Sandra Tarruella nos abre las puertas de su preciosa (y ecológica) casa de campo

Paredes encaladas, techos de caña, mobiliario de roble y profusión de tejidos vegetales definen esta reforma con alma de la interiorista.

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Mesa de madera, de Última Parada, donde se han comprado también los jarrones. Sillas de fibras naturales, de India & Pacific. Lámparas suspendidas compradas en Natura Casa. Vajilla de los artesanos de la Bisbal y de la Cartuja de Sevilla. Alfombra, de Francisco Cumellas.

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El estar se abre a doble altura y es uno de los aciertos de la conversión de este antiguo establo en una casa familiar. Pegado a la escalera que conduce al dormitorio, un sofá que se ha tapizado con telas de Güell-Lamadrid, mientras que los cojines de rayas se han confeccionado con telas artesanales procedentes de Chile.

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En el porche pavimentado y ubicado bajo una pérgola metálica que en verano se cubre para proporcionar sombra, las sillas de mimbre se combinan con un banco y un sillón de madera tratada para el exterior, adquiridos en Culdesac.

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El techo se ha revestido con cañas entrelazadas en diagonal, de Pont de Querós, empresa especializada en fibras vegetales y en técnicas artesanales. Las tres mesas de centro metálicas proceden de la tienda de antigüedades y diseño Culdesac.

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Sofá adquirido en la tienda En Linea Barcelona. La butaca es la Butterfly, diseño de Bonet, Kurchan y Ferrari-Hardoy, en Corium Casa, donde también se compraron los pufs de piel. Los cuadros son de la artista Carla Tarruella. Junto al sofá, la lámpara TMM, de Miguel Milá para Santa & Cole.

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En el comedor, contiguo a la cocina, con una mesa de roble claro y sillas y pantallas de mimbre, encontramos un mueble alargado, de madera y obra, que va de pared a pared, en el lugar exacto donde se encontraba originalmente el abrevadero para los animales. Alfombra, de Francisco Cumellas.

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Las estanterías construidas de obra y encaladas de blanco son el perfecto aparador para disponer las piezas de cerámica de la Bisbal y de la Cartuja de Sevilla, herencia de la abuela de Sandra Tarruella. Jarrones de cerámica, en Última Parada.

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La cocina rebosa rusticidad gracias a los suelos de cemento pulido, el mobiliario de obra, el revestimiento de baldosas de cerámica manual, los cestos y la alfombra de fibras vegetales, y los techos con vigas y ladrillos encalados de color arena.

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En la zona de estudio, una silla de la colección Mim, diseño de Tarruella Trenchs Studio para la firma Vergés, y un taburete, de Let’s Pause, en La Maison. Junto a la cama, la lámpara Cestita, diseño de Miguel Milá para Santa & Cole, y una alfombra comprada en Turkestán.

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La atmósfera rústica se mantiene en el baño, donde se ha optado por un lavabo exento. La escalera-toallero y el cesto, en Culdesac.

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En este dormitorio, que se abre al jardín, la cama es de Ikea y la butaca de mimbre, de India & Pacific. La fotografía es de Emilio Lecuona.

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En otro de los baños se mantiene el mismo esquema de materiales y decoración, con el suelo de cemento, las paredes en color arena y el taburete y la cesta de fibra vegetal. Escalera-toallero de madera comprada en Culdesac, al igual que el espejo de cuerpo entero.

Senderos entre colinas verdes, una iglesia gótica dominante sobre el casco antiguo de piedra, huertos y establos componían el paisaje campesino, que en parte aún perdura, de esta parte de la comarca del Bajo Ampurdán, en la provincia de Gerona, que en su día recorrió y describió maravillosamente el gran escritor Josep Pla, nacido en Palafrugell.

La casa que Sandra Tarruella –cofundadora del estudio Tarruella Trenchs junto a Ricard Trenchs– ha reformado en el municipio de Rupià para su uso como segunda residencia conserva ciertas huellas de la construcción original, una vivienda simple que había sido un establo. Ahora, gracias a soluciones como el rebajado de los muros y la apertura de una doble altura en el espacio destinado al salón, la holgada habitabilidad de sus interiores se muestra nueva y refrescante, adaptada a las necesidades y códigos formales de una vivienda actual.

Las superficies (paredes, techos) han sido encaladas (blancos y en color arena) o revestidas con caña de Pont de Querós, empresa especializada en fibras vegetales y en técnicas artesanales. Esa techumbre de cañas entrelazadas en diagonal crea una atmósfera campestre en la zona de doble altura, un aire rústico que (en el dormitorio situado en el nivel superior) acentúan el parquet de roble con sus nudos naturales y el tablero recuperado que sirve de cabecero.

Atmósfera con reminiscencias rurales que se extiende por toda la casa, a través de la profusión de tejidos naturales, entre otros recursos. En el comedor (contiguo a la cocina), con una mesa de roble claro y sillas y pantallas de mimbre, encontramos un mueble alargado, que va de pared a pared, en el lugar exacto donde se encontraba originalmente el abrevadero para los animales.

El tratamiento del techo, con vigas y ladrillos encalados en color arena, al igual que las paredes, completa la serie de rasgos rústicos y las grandes aberturas con vistas al jardín.

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