60 años de Brasilia, el gran legado de Oscar Niemeyer

En 1960 nacía la nueva capital de Brasil, un proyecto utópico de ciudad igualitaria cuyos edificios más destacados fueron diseñados por el gran arquitecto brasileño.

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Sede del Congreso Nacional, con las semiesferas destinadas al senado y la cámara de diputados flanqueando dos torres de oficinas.

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El Palácio da Alvorada o palacio del amanecer es la residencia oficial del presidente de Brasil. Se alza en una península sobre la orilla del lago Paranoá.

brasilia palacio de justicia

Los arcos del Palacio de Justicia son una reinterpretación contemporánea de la arquitectura gótica.

os guerreiros palacio de planalto brasilia

El Palácio do Planalto o palacio de la meseta es el lugar de trabajo oficial del presidente de la república. En primer término, la escultura Os Guerreiros, de Bruno Giorgi.

brasilia catedral exterior

La Catedral Metropolitana de Nuestra Señora Aparecida es una estructura hiperboloide que no se concluyó hasta mayo de 1970.

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Los inmensos vitrales de la catedral tienen una superficie de dos mil metros cuadrados.

brasilia eje monumental

El llamado Eje Monumental es una inmensa avenida a partir de la cual se articula la trama urbana de la ciudad y se alinean sus edificios principales.

Museu Nacional da República brasilia

El Museo Nacional de la República forma parte junto con la Biblioteca Nacional del Complejo Cultural de la República.

Brasilia aerea estadio nacional

El estadio Mané Garrincha fue inaugurado en 1974.

Torre de TV de Brasília

Lúcio Costa, autor del plano urbanístico de Brasilia, diseñó también la torre de televisión inspirándose en la Torre Eiffel de París.

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El puente Juscelino Kubitschek, de Alexandre Chan, inaugurado en diciembre de 2002, cruza el lago Paranoá.

La pandemia de COVID-19 ha acaparado en los últimos meses casi todos los titulares de las noticias, y eso ha hecho que haya pasado desapercibida una efeméride que sin embargo debería ser motivo de celebración para todos los amantes de la buena arquitectura.

El 21 de abril de 1960, el entonces presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, proclamaba oficialmente la fundación de la nueva capital federal del país, Brasilia. Se hacía así realidad una idea largamente madurada, ya que la intención de trasladar la capital al interior con el objetivo de ayudar a poblar esa zona del país ya figuraba desde el mismo nacimiento de la república a comienzos del siglo XIX.

Brasilia surgió también como un experimento utópico, una ciudad que pretendía eliminar las clases sociales, al calor de las ideas socialistas del propio Kubitschek y del equipo de expertos al que encargó el proyecto.

La elección de los autores no estuvo exenta de un feliz "nepotismo": Lúcio Costa ganó el concurso para hacerse cargo del urbanismo y la planificación general porque prevaleció la opinión de su antiguo alumno, Oscar Niemeyer. Este, amigo personal del presidente Kubischek, gozó de libertad absoluta para dar forma, función y contenido a los edificios institucionales, conjugando su funcionalidad con la monumentalidad exigida a la nueva capital. Finalmente, Roberto Burle Max fue escogido como diseñador del paisaje.

Diseñar toda una ciudad desde cero debió ser un sueño para sus artífices, pero también un inmenso reto al levantarla en tierra de nadie, un lugar de difícil acceso en medio del Planalto Central. Aun así, Brasilia se creó en apenas tres años, una proeza que se sumó al carácter simbólico de la urbe como personificación del carácter pujante de la joven nación.

Para subrayar la modernidad de la metrópoli, Brasilia se diseñó en forma de avión, con el Eje Monumental a modo de cabina de fuselaje rematado por la Plaza de los Tres Poderes como si se tratara de la cabina de los pilotos, y el resto de la trama urbana desplegándose a ambos lados en forma de alas.

Diseñada en principio para albergar a medio millón de habitantes, Brasilia no ha podido escapar a los problemas de la masificación de las grandes ciudades ya que en la actualidad acoge, entre la propia ciudad y los barrios periféricos, a dos millones de habitantes. Pero continúa siendo un manifiesto extraordinario de la voluntad de crear un urbanismo más humano -algo que Le Corbusier había ensayado pocos años antes en la ciudad india de Chandigarth- y, sobre todo, la prueba palpable del inmenso genio creativo de Oscar Niemeyer.

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