Si Frank Lloyd Wright levantara la cabeza: la Ennis House, vendida a unos magnates de la marihuana

La icónica casa diseñada por el arquitecto en 1924 en Los Angeles ha sido adquirida por más de 16 millones de euros por los fundadores de una marca de cosmética basada en el cannabis.

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ennis house frank lloyd wright fachada

La Casa Ennis es uno de los numerosos edificios que Wright construyó con lo que él llamaba “bloques textiles” que empleó durante casi 40 años.

ennis house frank lloyd wright terraza

La casa fue construida por encargo de Mabel Charles Ennis. Sin embargo, no fue finalizada por Wright sino por su hijo Lloyd, también arquitecto, debido a las desavenencias del primero con los propietarios.

ennis house frank lloyd wright dormitorio

En 2008, el diario Los Angeles Times nombró la Casa Ennis como una de las diez mejores casas de todos los tiempos.

ennis house frank lloyd wright vestíbulo

La Casa Ennis fue construida con un sistema experimental de bloques de hormigón inspirado en los templos mayas y aztecas, un laberinto muy cercano a la concepción que se tiene de los templos de estas antiguas civilizaciones.

ennis house comedor

Los sucesivos salones se conectan entre sí y con los patios y terrazas. El mayor espacio es el comedor en el centro de la casa, con una larga sala contigua.

ennis house frank lloyd wright Andrew-Pielage

El diseño de la casa se basa en el principio compositivo de Wright según el cual la repetición sistemática del adorno se supedita a la retícula inherente de los muros.

ennis house frank lloyd wright salón

Ubicada en una colina, muy cerca del famoso observatorio Griffith, la casa goza de espectaculares vistas de la ciudad de Los Angeles.

ennis house frank lloyd wright pasillo

El esquema de la construcción es lineal en lugar de la habitual planta cruciforme de las viviendas de Wright. Un esquema atípico en el diseño del arquitecto estadounidense, donde no se representa el sentido de la unidad doméstica habitual en sus casas.

ennis house frank lloyd wright blade runner

La Casa Ennis ha inspirado y figurado como escenario en varias películas y series, pero de manera poéticamente más potente en "Blade Runner", obra maestra de Ridley Scott. Es la casa de Harrison Ford, que aparece en escenas de colores oscuros y empastados.

Frank-Lloyd-Wright foto Yousuf Karsh

La Casa Ennis permanece como un manifiesto de Wright de un estilo que reivindicó la materia y la forma de trabajarla como el auténtico alma de un espacio.

ennis hous frank lloyd wright SOUNDWAVE-ENNIS-Acoustic-panels-offecct

Los motivos geométricos inspirados en la iconografía maya y labrados en hormigón de la Casa Ennis (“bloques textiles”, los llamó Wright) no solo han inspirado decorados de ciencia ficción, sino que perduran en productos actuales, como los paneles acústicos Soundwave Ennis, creados por la marca sueca de muebles Offecct en colaboración con la Fundación Frank Lloyd Wright.

Haciendo honor al atractivo que ha ejercido siempre como escenario cinematográfico –su arquitectura ha inspirado a series como Juegos de Tronos, pero es especialmente conocida por representar el apartamento del personaje encarnado por Harrison Ford en la obra maestra de la ciencia ficción Blade Runner, del director Ridley Scott (1982)– la peripecia histórica de la Ennis House de Frank Lloyd Wright daría como mínimo para una película, o una serie por entregas.

Desde que finalizó su construcción en 1924 en el barrio de Los Feliz de Los Angeles –muy cerca del famoso observatorio Griffith, en las colinas que dominan la ciudad– la casa pasó por varias manos. En 1994 sufrió graves desperfectos estructurales a raíz de un terremoto, y permaneció en un estado de semiabandono hasta 2011, cuando fue adquirida por algo más de cuatro millones de euros por el multimillonario y filántropo de la arquitectura Ron Burkle, quien emprendió la tarea de renovarla y devolverle su anterior esplendor antes de volver a ponerla en venta en 2018.

El último capítulo de este "culebrón" acaba de producirse a finales de octubre de 2019, cuando se ha conocido que la casa ha sido adquirida de nuevo por 16,2 millones de euros por el matrimonio formado por Cindy Capobianco y Robert Rosenheck, fundadores de Lord Jones, una marca de cosmética de lujo basada en las propiedades del cannabis, especie herbácea de la que se extrae la marihuana. Aunque el precio pagado no llega a los 21 millones de euros que en un principio pedía Burkle, se trata de la cantidad más alta pagada nunca por un proyecto de Frank Lloyd Wright. No sabemos si el genial arquitecto, que siempre cultivó una imagen de dandi, habría aprobado esta última operación, pero si sirve para asegurar el futuro de una de sus obras más icónicas, bienvenida sea.

Y es que Frank Lloyd Wright es autor de obras maestras que contienen sapiencia constructiva y artística a lo largo de períodos y lenguajes diversos. Arquitectura clásica y rompedora, americana y europea, orgánica y abstracta, basada en planos horizontales, verticales y en espiral, con transparencias líquidas o con la solidez de un templo precolombino. Es la riqueza hojaldrada de una mente superdotada.

El autor del Hotel Imperial de Tokio, de la Casa de la Cascada o del Museo Guggenheim de Nueva York también construyó en Los Ángeles en 1924 la singular Casa Ennis. Esos majestuosos bloques de hormigón ornamentado muestran de manera colosal hasta qué punto la construcción y la ornamentación eran, para Wright, categorías indisociables.

Interesado en el patrimonio arquitectónico y cultural de aquel país, Wright recorrió México en varias ocasiones, y realizó en Los Ángeles varias obras etiquetadas como Mayan Revival Architecture. Las veintisiete mil piezas de hormigón de la mansión Ennis muestran sus texturas labradas con motivos inspirados en la composición geométrica de las fachadas yucatecas.

El alma de una casa –decía Wright– está en el modo y los materiales de su construcción. El hormigón es tratado aquí (como todo lo que tocó con su genialidad) como material de creación artística: “Tomemos esta materia proscrita y descuidada de la industria de la construcción: el bloque de hormigón. Descubramos en él un alma inesperada y despertemos una belleza viva, con una textura como la de los árboles”.

La casa –había proclamado, en su etapa de rivalidad con Le Corbusier y demás figuras del movimiento moderno europeo– no es una máquina, sino un ser vivo dotado de alma. En la Casa Ennis esa idea se articula en la estrecha imbricación del principio constructivo y el ornamental. La serialización del adorno geométrico se acompasa a la retícula de los muros. Las fachadas, los corredores y los interiores componen una unidad majestuosa, con elaboraciones ornamentales específicas. La luz natural penetra en el laberíntico y encolumnado palacio como entre las ramas de un bosque de coníferas. “En el claro de un bosque de pinos me gustaría trabajar", dijo aquel hombre soberbio como un emperador, elegante como un dandi, lúcido y complejo como un genio.

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