5 sillas de plástico reciclado con las que cuidarás el planeta

Plástico reciclado y diseño parecían términos antagónicos hasta que las grandes marcas descubrieron el potencial de este material, especialmente en un objeto tan icónico como la silla.

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Love, Eugeni Quitllet, Vondom (2018)

Con el ibicenco Eugeni Quitllet a cargo del diseño, Vondom ha lanzado el proyecto Revolution para la incorporación de plásticos reciclados recogidos de las costas baleares. La colección Love, con versión también en plástico virgen, es una silla monobloc en la que el color es el reflejo de su origen reciclado. Los diferentes residuos plásticos han dado lugar a tonos diferenciados. El color Manta es oscuro, casi negro, y procede de redes recicladas, mientras que los tonos Milos y Cala, más claros, se sitúan en una horquilla que va del blanco roto al beige y provienen de residuos de las Islas. Así, uno de los hándicaps en el reciclaje de los plásticos, como es la dificultad cromática, la firma valenciana lo ha convertido en ventaja asignando un color propio según las posibilidades del material de base. El resto de los colores –como el navy de la imagen–, de momento solo están disponibles en plástico virgen.

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N02, Nendo, Fritz Hansen (2019)

Editora de algunas de las sillas más copiadas de todos los tiempos, como son la Ant y la 7TM, la firma Fritz Hansen ha lanzado junto al estudio japonés Nendo su primera silla de plástico reciclado. Desde la marca especifican cómo para considerar verdaderamente circular y más sostenible el producto, además de reciclado debe ser reciclable, y esta silla realmente lo es. Para evitar un incremento del impacto ambiental derivado del transporte, los residuos son recogidos y procesados en el centro de Europa, evitando las grandes distancias y las emisiones de CO2 que ello conlleva. Otra demostración de la madurez alcanzada por la industria del reciclaje y de la pérdida de prejuicios por parte de las grandes marcas con los plásticos reciclados.

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Duna 02 Eco, Lievore Altherr Molina, Arper (2020)

Duna es un diseño del año 2000 que ha sabido rematerializarse según las necesidades de cada momento. Comenzó en polietileno con una geometría gruesa, pasando más tarde al polipropileno, estilizándose y reduciendo los espesores, hasta llegar al año 2020, en que Arper la reinventó en plástico reciclado y con colas de base agua en las uniones. Para evitar los refuerzos se compone de residuos posindustriales, cuyas propiedades son más controlables que las de los residuos posconsumo, y debido a la mezcla de colores de los materiales de origen el tono que se obtiene es el gris antracita. Las patas también actualizan su materialidad para continuar con la coherencia por el mínimo impacto ambiental, y del inicial acero cromado han mutado en madera curvada, que eleva aún más la elegancia del producto.

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Pure Loop PCR, Claus Breinholt, Infiniti Design (2019)

PCR significa Post Consumer Recycled, lo que indica en su propio nombre el tipo de material que da cuerpo a esta silla: plástico reciclado posconsumo procedente de la recogida de residuos urbanos. La firma italiana Infiniti Design ha incorporado a su catálogo la versión ecológica en dos colores –caramelo y mokka– de su modelo Pure loop en la que no esconde las diferencias en el acabado superficial de los plásticos reciclados respecto a los vírgenes y expone sin complejos que cada pieza puede ser diferente debido a las características circulares de los materiales, aunque se produzca en serie. Con una base de plásticos –mayoritariamente polipropileno– reforzada con fibra de vidrio consiguen una geometría equivalente a la que anteriormente lograban con el material virgen.

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On & On, Barberg & Osgerby, Emeco (2019)

Emeco es la firma con más tradición en la utilización de plásticos reciclados en sillería. Una de sus claves ha sido el desarrollo de diferentes formulaciones según las necesidades y los acabados estéticos, ya sea polipropileno con serrín de madera o PET con fibra de vidrio. Para la silla On&On, de Barber & Osgerby, la primera colaboración del dúo británico con la firma, se ha utilizado un 70% de PET reciclado de botellas reforzado con un 20% de fibra de vidrio, que le proporciona la resistencia óptima, y un 10% de pigmentos que le dan el color. La desventaja del refuerzo de fibra de vidrio es que convierte un material tan reciclable como el PET en muy poco reciclable, salvo que se plantee un sistema “de la silla a la silla” como están haciendo en Emeco, responsabilizándose de reciclar sus propios productos.

Hasta hace apenas un año eran contadas las experiencias de grandes firmas de diseño con el plástico reciclado. Mención especial merece M114, que gracias a la voluntad de su editor jefe, Gabriel Moragas, presentó en 2011 la silla Green, un producto que costó de entender entonces, pero que a día de hoy es un clásico del ecodiseño. Hacia las mismas fechas, en EE. UU., Emeco lanzó en colaboración con Coca Cola una versión de la Navy, que tradicionalmente había sido de aluminio, hecha con PET reciclado de botellas.

El enfoque circular en sillas quedó latente durante unos años hasta que Ikea, de la mano de los suecos Form Us With Love, lanzó Odger en 2017, una pieza de máxima resistencia, factura impecable, múltiples acabados y en la que el plástico reciclado se empleaba en toda su estructura, no solo en el asiento.

Y llegó 2019 y el Salone de Milán demostró lo que todos esperábamos: que las experiencias de osados editores aventureros por fin se habían convertido en la norma. El plástico reciclado había sido elevado a la categoría de diseño y dejaba de ser una opción nicho para comenzar a formar parte del día a día. Ahora, un año más tarde, vemos cómo continúa su auge, se consolida la apuesta y se normaliza en las fábricas y estudios de diseño.

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