Al igual que las tormentas, las heladas y las bajas temperaturas del invierno, las plantas que aguantan el sol directo en verano pueden verse perjudicadas y sufrir. Para evitar que éstas mueran durante la época estival, Marta Rosique, cofundadora de Platea en Verde, nos da pautas y recomendaciones sobre cómo cuidar las plantas de exterior en verano; sus mejores métodos de riego y comparte trucos que funcionan especialmente en climas calurosos como el mediterráneo, donde las altas temperaturas pueden suponer un auténtico dolor de cabeza especialmente para las macetas, donde el agua se evapora con mayor rapidez.

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1. riego por goteo

1. Riego por goteo

En nuestro clima, y especialmente para los huertos en macetas, es indispensable contar con un sistema de riego automático que en los momentos más calurosos puede programarse hasta tres veces al día para mantener el sustrato y las plantas frescas. El riego por goteo te permite regar de forma mucho más eficiente y controlada y, por supuesto, ajustarlo a las necesidades de tus plantas según la temporada. Porque las únicas plantas que aguantan sin riego automático las altas temperaturas son las suculentas.

2. recipientes grandes

2. Recipientes más grandes

Cuanto mayor es el tamaño, mejor retienen el agua y durante más tiempo y cuanto mayor sea el volumen de tierra, mejor se mantendrá la temperatura del sustrato fresca. La mejor solución es optar por mesas de cultivo o cajoneras para plantar varios cultivos o plantas juntos en lugar de muchas macetas pequeñas.

El material de los recipientes es también importante: el plástico, aunque retiene mejor el agua, suele recalentarse más. Por el contrario, las macetas porosas y que transpiran mantienen mucho mejor la temperatura del interior del recipiente fresca y agradable.

 

3. crea sombras

3. Crea sombras

Diseña tu huerto para que los cultivos más altos hagan sombra a los pequeños. La sombra vegetal es la más agradable, incluso para las plantas, ya que puede bajar la temperatura de su alrededor hasta 6 grados. Ayúdate de tutores para mantener los cultivos altos y dejar espacio en la base sombreada para cultivos más bajitos. Y usando celosías puedes crear sombras con plantas enredaderas.

4. acolchado

4. Utiliza acolchado

Cubrir el suelo del jardín con una capa de materia orgánica evita que el sol incida sobre el sustrato y evapore el agua. Además, mantiene la temperatura del interior más fresca y genera menos problemas con las malas hierbas. Astillas de madera, compost, recortes de césped y paja son buenos materiales para cubrir y fáciles de conseguir en un jardín, pero más complicados de conseguir en huertos urbanos. La paja prensada es muy fácil de colocar sobre el sustrato y, a diferencia de la mayoría de mallas antihierbas, tiene un calor claro y es más gruesa, con lo que refleja muy bien los rayos del sol y mantiene la humedad genial en el interior del sustrato. Además, al ser un material biodegradable, se puede añadir al compost o dejar que se degrade en los recipientes, lo que supondrá un extra de materia orgánica que tus cultivos aprovecharán.

5. cubre macetas

5. Cubre las macetas

Igual que cubrimos el sustrato, podemos añadir una capa extra de protección a la maceta para protegerla de los rayos del sol directo y mantener las raíces frescas y felices. Puedes usar todo tipo de materiales para hacerlo, como listones de madera.

6. eleva recipientes

6. Eleva los recipientes

El suelo de las terrazas y balcones se va recalentando a lo largo del día, de forma que emiten calor a la maceta incluso en las horas que se supone que tienen que ser más frescas. Para evitar que esto ocurra, una solución sencilla es elevar los recipientes. Palets y cajas de frutas son muy efectivos, y para macetas individuales las bases con ruedas resultan muy prácticas, ya que además permiten cambiarlas de sitio según la temporada.

7. instala sombreado

7. Instala un sombreado

Para proteger a los cultivos y los huertos urbanos del sol y calor excesivo se pueden emplear mallas de sombra de diversos materiales, tamaños y colores. Las mallas agrícolas dejan pasar parte de la luz pero tamizan y ayuda a mantener el ambiente un poco más fresco. De esta forma, el aire que rodea a los cultivos no se calienta tanto como si incidiera el sol directo. Además, se mantiene mejor la humedad del suelo y se reduce la evaporación, lo que se traduce en mejores cosechas y en un ahorro considerable de agua de riego.