Estas son las 5 demoliciones más polémicas de edificios de Madrid (con imágenes para el recuerdo)

Las demoliciones más controvertidas de Madrid siguen suscitando un debate sobre la conservación del patrimonio histórico frente a la renovación urbana. Estas nos dejaron sin algunos iconos arquitectónicos de la ciudad

La Pagoda de Miguel Fisac

La Pagoda de Miguel Fisac, una de las demoliciones más sangrantes de la historia de Madrid.

Fundación Miguel Fisac
Aleks Gallardo
Aleks Gallardo

Periodista especializado en interiorismo y diseño

La rica historia arquitectónica de Madrid ha sido testigo de la coexistencia y el choque entre lo antiguo y lo nuevo. Una coexistencia que ha dejado por el camino edificios históricos que marcaron el carácter de la ciudad a través de polémicas demoliciones.

A lo largo de los siglos, la capital española ha evolucionado desde sus raíces en la época de los Austrias y la expansión durante los Borbones hasta el modernismo y la arquitectura contemporánea. Esta evolución y este crisol de estilos ha generado un paisaje urbano único, pero no exento de controversias. Algunas de las decisiones de demolición de sus edificios más emblemáticos provocaron intensos y arduos debates, reflejando el constante dilema entre la preservación del legado arquitectónico y el avance hacia el futuro.

Estas cinco demoliciones son particularmente sangrantes y representativas de esta tensión.

 

La Pagoda, sede de los Laboratorios Jorba, Miguel Fisac

La Pagoda de Fisac

El edificio que albergaba la sede de los Laboratorios Jorba, diseñado por el arquitecto Miguel Fisac y construido en 1967, era un ejemplo único de la arquitectura orgánica en España. Su desaparición es una de las más dolorosas para arquitectos y profesionales.

Conocido por todos como la Pagoda, por sus originales formas que recordaban a las construcciones asiáticas, impactaba con un diseño extraordinario y sus novedosas vigas de hormigón que representaban la innovación y la experimentación de Fisac.

 

La estructura de cinco pisos se destacaba por su forma escalonada y asimétrica, una rareza en la arquitectura española de la época. Su demolición en 1999, dado que no estaba inscrito en ningún listado de protección, para dar paso a un bloque de oficinas, fue vista no solo como una pérdida arquitectónica sino también como un desprecio por la innovación arquitectónica de la posguerra.

 

El Mercado de Olavide

La bulliciosa plaza de Olavide tal y como la conocemos hoy, no tiene nada que ver con lo que fue antaño. Aunque muchos no cambiarían por nada del mundo esta nueva zona ajardinada, está bien conocer su historia. El Mercado de Olavide, construido a finales del siglo XIX, fue un centro vital para la comunidad local durante décadas. Su diseño y estructura reflejaban el estilo típico de los mercados municipales de la época, que ponía un especial énfasis en la funcionalidad y la accesibilidad.

La decisión de demolerlo en 1974 fue parte de una iniciativa más amplia para modernizar Madrid, pero muchos criticaron la pérdida del sentido de comunidad y la historia que el mercado representaba. Su desaparición fue criticada por borrar un elemento esencial del patrimonio social y arquitectónico del barrio. La plaza que lo reemplazó, aunque funcional, no pudo replicar el valor histórico del mercado original.

 

El Frontón de Recoletos

En el corazón de Madrid, donde una vez resonaron ecos de ovaciones y el choque rítmico de pelotas contra la pared, yacía el Frontón Recoletos, una sinfonía de cemento y mucha pasión. Construido en 1935, este templo deportivo fue el fruto de una colaboración histórica entre el ingeniero Eduardo Torroja y el arquitecto Secundino Zuazo, una pareja que consiguió un hito arquitectónico para la ciudad.

 

El Frontón, con sus líneas limpias y su audaz uso del espacio, no era solo un recinto deportivo; era un lienzo donde se pintaba la modernidad y que destacaba por su cubierta de hormigón, una hazaña técnica para la época, y su capacidad para albergar hasta 3.500 espectadores. El Frontón Recoletos fue desmantelado, pieza por pieza, en un acto de olvido urbano en 1973. Su demolición no fue solo la pérdida de un edificio, sino la despedida de un capítulo de la historia de Madrid, donde la innovación y la elegancia se entrelazaban bajo los focos de un juego ancestral. En la calle Villanueva, donde una vez se alzaba orgulloso, ahora hay un edificio de oficinas.

 

Casa Guzmán

El fatídico destino de la Casa Guzmán, diseñada por Alejandro de la Sota en 1972, es una historia de terror. Fueron unos estudiantes de arquitectura los que, dispuestos a elaborar un trabajo sobre el arquitecto, quisieron ver la casa de cerca y no pudieron encontrarla en la urbanización de Algete en la que se encontraba. ¿Por qué? Había sido derribada y suplantada por una casa de corte anodino y genérico. Una mala decisión de sus descendientes.

La Casa Guzmán en Algete era un brillante ejemplo de la moderna arquitectura residencial en España. Su diseño, que destacaba por la simplicidad funcional y la integración con el entorno, representaba una innovación en la vivienda unifamiliar. Un soplo de aire fresco para la época. La demolición en 2016 fue un golpe para la arquitectura, resaltando la fragilidad y la falta de reconocimiento del patrimonio arquitectónico del siglo XX. La casa era conocida por su singular fachada y su uso innovador del espacio, creando una vivienda que era a la vez íntima y abierta.

 

 

Las Torres Colón

En este caso no se trata de una demolición sino de una transformación del original. Situadas en el centro de Madrid, las Torres Colón, un par de estructuras hermanas, se mantienen firmes en el Paseo de la Castellana, a pesar de las controversias que las han rodeado a lo largo de sus casi 50 años. Este complejo, una creación del arquitecto Antonio Lamela en la década de 1970, causó sensación con su innovador método de construcción (empezando por el techo y construyendo hacia abajo).

Arquitectos y urbanistas criticaron duramente el plan de rehabilitación presentado en 2019. Carlos Lamela, hijo del difunto Antonio Lamela y líder del estudio que ha estado a cargo de las modificaciones del edificio hasta ese momento, expresó su desacuerdo enérgicamente tras la revelación de las imágenes del proyecto propuesto por Luis Vidal que ya están en una fase final. Este plan, del arquitecto que también diseñó la Terminal 2 del aeropuerto de Heathrow en Londres reemplaza la fachada ámbar de las torres, fusiona los dos edificios y añade cuatro pisos adicionales. Además, desaparecen su carácterítica corona verde, que le daba el nombre popular de El Enchufe, y que eran un icono de la ciudad.

 

 

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