Una casa de un Pritzker a la venta

La vivienda del proyecto Ochoquebradas en la costa de Chile firmada por Alejandro Aravena supera el millón de euros

Bruno Muguruza

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Ochoquebradas, por Alejandro Aravena.

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Ochoquebradas, por Alejandro Aravena.

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Ochoquebradas, por Alejandro Aravena.

Ochoalcubo es un proyecto insólito. Nacido en Chile, su nombre simboliza los 64 arquitectos de prestigio que deben crear ocho conjuntos de ocho casas, 64 en total. Se contemplan, por tanto, 8 "etapas", de las que se han concluido 5. La ambición de crear una arquitectura residencial contemporánea, ajena a falsos historicismos, marcó su inicio, así como contar como invitados a arquitectos japoneses, entre los que cabe destacar a Toyo Ito, Sou Fujimoto, Kengo Kuma, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa.

Entre los arquitectos chilenos no faltó a la convocatoria su único Pritzker, Alejandro Aravena, quien firmó sobre el Pacífico, en Ochoquebradas, una magnífica casa-escultura al borde de un acantilado. Ahora está en venta por algo más de un millón de euros. En un paisaje sacudido por el viento y las olas creó el entorno idóneo para volver al primitivismo en un lugar de retiro en el que se invita a los moradores a llevar una vida despojada y esencial. Por eso, no hay chimenea y le sustituye un espacio desnudo donde prender el fuego, mientras que las paredes de hormigón aspiran a envejecer como las piedras, adquiriendo una pátina natural con el paso del tiempo. Fuera, los tres volúmenes de este mismo material que componen el edificio se apilan para confundirlos con el entorno agreste, "que aquí no tiene nada de pacífico".

Distribuida en cuatro niveles, la vivienda estimula la paz de espíritu. El principal alberga salón, comedor, cocina, patio de luz con hoguera y la habitación principal. Todos estos espacios se pueden integrar gracias a los grandes ventanales y las paredes correderas. En los otros tres niveles encontramos otros tres dormitorios brindando la máxima privacidad y donde se da protagonismo a lo simple, lo puro y al paisaje. A esto último contribuyen, además de los ventanales, dos imponentes terrazas, una en el ultimo piso y otra suspendida sobre la quebrada. En el exterior también se quiso hacer lo máximo con lo mínimo: el cuidado proyecto de paisajismo respeta la topografía del terreno y solo integra flora autóctona.

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