Las joyas del castillo de Sant Julià de Ramis

El estudio Fuses-Viader convierten una fortaleza militar del siglo XIX en un museo de joyería, hotel y dos restaurantes

Joan Manel Jubany

La Cúpula, el espacio para eventos de La Fortalesa.

La Cúpula, el espacio para eventos de La Fortalesa.

Poco podían imaginar los responsables de fortificar este castillo en Sant Julià de Ramis (a 5 minutos de Girona) que, con el devenir del siglo XXI, la artillería pesada sería sustituida por la sutil joyería de Elsa Peretti y la munición de guerra por el arsenal gastronómico de Jordi Cruz, el chef televisivo que se ha convertido, con la incorporación de su restaurante Atempo, en el gancho mediático del complejo museístisco y hotelero La Fortalesa. Con una superfície superior a los 11.000 metros cuadrados, una inversión de 14 millones de euros y tras siete años de obras, La Fortalesa supone la restauración del conjunto del castillo de Sant Julià de Ramis en un sutil juego de contrastes: rehabilitación y nueva construcción, vernacular y contemporáneo, arquitectura y naturaleza, arte y gastronomía, negocios y placer.

Una fortaleza del s. XIX en la Muntanya de Sants Metges.

Una fortaleza del s. XIX en la Muntanya de Sants Metges.

Los arquitectos Fuses-Viader firman un proyecto arquitectónico concebido para preservar el carácter histórico de la fortaleza militar –construida entre 1893 y 1912– y el entorno natural de la Muntanya dels Sants Metges –declarada Bien Cultural de Interés Nacional en 2012– con el añadido de nuevos volúmenes que se funden con los vetustos muros de piedra del castillo a base de hormigón visto, cristal y acero corten. El hormigón es el lenguaje que establece el diálogo entre todos los protagonistas del programa: castillo, museo, hotel, dos restaurantes, talleres para artistas y un espacio para eventos nacido para reinar en las redes sociales: La Cúpula.

La luz, gran protagonista de La Cúpula.

La luz, gran protagonista de La Cúpula.

La Cúpula es, probablemente, la incorporación más icónica de un esquema para el que Fuses-Viader han evitado edificar nada que rompiera con la majestuosidad de los restos patrimoniales. Se trata de un auditorio para celebraciones y eventos corporativos, construido como una majestuosa burbuja de aire de 7,5 metros de altura, envuelta de hormigón y enterrada en el suelo. Su forma oval y la apertura cenital remiten a un imaginario viaje al centro de la tierra. Las paredes, para cuya realización se utilizó una mezcla de hormigón, corcho y tierra, actúan como aislamiento acústico y adquieren su gran protagonismo por la manera en que la luz, natural y artifical, incide sobre su texturada superficie.

Piedra y acero corten dan entrada al D’Or Museum.

Piedra y acero corten dan entrada al D’Or Museum.

Los tuneles y galerías discurren por el interior de la montaña.

Los tuneles y galerías discurren por el interior de la montaña.

En las antiguas caballerizas del castillo se encuentra el inicio de la visita: el D’Or Museum que, con sus 6.000 metros cuadrados repartidos en tres plantas, se presenta como el primer centro de referencia español dedicado a la joyería y las piedras preciosas. Su impulsor, el empresario Ramon López Vergé, busca dignificar el trabajo de los artesanos orfebres y cuenta para ello con una colección en la que destaca el legado de la diseñadora Elsa Peretti. Un recorrido por sus piezas, expuestas en vitrinas dispuestas como un mood board de influencias, recuerdos personales y esbozos, nos recuerda porque Peretti, norteamericana de origen italiano y afincada en el vecino pueblo de Sant Martí Vell, sigue siendo la creadora más destacada del catálogo de Tiffany&Co., la histórica firma que no ha dejado de comercializar sus diseños.

La escultórica escalera que da acceso a las 3 plantas del museo.

La escultórica escalera que da acceso a las 3 plantas del museo.

Joyas, piedras preciosas y arte cohabitan en las antiguas caballerizas.

Joyas, piedras preciosas y arte cohabitan en las antiguas caballerizas.

Concebido como museo de joyería y centro de arte, D’Or Museum acoge también exposiciones temporales –Robert Llimós en la actualidad– y una permanente dedicada al escultor Josep Maria Subirachs. La apuesta por el arte contemporáneo no se queda aquí: listos para su disfrute se encuentran seis espacios ideados como talleres de artistas, dispuestos frente al perímetro exterior del muro de la fortaleza. El gerundense Quim Hereu ha sido el primero en instalarse. Su espacio homónimo destaca en todos sus aspectos. Se trata de un cubo de acero corten semienterrado que alberga en su interior un perfecto híbrido entre taller y galería. El visitante podrá contemplar dos de sus telas de espectacular formato –12x6m– y una tercera en la que Hereu trabajará ante sus ojos, privilegiados espectadores de un mundo pictórico donde confluyen Dalí, El Bosco y lo que el mismo artista denomina su “universo estrambótico”.

Sants Metges Hotel, el cinco estrellas que preside todo el conjunto.

Sants Metges Hotel, el cinco estrellas que preside todo el conjunto.

Atempo, un restaurante con vistas a los Pirineos y la Costa Brava.

Atempo, un restaurante con vistas a los Pirineos y la Costa Brava.

Finalmente, ubicado en lo que fue el almacén de explosivos de la antigua fortaleza, el Sants Metges Hotel se erige en la cota más elevada del conjunto. Con sus 15 habitaciones, zona wellness, piscina y helipuerto, se trata de un establecimiento de cinco estrellas concebido como un hotel boutique y en él encontramos el hallazgo definitivo del proyecto de Fuses-Viader: una ondulante cubierta que, construida en el momento del encofrado con una mezcla de tierra y hormigón, combina la rugosidad terrosa de su parte inferior con el frescor del césped plantado en su superficie superior. El mismo juego de contrastes sigue en la apuesta gastronómica del restaurante que alberga el hotel, el restaurante Atempo de Jordi Cruz y su fusión de vanguardia y cocina tradicional con acento local.

La sinuosa cubierta vegetal que da cobijo al Santa Metges Hotel.

La sinuosa cubierta vegetal que da cobijo al Santa Metges Hotel.

En un día despejado, las vistas desde La Fortalesa pueden llegar a los Pirineos y la Costa Brava. Los afortunados huéspedes de su hotel pueden, en un devenir de la historia ciertamente inesperado, disfrutar de un relajante hammam o de una sauna finlandesa en el mismo espacio ocupado antaño por las aspilleras del castillo. Allí donde los soldados ponían en práctica sus habilidades como tiradores, sólo queda luchar contra el estrés de la vida moderna. De la guerra al bienestar en poco más de 100 años.

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