En el año 2002, los arquitectos Pep Ripoll y Juan Miguel Tizón decidieron establecerse con su equipo. Dos décadas después, cuentan con dos oficinas, una en Castelló y otra en Palma de Mallorca y numerosos premios conseguidos con el trabajo de su estudio. Esta pareja creativa firma la reforma de esta vivienda, ubicada un edificio de principios del siglo XX en la ciudad de Palma. Antes de que el proyecto llegara a sus manos, la casa había sufrido una serie de intervenciones previas "en las que se habrían ido modificando con poca fortuna las distribuciones, dando lugar a estancias incluso no habitables, y soluciones que fueron cubriendo y ocultando algunos elementos originales", apuntan los arquitectos de Ripoll-Tizon que tras la reforma han desnudado el espacio para dejar que lo bañe la luz.

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Para reformar la vivienda que tiene una superficie de 180 metros cuadrados, los arquitectos empezaron eliminando los elementos añadidos "con la voluntad de recuperar una situación cercana a la inicial a partir de la que resolver los deseos de nuestros clientes", explican. Con el resultado en bruto, sin tabiques ni falsos techos, desnudaron el espacio, que quedó definido por muros de carga de marés, forjados con vigas de madera y la luz que entraba por los huecos existentes en fachada y cubierta.

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La zona central de la vivienda está destinada a la cocina y la zona de comedor, que se ubica bajo el lucernario. Para el suelo se ha apostado una armoniosa combinación de piedras bicolores.

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El comedor se encuentra contiguo a la zona de estar, con acceso directo a la terraza.

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Como materiales del proyecto, los arquitectos se centraron en la madera de iroko para los muebles e intervenciones ligeras, y apostaron por la piedra natural en los pavimentos, así como en lo revestimientos de toda la vivienda.

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La mayoría de los materiales utilizados en la construcción quedan a la vista y sin revestir, buscando de algún modo poner en valor la sinceridad estructural y constructiva, y que ello forme parte de la imagen final de la vivienda.

 

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Un sereno color blanco tiñe el dormitorio en el que la única nota de color la aporta la madera de iroko que conforma el cabecero de la cama.