Un edificio alucinante no apto para quienes sufren vértigo

En lo más alto de un acantilado y en plena naturaleza noruega, el estudio Rever & Drage ha proyectado este edificio desde el que contemplar la fauna, la vertiginosidad y la riqueza que brinda el río Lyang.

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Vista general del exterior en plena zona boscosa y la vivienda semioculta

El estudio Rever & Drage, con sede en Oslo, es el responsable de este centro de visitantes situado en la cima de un acantilado, en el pueblo de Kvås, al norte de Noruega.

Terreno con precipicio de roca sobre el que se asienta la vivienda, agua circulando con fuerza

Con una forma que hace referencia a la arquitectura vernácula de la región, el edificio está encajonado entre una carretera principal y una cascada, y está rodeado de un denso bosque de robles.

Amplio mirador en espacio diáfano al exterior de la vivienda

Uno de los enclaves más enigmáticos de la construcción es la zona central del interior del edificio, donde uno puede sentarse junto a la ventana, aparentemente en el borde de un dramático acantilado, que hace las veces de mirador

Vista frontal de la fachada con el interior iluminado, entorno natural y agua en cascada

Enclavado en un terreno escarpado con vistas al río Lynga, la estructura se asienta en un lugar bajo el paisaje noruego y se remata con un tejado inclinado y sin aleros.

Vista desde camino con zona boscosa rodeando la vivienda con cubierta y chimienas a la vista

Dada la baja posición de los edificios en relación a la carretera, el techo de la construcción actúa como una fachada hacia la carretera.

Vista del entorno con la parte de cubierta de la casa

Las unidades de ventilación en la cubierta contribuyen a generar un sutil efecto atípico, ya que son demasiado grandes para ser chimeneas o persianas.

Carretera con vista al entorno y a la cubierta de la casa

Con la carretera principal cerca, el edificio actúa como pantalla para poder disfrutar del paisaje sin necesidad de ser importunado por el ruido del tráfico.

Zona de paso hacia espacio diáfano, con suelo de hormigón pulido y ventanas apaisadas hacia exterior

El edificio se abre hacia el interior y es mucho más grande de lo que parece a primera vista desde el área de acceso.

Interior vivienda con columnas revestidas de madera y grandes aperturas en fachada

El tamaño aparentemente limitado de la construcción hace que esta parezca un edificio residencial, mientras que su tamaño real es mucho más cercano al de un edificio público.

Interior de la vivienda diáfano, con columnas de hormigón, suelo pulido y cerramiento acristalado hacia exterior

Algunas de las aberturas de luz se forman como paneles de vidrio que sustituyen las paredes, mientras que otras tienen marcos definidos y se conciben como perforaciones en la pared, de carácter más tradicional.

Asientos adaptados al extremo del interior de la casa para observar el salto de agua en medio de la naturaleza

El suelo se hunde inmediatamente delante de la ventana que asoma hacia el exterior para proporcionar un efecto de profundidad (más si cabe) del entorno desde de lugar habilitado para sentarse.

Paisaje natural con casacada y fachada con aperturas acristaladas

El edificio revestido de madera ha sido recubierto con una coloración tradicional a base de alquitrán, cuya fachada se abre con aperturas de gran tamaño en formato horizontal.

Grandes aperturas en fachada con cerramiento de cristal y vistas a bosque exterior

Las vistas hacia el denso bosque de robles dan un variado efecto de luz que se experimenta mejor cerca de las ventanas.

Vista desde las rocas de la fachada asomando a la piedra escarpada

Las múltiples ventanas del edificio ofrecen diferentes perspectivas del río a lo largo del borde del acantilado.

Estructura metálica con escaleras de caracol que descienden salvando el desnivel de la vivienda

La construcción es a la vez moderna y tradicional, y contiene desde espacios confortables para la contemplación de la naturaleza en el borde del acantilado, a infraestructuras más frías e inhóspitas como la escalera de caracol que conduce al nivel suterráneo.

Paso subterráneo al río con mirador de peces

Bajo la construcción se emplaza una piscina subterránea artificial, creada en 2014, donde el público puede ver el salmón salvaje que habita en el río.

Paso subterráneo por donde circula el auga

Parte de la experiencia del lugar radica en caminar por el sendero a lo largo del río por el que suben los salmones y llegar hasta la cascada, cruzar un viejo puente y pasear a través del bosque hasta el centro de visitantes.

Asomada en lo alto de un acantilado, una de las últimas creaciones del estudio de arquitectura Rever & Drage, con sede en Oslo, se sumerge en plena naturaleza para establecer un diálogo directo con el entorno. La construcción se emplaza sobre una vía subterránea a modo de escaleras de 220 metros y una piscina artificial construidos en 2014 para mostrar el curso del salmón salvaje por el río Liang a su paso por la cascada de Kvåsfossen, una de las mayores cascadas del sur de Noruega. Dado el interés público que suscitaba el lugar, la construcción se acondicionó como centro de visitantes, permitiendo el acceso bajo tierra a través de una estructura metálica a modo de escalera de caracol.

Próximo a la carretera principal, el edificio proyectado por el estudio capitaneado por Martin Bevertjord, Tom Auger y Eirik Lilledrage, actúa como pantalla, de modo que el paisaje natural puede disfrutarse ajeno al tráfico con una proyección de la construcción hacia dentro, mucho mayor de lo a priori aparente. El tejado inclinado sobre la planta rectangular es visible desde la carretera, con una estética propia de los años 70 y en línea con las formas arquitectónicas de la región, presenta dos unidades de ventilación que contribuyen a generar una apariencia atípica y claramente identificable desde la carretera a simple vista.

La construcción, si bien a primera vista parece un edificio residencial, una vez se accede muestra sus dimensiones propias de edificio público. Revestida exteriormente con listones de madera, presenta una tonalidad oscura dado su acabado impregnado con un betún similar al alquitrán. Una vez dentro, las múltiples aperturas de la fachada regalan escenas naturales del denso bosque de robles colindante y del río a lo largo del borde del acantilado. En el espacio más diáfano, se abre un frente acristalado donde poderse sentar junto al borde y deleitarse con las vertiginosas vistas hacia la garganta de 15 metros de profundidad que regala el paisaje.

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