Predicar en el desierto

El estudio Barclay & Crousse construye una villa que se funde con el árido paisaje del desierto peruano

Sofía Soláns / Fotos: Cristóbal Palma

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Casa C3 en Lima, de Barclay & Crousse.

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Se utilizó piedra local y cemento en tonos roijzos para la construcción.

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La vivienda es una extrusión del propio terreno.

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El edifico se desarrolla siguiendo la pendiente del acantilado.

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La brisa marina recorre todo el interior.

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Las vistas al océano Pacífico se enfatizan desde todos los volúmenes.

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El hormigón se mezcló usando cemento puzolánico local para darle un tono rojizo.

Hace quince años, la Casa Equis de Barclay & Crousse sorprendió al mundo de la arquitectura por su sensibilidad para entender y fundirse con el entorno. El proyecto parecía tallado en el propio acantilado en el que se situaba. Durante estos años el estudio ha mantenido esta coherencia compositiva, trabajando a diferentes escalas y reivindicando los materiales y técnicas locales. Sus construcciones no se imponen, sino que establecen una relación de simbiosis con su hábitat.

El nuevo proyecto de la firma de Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, la Casa C3, se sitúa en un acantilado al norte de la ciudad de Lima. Siguiendo la línea argumental del estudio, se utilizó piedra local y cemento en tonos rojizos para que el aspecto de la vivienda coincidiera con el tono del desierto. El entorno y el clima del lugar condicionaron en gran medida la construcción. Las condiciones atmosféricas de esta zona, a las afueras de Lima, son extremadamente húmedas, pero sin apenas precipitación. El suelo presenta un tono marrón rojizo con arena y grandes rocas, que desciende abruptamente hasta el océano Pacifico. Los arquitectos se adaptaron a estas condiciones, consiguiendo integrar la vivienda en el lugar. La construcción es una extrusión del mismo terreno.

La distribución de las estancias se reparte en cuatro volúmenes, cada uno con una función determinada, que se conectan a través de caminos de piedra intercalados en el paisaje. La primera estructura, en la cima de la colina, alberga un garaje y la entrada principal desde la calle, el edificio se va desarrollando siguiendo la pendiente del acantilado. Mediante unas escaleras se asciende a la zona de estar principal.

El salón y el comedor se abren por completo al horizonte gracias a unos grandes paneles de vidrio móviles que permiten a la brisa marina recorrer todo el interior. Las habitaciones se ubican en otra estructura descendiendo en la pendiente y cuentan con terrazas que aparecen como extensiones del terreno.

El pabellón más bajo en la pendiente contiene el dormitorio principal y un patio sombreado con un dosel de madera alistonada. El patio se conecta con una terraza que tiene una piscina cubierta que continua con el paisaje y se funde con la perspectiva del océano.

Los métodos constructivos sencillos con los que se proyecto la vivienda, adaptados a las técnicas locales, permitieron que la obra se ejecutara por constructores del lugar sin un nivel alto de especialización. La estructura se elaboró vertiendo hormigón en encofrados de madera reciclada, mientras que los albañiles locales tallaron la piedra que reviste el exterior de las fachadas. El hormigón se mezcló usando cemento puzolánico local para darle un tono que se mezcla con las rocas y el suelo circundantes.

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