La Frida Kahlo más íntima, por Lucienne Bloch

En la Galerie de l´instant, en París, se ha inaugurado una exposición de retratos de Frida Kahlo, fotografiada por Lucienne Bloch. Surrealismo y folklore mexicano subyacen en estos duros escenarios en blanco y negro

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Diego and Frida Caught Kissing, New Workers School, NYC, 1933

Diego and Frida Caught Kissing, New Workers School, NYC, 1933

Frida Under the Negroes Sign, Laredo, Texas, 1932

Frida Under the Negroes Sign, Laredo, Texas, 1932

Frida at the Border, Laredo, Texas, 1932

Frida at the Border, Laredo, Texas, 1932

Frida Biting her Necklace, New Workers School, NYC, 1933

Frida Biting her Necklace, New Workers School, NYC, 1933

Frida at the Barbizon Plaza Hotel, NYC, 1933

Frida at the Barbizon Plaza Hotel, NYC, 1933

Frida by the Cactus, Mexico, 1932

Frida by the Cactus, Mexico, 1932

La imagen de Frida Kahlo se ha convertido en popular: vemos pasar por las calles de grandes ciudades, lucidas sobre todo en verano por los turistas, estampadas en camisetas y en bolsas con el logotipo de tiendas de ropa y de regalos. Es el máximo triunfo, quizá, para una artista singular, influida por el simbolismo folklórico mexicano y, al mismo tiempo, por las corrientes de vanguardia que le llegaban de Europa, especialmente a través de los intelectuales huidos del nazismo y de la guerra, con quienes compartió, junto con su marido, el célebre pintor de murales Diego Rivera, profunda amistad y estimulantes charlas hasta la madrugada.

Pero la exposición abierta en la Galerie de l´instant, en París, nos muestra, a través de las fotografías de Lucienne Bloch (asistente Rivera), insólitos retratos cotidianos de aquella artista que se pintó a sí misma inmersa en una imaginería surrealista y cruda. Son retratos a la vez posados y espontáneos, captados en paseos por escenarios de pueblo, calles de tierra, galpones vacíos, fondos de ladrillo y oscuros vacíos, en contrastes de blanco y negro rotundos, duros como la expresión de Frida, o suaves como (en otros momentos) la expresión de Frida. Frida comiéndose un collar. Frida, sentada delante de su propio retrato, pintado por ella misma: nos mira con ironía.

No olvidemos, nos dice, que sobre su imagen ella pintó víboras, instrumentos de tortura y guirnaldas de flores. Surrealismo, sí, pero la mujer que nos mira desde estas fotos opinaba distinto: "Pensaron que yo era surrealista, pero no lo fui. Nunca pinté mis sueños, sólo pinté mi propia realidad". Transformaba en arte su visión mágica del mundo. También, el cuerpo de Diego Rivera: "Todo lo rodeaba el milagro vegetal del paisaje de tu cuerpo. Todas las frutas había en el jugo de tus labios, la sangre de la granada, la piña acrisolada". En la mirada que han captado las fotos de Lucienne Bloch (que fue asistente de Rivera) a veces se oculta y otras se exhibe el erotismo arcaico y pop de Frida Kahlo.

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