Cosas que podrías recuperar de tu habitación de adolescente (sin avergonzarte)

Hacemos un viaje al pasado para reproducir, pero esta vez con mucho estilo, los elementos más característicos de nuestros dormitorios de adolescencia. Sin ningún tipo de vergüenza, claro que no.

Adolescente

Adolescente

El paso de niño a adolescente convertía nuestra habitación en nuestro Sancta Sanctorum, el universo privado en el que aislarse del mundo (o de nuestros padres, al menos) rodeado de los elementos con los que nos identificábamos. Eran espacios absolutamente personales en los que expresar nuestros gustos particulares y en el que ensalzar a actores, cantantes o deportistas que admirábamos. Hemos decidido mirar atrás para rescatar la pasión que acompaña a todo adolescente que se precie de serlo y trasladar ese estado a nuestro yo actual. ¿Cómo lo haremos? Muy sencillo: rescatando objetos de esa etapa pero en clave contemporánea. Aquí nuestro particular viaje al pasado reinterpretado.

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sábanas estampadas

Sábanas estampadas

En los 80, si alguien se metía en la cama entre impolutas sábanas blancas era una rara avis. La adolescencia era estallido de color en el que rayas, rectángulos, círculos y triángulos campaban a sus anchas en los textiles. Ahora, queremos recuperar la sensación del estampado pero con la serenidad propia de la madurez y podemos hacerlo con los juegos de cama de Santa Living, huyen de convencionalismos estéticos pero sus estampados están diseñados y producidos con cuidado para que se duren mucho tiempo y envejezcan maravillosamente.

poster

El poster en la pared

Michael Jordan saltando con la cabeza a la altura del aro por encima de todos sus rivales; el cartel de películas como La ley de la calle, Grease o E.T; las páginas centrales de la revista Super Pop con la foto ampliada de Michael Jackson… A golpe de chincheta las paredes de nuestras habitaciones de adolescencia era un reflejo de nuestra personalidad, de nuestros gustos y aficiones. Queremos retomar esta idea y poder contemplar cada día lo que nos inspira. Pero pongamos los pósters siempre con marco, por favor.

Lámpara Fase

El flexo

Indispensable especialmente en época de exámenes, el flexo era ese compañero silencioso que daba luz a nuestras horas de estudio o lectura. Probablemente sobre el escritorio que usábamos de adolescentes reposaba un diseño anodino que ha pasado por nuestra vida sin pena ni gloria, así que ahora queremos alegrarnos la vista cada vez que lo encendamos. Para apelar a la nostalgia, nada como hacerse con una lámpara Fase, la que usaban los padres en sus mesas de despacho en los años 80. Dejaron de fabricarse en la década de los 90 y hoy son objetos de deseo de amantes de lo vintage.

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Un corcho

Los rectángulos de corcho reflejaban nuestro mundo. Allí se clavaban fotografías, entradas de conciertos, mensajes secretos que enviaban amigos, pulseras de festivales, tiras cómicas de Mafalda o Snoopy… Era una colección de recuerdos en la pared que podemos replicar con estilo. Y para ello, nada como recurrir a las piezas clásicas. En 1969 Dorothee Becker ideó Uten.Silo, un organizador mural que ayuda a mantener el orden. Lo fabrica Vitra y está equipado con clips, ganchos y recipientes de diversas formas y tamaños, para almacenar nuestros objetos cotidianos o nuestros recuerdos.

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El puff

Para muchos, este elemento era el refugio perfecto en el que recluirse dentro del cuarto. Servía para leer, escuchar música o dejar pasar las horas dejando que lamente fluyera. Puedes rescatar este elemento decorativo de tu pasado adolescente, pero olvídate de tapizados dénim o polipiel. Si quieres un puff en tu dormitorio, que tenga estilo y te de la funcionalidad que necesitas. Toof es un lujos diseño de Marrimor con doble propósito: puede servir para sentarse en él pero también funciona como mesa. Lo sabemos, acabamos de crearte una nueva necesidad.

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Equipo de música

De adolescente, nada como darle al play del aparato de música o del walkman y escuchar compulsivamente la música de nuestros grupos favoritos grabados en el casette. Cierto que el sonido no era bueno, no se podía elegir la canción que queríamos oír y a veces había que tirar de lápiz para poner la cinta en su lugar. Si la música no dejaba de sonar de adolescente, que no pare tampoco ahora, pero que lo haga con estilo. Así que alegremos los sentidos con diseños como el de Benjamin Hubert para Bang & Olufsen, que proponen que la música además de ser escuchada, reivindica ser vista.

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