Una casa en Girona tan discreta que parece que forma parte del paisaje

Esta casa se alza discreta intentando no imponerse al impresionante paisaje del Cap de Creus. Marià Castelló ha enterrado una de sus plantas y ejecutado el resto con hormigón gris. Un premeditado perfil bajo.

 Las cubiertas terminadas con grava de pórfido diluyen los límites entre paisaje y arquitectura.

Las cubiertas terminadas con grava de pórfido diluyen los límites entre paisaje y arquitectura.Foto: Marià Castelló

Isabel Margalejo
Isabel Margalejo

Periodista especializada en interiorismo y diseño

"Nos pidieron dos cosas: poder usarla en invierno de una manera parcial, ya que no siempre vienen todos, y disfrutar de los espacios exteriores protegidos de las inclemencias del tiempo", explican Marià Castelló y José Antonio Molina Saiz sobre esta casa en El Port de la Selva, Girona, sobre la playa de la Tamariu. El arquitecto ya había reformado un piso en Barcelona para esta familia con cuatro hijos ya crecidos, y en 2016 le encargaron con estas premisas su residencia de vacaciones. Castelló respondió a ambas con inteligencia y limpieza: planteó el programa en dos construcciones separadas que suman poco más de 300 metros; en la principal, las zonas comunes y un par de dormitorios; en la secundaria, dormitorios y baños extras.

Las unió con una pasarela acristalada que mira al sur y queda protegida de la Tramontana, el famoso viento mediterráneo. Son dos volúmenes de cemento gris que respetan las rocas existentes en un juego de brutalismo artificial y natural. "Gracias a la sensibilidad de los clientes pudimos edificar en la cota más baja de la parcela y no en la superior, y soterramos una de las dos plantas; de esta forma se camufla. Lo hicimos por dos motivos: por generosidad hacia el espectador y por una mayor privacidad en los espacios exteriores. Así, los patios y los intersticios entre las rocas que planteamos con uso quedan ocultos a la visión de las casas cercanas".

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Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

El edificio existente, en mal estado, se demolió, y en su lugar se han construido dos volúmenes de hormigón unidos en superficie por una pasarela acristalada en la parte trasera y a través del sótano. Los patios por debajo de la cota del terreno permiten disfrutar del exterior a salvo del viento y con mayor privacidad.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

Para compensar la presencia del hormigón en pavimentos y techos y añadir calidez al conjunto, Castelló eligió emplear madera de roble para materializar las carpinterías exteriores, algunos revestimientos y mobiliario realizado a medida, como la estantería o el sofá del salón. Junto a este, un clásico, la lámpara Parentesi de Achille Castigloni y Pio Manzù, editada por Flos.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

Cocina con mesa y armarios b2, de bulthaup, y mesita D12, diseño de Castelló para Diabla.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

El baño del dormitorio del sótano.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

El nexo acristalado que une ambos bloques.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

Las increíbles vistas del salón.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

La puerta del dormitorio lacada marca la transición.

Casa en Port de la Selva de Marià Castelló

En el lado sur, entre la roca excavada y la arquitectura se generan espacios intersticiales que permiten vivir el exterior de una forma más privada y protegida de la Tramuntana. A ellos se abren cocina, salas de baño y piscina. El hormigón es el material predominante en exterior e interior; su naturaleza pétrea establece un diálogo con el sustrato rocoso del lugar y es resiliente a su climatología específica.

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