Una casa de pueblo en Ciudad Real con un lenguaje minimalista y cosmopolita

Hecha con materiales autóctonos, esta casa en el pueblo de Malagón (Ciudad Real), ejecutada por el arquitecto Jesús Donaire es un canto a la simplicidad y al minimalismo. La luz natural y la sobriedad máxima determinan su encanto.

El solar, conformado por las tapias, es como una caja abierta al cielo.
Javier Callejas
Ores Lario
Ores Lario

Periodista especializada en estilo de vida, decoración y diseño

"La economía es máxima. La casa tiene el lujo de la sobriedad máxima, de una elegancia tal que todavía es capaz de sorprendernos", ha dicho Alberto Campo Baeza sobre esta vivienda de líneas sencillas firmada por el arquitecto Jesús Donaire. Se encuentra en Malagón, una pequeña localidad situada al norte de la provincia de Ciudad Real, y está hecha con materiales autóctonos. Abstracta, con un lenguaje propio del siglo XXI, y discreta, la casa Donaire conserva la memoria visual del entorno rústico en que se ubica y como se encuentra cercada por las tapias de barro del edificio primitivo, no es posible divisarla desde la calle. La recorremos. 

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Abstracta, la construcción se encuentra protegida por un muro y no puede contemplarse desde la calle.

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Los tapiales esconden una caja de vidrio que descansa sobre grandes tiras de Campospano. La casa está protegida por un porche de hormigón armado con 18,50 metros de largo por 12,50 metros de ancho, sujetado por veinte pilares de 2,55 metros de altura. 

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La construcción, como una mesa, alberga una zona más cerrada, de dormitorios y servicios, y otra más abierta, de estancia principal, que se abre al patio principal donde se ubica la piscina. 

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La ventilación del bloque se facilita con dos lucernarios, que también realzan su luminosidad, “ya de por sí notoria en la blancura del conjunto”, apunta el arquitecto. El porche se abre a una piscina, lo que asegura que el frescor entre en la vivienda.

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La cerámica tiene una doble función en el proyecto: por un lado conforma el cerramiento de la zona más privada de la vivienda y, por otro, establece un diálogo con el resto de materiales, ya que gracias a su acabado esmaltado capta la luz y multiplica los matices e irregularidades de la textura. 

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El cerramiento cerámico pintado en blanco busca mitigar los efectos del intenso sol manchego de verano y, en la cara norte evita el deterioro de las fachada por humedades debido a la falta de radiación solar, especialmente en invierno.

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El hormigón, el vidrio, la cerámica y el antiguo tapial, que aparece como cerramiento visual de la zona más abierta de la vivienda. Los cuatro conforman la sobriedad de materiales que el arquitecto usó para su construcción. 

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El hormigón aporta la estructura y el orden del espacio. El vidrio aporta la transparencia y la continuidad del espacio. El tapial es el cerramiento visual del espacio contenido en última instancia, y abierto al cielo. 

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Los huecos de la zona de dormitorios se completan con una celosía cerámica que se encarga de establecer la continuidad material y de reflejar la piel exterior de la vivienda.

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"La economía es máxima. La casa tiene el lujo de la sobriedad máxima, de una elegancia tal que todavía es capaz de sorprendernos", ha dicho el arquitecto Campo Baeza sobre esta casa manchega.

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