nuestro territorio a lo largo del año podría ser suficiente para no tener escasez del preciado líquido elemento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la cantidad adecuada de agua para consumo humano (beber, cocinar, higiene personal, limpieza del hogar) es de 50 litros por habitante y día. Sin embargo, la realidad es que mientras que en países como España consumimos alrededor de 150 litros, existen más de 700 millones de personas en el mundo que directamente no tienen acceso al agua potable. Auara, una empresa española de distribución de agua mineral, pero con un fin social ya que reinvierte todos sus beneficios en hacer llegar agua a las zonas menos favorecidas del planeta, trabaja en la instalación de canalizaciones y tanques de almacenamiento de agua de lluvia como solución. Entre sus proyectos está el abastecimiento, mediante captación de agua de lluvia, del área del Sudeste Asiático y el África subsahariana. Según sus cálculos, con menos de la mitad del gasto global en la campaña del black friday sería posible financiar que toda la población de África pudiera acceder al derecho primario de tener agua.

Los proyectos sociales de la firma española Auara han conseguido que más de 85.000 personas de países en desarrollo tengan acceso al agua potable y el saneamiento. Su actividad tiene también un impacto ambiental positiva ya que sus botellas se fabrican con plástico reciclado. 

Auara

La lluvia, un inmenso potencial por explotar

La Universidad Autónoma de Barcelona ha sido la pionera y Sostenipra, el grupo líder en la investigación del potencial de captación de aguas pluviales en nuestro país. Según sus estudios, el 80% de las cubiertas de edificios estaría preparado para el aprovechamiento del agua a partir de la instalación de sencillos sistemas de almacenamiento. De esta manera, y según sus cálculos, sería posible ahorrar un 44% del consumo de agua de red. A la vez, la mejora en el diseño de filtros de agua económicos incorporados a los propios sistemas de captación de lluvia permite ampliar el abanico de necesidades que pueden cubrirse. El autoabastecimiento es una realidad hacia la que avanzamos tanto por sostenibilidad como por economía, pero es un camino en el que es imprescindible la implicación de la administración pública y las empresas privadas junto con los centros de investigación.

¿Sabías que los aeropuertos podrían ser los nuevos pantanos sostenibles?

Parece una idea extraña, pero las enormes explanadas de estas infraestructuras son los más eficientes desagües de agua construidos. Por cuestiones de seguridad, las pistas deben estar siempre secas por lo que sus enormes espacios están diseñados para captar agua y expulsarla. ¿Sabes que si todos los aeropuertos de nuestro país se emplearan como recolectores de agua se podría satisfacer más del 10% del total de necesidades hídricas? Estas cifras supondrían un alivio incuestionable a los escenarios de sequía repetidos los últimos años y cada vez más frecuentes por el cambio climático. Aún más: si se captaran las neblinas alrededor de las pistas de aterrizaje se podría suministrar agua potable de máxima calidad en un porcentaje que todavía no se ha calculado, pero que por estimaciones en otras áreas podría oscilar entre el 10 y el 20%.

Hay usos domésticos para los que no es necesario la misma agua que bebemos; por ejemplo, para la descarga de la cisterna del váter. El concepto W+W de Roca suma ahorro de agua y optimización del espacio. Su innovador sistema filtra el agua del lavabo para reutilizarla en el inodoro. 

Roca

Nuevo concepto: Ciudades-cisterna

Las ciudades son entornos impermeabilizados en los que el agua no se absorbe de manera natural para recargar los acuíferos. Calles, cubiertas de edificios, plazas y estacionamientos son enormes superficies generalmente planas diseñadas para que el agua de la lluvia escurra hasta las alcantarillas que mezclan el agua limpia con las residuales. Realmente, un desperdicio. Los sistemas de captación de pluviales para consumo recolectan el agua y la canalizan de manera segura hasta depósitos de gran capacidad que suelen estar soterrados. Estos tanques, que pueden alcanzar los 10.000 litros de agua, son utilizados como reservas para los edificios que bombean el agua según las necesidades. A priori, sin ser excesivamente peligrosa, el agua de lluvia no se considera potable si no se somete a un proceso de filtrado, pero sí que es viable su utilización para otras necesidades del hogar, como el baño o la limpieza, que alcanza la mitad de las necesidades hídricas domésticas. Por otro lado, las mejoras en el diseño urbano derivadas de la gestión inteligente del agua permiten minimizar los daños y las inundaciones provocados por las tormentas, cada vez más habituales. El objetivo es generar algo similar a un acuífero artificial en el que el agua se almacena bajo tierra, es filtrada y está preparada para su consumo cuando sea necesario de la manera más ecológica, barata y cercana.

Un poco de historia sobre la captación de aguas pluviales

La captación de aguas pluviales comienza con el mismo inicio del sedentarismo. Desde la época neolítica se tiene constancia del diseño de almacenes excavados en la roca para almacenar el agua de lluvia. Los propios tejados se diseñaron con una pendiente para permitir evacuar el agua y poder recogerla en balsas. Los aljibes son el antecedente más claro que tenemos en nuestro entorno como solución arquitectónica para almacenar agua de lluvia y acercarla al lugar de consumo. En el diseño moderno tenemos un precedente muy interesante para la captación de aguas de lluvia: los sistemas en forma de paraguas invertido diseñados por Alvar Aalto en los años treinta y recuperados por Norman Foster en las gasolineras de Repsol en la década de 2000 permiten recoger agua de lluvia no solo en las cubiertas, sino en cualquier espacio libre. Al estar elevados del suelo permiten otras funciones e, incluso, en según qué zonas presentan una útil función de sombreo. Revisando la historia vemos también cómo hace cientos de años se desarrolló un sistema de filtrado de agua a base de una sucesión de capas de grava, carbón y arena que elimina patógenos y otras impurezas para lograr agua potable de total calidad. De una manera similar a como se filtra de manera natural en los humedales o como lo hacen los filtros artificiales que se utilizan tanto en jarras de uso doméstico como en grandes depuradoras industriales.

El baño y la limpieza son dos necesidades domésticas que podrían cubrirse con agua de lluvia sin necesidad de filtrarla para beberla. Ducha Rainfinity, de Hansgrohe.

Hansgrohe

El agua en cifras

  • 142 litros de media consume una persona cada día.
  • 44% de las necesidades hídricas se podrían cubrir por captación directa de lluvia.
  • 80% de las cubiertas de edificios podrían captar agua de lluvia, según un estudio de la Universidad de Barcelona.