El principal objetivo de la arquitectura a día de hoy es "necesitar menos"

Y esto es aplicable a cualquier demanda que conlleve un consumo de recursos. En la arquitectura, alcanzar ese objetivo implica aprovechar al máximo las características del lugar, lo que se debe abordar tanto desde el diseño y construcción de los edificios como de los hábitos de sus usuarios.

Cabaña Looking Glass en Hastings, Reino Unido, de Michael Kendrick Architects, con vidrios fotosensibles que minimizan el sobrecalentamiento

La arquitectura que consume menos es aquella que se ubica en entornos extremos. Analizar el diseño en hábitats como el desierto, la Antártida, el medio subacuático o incluso Marte permite aprender sobre estrategias constructivas exigentes que aprovechan de la forma más óptima los recursos locales en beneficio del uso del edificio y de sus ocupantes. Las enseñanzas extraídas de estas experiencias son un aprendizaje para los emplazamientos en los que trabajamos habitualmente, apostando por una arquitectura más consciente con el medio y de energía cero –o casi–.

 

En este apartamento de Arquitectura G se agregaron más ventanas en la fachada, se utilizaron materiales y acabados en color claro y elementos reticulares

 

Para diseñar bajo estos criterios hay que conocer los recursos disponibles de cada lugar. Estos no solo son los propios de la naturaleza –sol, viento, geotermia, agua o temperatura del aire–, sino también aquellos residuales de actividades próximas –calor, energía cinética o potencial, etc.–. La arquitectura energía cero es la que combina estos recursos con las demandas que requiere la actividad del edificio para alcanzar un consumo mínimo.

 

 

 

Una vez se conocen los recursos disponibles y las necesidades de la actividad que se vaya a desarrollar en un edificio, el objetivo es conectarlos a través del diseño arquitectónico. Parte importante de este proceso radica en tener en cuenta la demanda de la construcción y de sus usuarios y aumentar el rendimiento de los recursos utilizados, siendo el orden de estos dos factores fundamental para un diseño de energía cero.

 

Vivienda bioclimática en Vadodara, India, de Manoj Patel Design Studio

La demanda se puede minimizar con un replanteamiento de los hábitos de los usuarios que ocuparán el edificio –¿Admitirán estos incrementar el rango del indicador de confort térmico aceptable? ¿Podrán tolerar duchas más breves, o inodoros secos, si el agua es un recurso limitado o inexistente?–. También se puede reducir con la implantación de estrategias arquitectónicas pasivas que aprovechen al máximo las condiciones ambientales del entorno. Por ejemplo, si se requiere calefactar será conveniente que la arquitectura se oriente a favor del sol para aprovechar al máximo el asoleo del lugar.

 

Eficiencia y reutilización

El rendimiento de los recursos utilizados se puede maximizar bien con estrategias activas, que mejoran la eficiencia de los sistemas, bien con estrategias de reciclaje. Las primeras implican incorporar soluciones más eficientes, como por ejemplo el uso de alumbrado con detectores de presencia o la incorporación de aparatos que usan menos agua de lo habitual. Las segundas conllevan usar un mismo recurso más de una vez.

Sería el caso, por ejemplo, de reutilizar una misma agua para el lavabo, la cisterna del váter y el riego gracias a soluciones de almacenamiento, filtrado y depuración. Como conclusión, para diseñar bajo criterios de energía cero, el primer paso es reducir la demanda y seguidamente aumentar el rendimiento del recurso empleado. Esto definirá el consumo necesario que se suministrará de forma renovable y con recursos del lugar.

 

Cabaña modular en el lago Saimaa, Finlandia, de Ortraum Architects, construida con madera contralaminada (CLT)

Pensar desde el inicio

Un estudio reciente en Ghana ha demostrado la influencia de la arquitectura pasiva en el confort térmico de los hospitales. El clima de este país africano es tropical con condiciones ambientales de elevado calor y humedad, por lo que las soluciones que favorecen la ventilación natural y la protección solar son esenciales. Tras incorporar estrategias de diseño bioclimático se consigue que el porcentaje de tiempo en que la temperatura operativa del espacio interior supera los 30°C pase del 40% al 10%. Por otro lado, se observa una disminución de más del 90% de la cantidad de usuarios que manifiestan falta de confort térmico.

En la solución estándar, 5,5 personas de cada 10 considerarían que el ambiente interior es demasiado caluroso, mientras que en la solución diseñada bajo criterios bioclimáticos menos de una persona de cada diez de media se encuentra en situación de falta de confort. Esta comparativa demuestra la influencia que tienen las primeras fases de diseño del proyecto en la vida útil del edificio, reduciendo los costes operativos de los hospitales e incrementando el confort térmico de sus usuarios.

 

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