Jaum Roig (Mallorca, 1981) trabaja y vive en una antigua vaquería en el sur de su isla, muy cerca del mar y de las canteras de marés de las que saca, si no toda, una buena parte de su inspiración. "Esa piedra desgastada tiene mucho que ver con mis piezas", cuenta. Roig empezó a trabajar desde niño en el taller de su madre, también ceramista, aunque él siempre quiso ser escultor. "Como en casa no había dinero para pagarme los estudios, durante diez años, de los 18 a los 28, probé otras cosas, di muchos tumbos, porque necesitaba apartarme del mundo en el que había crecido, que me saturaba", sigue.

Fue durante un fin de semana en casa de una amiga cuando se atrevió a experimentar con el barro y encontró su camino hacia la escultura y la pintura a partir, paradójicamente, de la cerámica de su infancia. "Es difícil respetarte a ti mismo y dejar de guiarte por lo que piensas que a la gente le va a gustar. Ahora trabajo con el gres, pero desde un enfoque expresivo y no utilitario", explica.

 

Algunas de las piezas que se expondrán en The Oxford Collection (Oxford) desde el 18 de julio

Reducción a lo esencial

Sus objetos rugosos, de colores neutros, se acercan más al arte que a la artesanía, sin perder de vista el oficio que aprendió de niño. "En el taller están todas las respuestas", confirma Roig, que modela a mano cada una de sus piezas a través de dos técnicas: el urdido (superposición de tiras) para los objetos de mayor tamaño y el torno para los jarrones o pequeñas figuras. "Utilizo la alta temperatura y la chamota (una especie de argamasa) para rematar acabados arenosos, porosos. Creo que son los que mejor reflejan el impacto de la luz en la superficie y la textura de los objetos".

Los colores de Roig son siempre silenciosos y contenidos, del hueso al negro o el marrón, quizá por esa necesidad suya de reducirlo todo a su expresión más esencial y mínima. "Es verdad que tengo un problema con el color. Un rojo muy intenso para mí es solo una mancha. En cambio, cuando no utilizas tonos fuertes se aprecian mejor los volúmenes. Quizá si vives en Estocolmo sea más necesario el color para sobrellevar el clima, pero en esta isla sucede lo opuesto. Me gusta pensar que mis esculturas se parecen más a las casas humildes de los payeses de aquí, que también están pintadas de blanco, con suelos de cemento, tan monocromas y vacías como este taller".

 

Roig extendiendo una tira de barro en su taller

Testimonio del pasado

Y es que en esta antigua vaquería a la que Jaume se mudó hace poco más de un año y que comparte con su pareja, la artista textil Adriana Meunié, los muros de piedra, los techos de bóveda y las puertas respetan la historia. "No quería borrar su pasado ni pervertirlo, sino solo adaptarlo. Ahí siguen las aberturas triangulares en las que hasta los años ochenta las vacas metían la cabeza para comer", comenta.

No es extraño, pues, que la naturaleza, las canteras y el mar se dejen ver en sus pinturas y esculturas, aunque sea de forma inconsciente, a través de piezas orgánicas que huyen de la funcionalidad de la cerámica tradicional. "Hace poco leí que la primera pieza de barro que se conoce, en la República Checa, no es un plato ni una taza, sino una Venus. No voy por el mal camino", reivindica.

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Neus Pastor

En uno de los huecos por donde abrevaban las vacas antiguamente, varias de sus piezas de cerámica

Neus Pastor

La fachada de su nuevo taller, apenas reformada. “No quería borrar ni pervertir las huellas del pasado”, explica el ceramista mallorquín

Neus Pastor

Vasijas diseñadas para Les Ateliers Courbet (Nueva York), una galería de artesanía donde el artista ha expuesto durante 2022, hechas con la técnica japonesa lraku

Neus Pastor

Jaume modelando una de sus vasijas de gran tamaño

Neus Pastor

En el salón de su casa, también en la antigua vaquería, una de sus pinturas en relieve junto a esculturas de la serie Belly Bottle