El Modernismo como nunca lo habías visto: Casa Amatller abre su Museo Digital

La manzana de la discordia, formada en el barcelonés Passeig de Gràcia por tres de los edificios más icónicos del Modernismo catalán, depara varias visitas posibles pero ninguna tan completa como la que propone Casa Amatller. La espectacular vivienda, que Josep Puig i Cadafalch diseñó en 1900, se muestra ante nuestros ojos en una doble experiencia: a través de un recorrido presencial y en un viaje a lomos del arte digital.

La reconocible fachada de Casa Amatller
Joan Manel Jubany
Joan Manel Jubany Esteve

Jefe de maqueta de Arquitectura y Diseño

Mientras los turistas se agolpan a las puertas de la Casa Batlló, la obra de Antoni Gaudí que ha hecho de esta isla de casas del Eixample barcelonés una de las más deseadas de la ciudad, las otras dos edificaciones que completan la manzana de la discordia contemplan el bullicio a su alrededor con desigual fortuna. La Casa Lleó Morera, obra de Lluís Domènech i Montaner y sede de la tienda insignia de Loewe, sólo se puede visitar de manera virtual. Por su parte, la Casa Amatller, colindante a la Batlló, se ha convertido en el destino de los amantes del Modernismo catalán capaces de ir más allá de la popularidad global de Antoni Gaudí y que, como regalo, acaban descubriendo una de las joyas ocultas más bien conservadas del patrimonio local.

 

 

Una visita que, más que ninguna otra, supone un viaje en el tiempo y que, con la reciente inauguración del Museo Digital, ha hecho un salto hacia el futuro para ofrecer una experiencia inmersiva que abraza la tecnología más innovadora con el mismo entusiasmo con el que Puig i Cadafalch abrazó el encargo de Antoni Amatller: diseñar una vivienda que rompiera las restricciones del urbanismo de Ildefons Cerdá para celebrar la belleza en todas sus formas.

 

 

El imponente vestíbulo de la Casa Amatller, iluminado con una espectacular vidriera.

Casa Museo Amatller, lujo burgués en la Barcelona de 1900

Subir la imponente escalinata, con todo el esplendor de sus referencias al románico y el gótico catalanes, y deambular por los pasillos casi en penumbra de la planta noble del número 41 de Passeig de Gràcia, supone vivir una experiencia inmersiva como pocas. El perfecto estado en que se conservan el mobiliario y la decoración originales que Puig i Cadafalch diseñó para todas y cada una de las estancias, el silencioso brillo de los lujosos acabados y una sensación de tiempo congelado que parece flotar en los diferentes ambientes, hacen que cuando se ponen los pies en el inmueble se tenga la sensación que, en cualquier momento, la figura del señor Amatller pueda hacer acto de presencia ante el rubor del intruso que se ha atrevido a volver al pasado para descubrir, en persona, cómo vivía la burguesía barcelonesa más adinerada y, también, la más sensible a las artes.

 

 

A la izquierda, la chimenea obra de Eusebi Arnau, el escultor más destacado del Modernismo.

Puig i Cadafalch, iluminando la ciudad del Modernismo

Diseñada para acoger al industrial Antoni Amatller y a su hija Teresa, tras la separación que acabó con el matrimonio entre Amatller y Càndida Cros, la Casa Museo Amatller se abre ante el visitante como un deslumbrante catálogo de la mejor artesanía de principios del siglo XX. Josep Puig i Cadafalch pudo contar con un cliente con el dinero y la sensibilidad a la altura de una obra de arte completa.

Sin restricciones de ningún tipo, el arquitecto trabajó con los mejores artesanos y artistas de la época. Los muebles de Gaspar Homar, las esculturas de Eusebi Arnau o la forja de la fachada de Manuel Ballarín brillan en un conjunto pensado hasta el último detalle. Las últimas comodidades de la época hacen del inmueble uno de los más modernos de la Barcelona de 1900: el ascensor para los vecinos, el portaplatos que sube la comida de la cocina al primer piso y la iluminación eléctrica, dan buena cuenta de un estilo de vida al alcance de muy pocos.

 

La primera experiencia inmersiva dedicada al Modernismo y a los Dragones, uno de los grandes reclamos del Museo Digital.

El Museo Digital, la vanguardia que nunca cesa

Tras el paseo por la Casa Museo llega la segunda y no menos apasionante parte de la visita. Inaugurado el pasado mes de mayo, el nuevo Museo Digital, situado en un edificio anexo que se encuentra tras la cafetería, despliega las últimas tecnologías en audiovisuales inmersivos, realidad aumentada y realidad virtual para explicar la historia de la Casa Amatller, mostrar el contexto de su creación y ofrecer al espectador un punto de vista inédito hasta el momento.

 

 

Presentado como un nuevo espacio de referencia dedicado a los orígenes del Modernismo, el museo ofrece entretenimiento para todos los públicos. Mientras los más pequeños pueden participar, con sus propios dibujos, de un gran mural digital, obra de la ilustradora Pilarín Bayés, los adultos más curiosos pueden profundizar en todos los detalles que se esconden tras la Barcelona de 1900, siguiendo una presentación museográfica dispuesta en paneles retroiluminados.

 

La última tecnología permite al visitante viajar por dentro de la casa y sobrevolar la Barcelona del 1900.

Proyecciones de 360º y realidad virtual, un viaje digital por la Casa Amatller

Sin duda, el gran fin de fiesta sensorial de la visita a Casa Amatller llega con las dos propuestas del Museo Digital que cierran el recorrido. La exposición temporal Dragones Modernistas, Leyendas de Fuego es el momento de la visita más goloso para compartir en Instagram. Diseñada por Layers of Reality –la productora audiovisual especializada en contenidos inmersivos, responsable del pionero Centre d’Arts Digitals IDEAL–, la muestra se presenta con una proyección de 360º que nos adentra en la historia de Barcelona y su relación con el dragón, una criatura fantástica omnipresente en la decoración de Casa Amatller. Es precisamente a lomos de un pequeño dragón forjado en hierro, situado en el vestíbulo del edificio, que el visitante vive el momento más deslumbrante de toda la visita. Se trata de una experiencia inmersiva en la que, con la ayuda de unas gafas de realidad virtual, el espectador sube a lomos del pequeño dragón y alza el vuelo para contemplar la obra de Puig i Cadafalch como nunca se había visto.

 

 

 

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