El 18 de octubre de 1997 en Bilbao se abrieron las puertas de un museo ideado por Frank Ghery que iba a convertirse en uno de los grandes dinamizadores de la capital de Bizkaia. Desde entonces, a la ciudad le afectó lo que ya se conoce como efecto Guggenheim que, además la fisionomía transformó la urbe en una ciudad moderna. 


 



Así, Bilbao fue nombrada en 2018 como Mejor Ciudad Europea por The Academy of Urbanism, que premia a ciudades por la calidad, innovación y sostenibilidad de sus entornos urbanos. Además, es la ciudad del mundo con más edificios diseñados por ganadores del Pritzker por metro cuadrado por eso los amantes de la arquitectura tienen a este destino en su punto de mira.

Pero esta ciudad es mucho más que su famoso museo y edificios con firma, ya que ofrece muchos más atractivos, como su pintoresco barrio Iralabarri, una zona de la capital vizcaína que se compara con Notting Hill, el famoso distrito del centro de Londres. 

Las casas dan un aire pintoresco a la zona

Dar un paseo por las casas con fachadas de colores que se despliegan entre las calles Baiona, Kirikiño y Zueroa de la ciudad vasca da la sensación de que se está haciendo por el emblemático barrio londinense.

Aunque en los últimos años su popularidad ha aumentado gracias a las redes sociales, esta zona de la Villa de pintoresca estética es todavía una gran desconocidao, especialmente para los visitantes.

Sus casas de colores azul, verde, rosa y amarillo, en las que se combinan elementos de inspiración inglesa y vasca, callejuelas empinadas y los restos de antigua harinera industrial dan personalidad a Iralabarri, una singular urbanización que se construyó en torno a 1916 de la mano de Juan José Irala, de quien el barrio recibió el nombre.

Este empresario, que instaló una panificadora en la zona, la Harino-Panadera, fue quien promovió la construcción de unas casas en las que albergar a los obreros y empleados que trabajaban en su fábrica. Como el terreno se ubicaba a las afueras de Bilbao, contaban con abundante espacio y, además, se emplazaban cerca de las vías del tren y la estación ferroviaria de mercancías.

La intervención de dos arquitectos

Para dar forma a su proyecto, contó con la ayuda de dos arquitectos: Federico Ugalde, artífice del actual teatro Arriaga tras el incendio de 1914 y Enrique Epalza, diseñador del Hospital de Basurto. Ambos crearon un rincón en las afueras de Bilbao de ambiente bohemio y de singular arquitectura.  

En tan solo una década dieron vida al barrio de Irala, ante los ojos diseñado como una pequeña aldea dentro de la ciudad que está formada por más de una decena de calles. Estas viviendas con fachada que fusiona influencia inglesa y estilo neovasco con algún detalle modernista propio de la época, son pequeños chalés o casas adosadas, que además de salón, cocina y baño, tenían dos o tres habitaciones.

El planteamiento de Iralabarri llamó la atención de otro gran urbanista de la época, Arturo Soria, que en aquel momento ya planteaba una alternativa similar en Madrid; la de Ciudad Lineal.

Además, la apuesta de Irala fue más allá de la construcción de viviendas. El empresario planteó toda una red consistente en escuelas, economatos, centros sociales, fiestas populares, así como la denominada Sociedad de la Templanza cuya función era combatir el alcoholismo. Su objetivo fue buscar crear un estilo de vida colectivo y favorecer la creación de una identidad colectiva en el barrio.

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