En este año olímpico, repasamos 12 arquitecturas de Olimpiadas que han hecho historia

A las puertas de que en pocos meses la ciudad de Tokio acoja las Olimpiadas, hemos querido detenernos en 12 proyectos arquitectónicos de ediciones pasadas.

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Complejo olímpico de Munich 1972 Frei Otto y Günter Behnisch

Parque Olímpico de Múnich, de Frei Otto y Günter Behnisch (1972)

Prácticamente a cuatro manos, así es como Frei Otto y Günter Behnisch idearon su propuesta de Ciudad Olímpica para la celebración de los Juegos en esta ciudad alemana en el año 1972. Décadas después el complejo sigue sorprendiendo a los amantes de la arquitectura por su modernidad innata y, sobre todo, por las filigranas que presiden todos los techos del espacio. Esto último fue idea del propio Otto, quien se encargó en exclusiva de la construcción del Estadio Olímpico. A nadie sorprendió que en 2015 recibiera de forma póstuma el Premio Pritzker.

Helsinki Olimpic stadium de Yrjö Lindegren y Toivo Jäntti

Estadio Olímpico de Helsinki, de Yrjö Lindegren y Toivo Jäntti (1952)

Los arquitectos finlandeses Yrjö Lindegren y Toivo Jäntti estuvieron a cargo de la construcción del estadio más grande y con mayor capacidad a mediados del siglo XX del país nórdico. Su apertura aconteció el 12 de junio de 1938, pero en realidad algo más tarde, en el verano de 1952, pasaría a ser la gran estrella de las XV Olimpiadas. Si visitas Helsinki debes saber que su torre de 72 metros está abierta al público a modo de mirador. De cara al Mundial de Atletismo del año 2005 se remodeló completamente, pasando de una capacidad de 70.000 espectadores a una cifra menor de 40.600. 

Palau Sant Jordi en Barcelona de Arata Isozaki

Palau Sant Jordi de Barcelona, de Arata Isozaki (1992)

Hace escasos meses, en noviembre de 2019, Arata Isozaki también fue galardonado con el prestigioso Pritzker. El japonés proyectó uno de los edificios más emblemáticos de las Olimpiadas de Barcelona en 1992: el Palau Sant Jordi, una instalación cubierta cuya cúpula fue levantada desde el suelo con una innovadora técnica hidráulica y que, si se mira con atención, tiene una silueta parecida a la del caparazón de una tortuga. Su esposa, Aiko Miyawaki, también puso su granito de arena al construir en el exterior un conjunto de 36 cilindros de hormigón coronados por anillas metálicas y cables de acero. Todo quedó en familia. 

Estadio Olimpico de Mexico Augusto Pérez Palacios Raúl Salinas y Jorge Bravo

Estadio Olímpico Universitario de la Ciudad de México, de Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas y Jorge Bravo (1968)

Aun siendo el segundo estadio con mayor capacidad de la capital mexicana (solamente le supera el Estadio Azteca), fue el que albergó las competiciones de atletismo y las ceremonias de apertura y clausura en los Juegos Olímpicos de 1968. Desde que se inauguró en noviembre de 1952 causó toda una sensación. El propio Frank Lloyd Wright diría de él que es "el edificio más importante de la América Moderna". Ahí es nada. En su lado derecho, además, se encuentra un espectacular mural de Diego Rivera titulado La universidad, la familia y el deporte en México. Inicialmente toda la fachada del estadio debía contar con murales del artista, pero su muerte en 1957 truncó los planes. 

ANZ Stadium en Sidney Populous

ANZ Stadium de Sídney, de Populous (2000)

Se le conoce de esta manera por temas estrictamente comerciales (ANZ Bank compró la explotación del nombre por 31,5 dólares australianos), pero también ha sido llamado como el Estadio de Australia o el Telstra Stadium. El estudio estadounidense Populous en un principio planteó la idea de que pudiera acoger de cara a las Olimpiadas del año 2000 la friolera de 118.000 espectadores, pero al final rebajaron las dosis de ambición y se quedaron en los 85.000 asientos. Como el Comité Olímpico Internacional se propuso que los Juegos de Sídney fueran los más "verdes" de su historia, se introdujeron para la ocasión medidas medioambientales como un tanque de almacenamiento de agua en el techo y una gama de medidas de diseño pasivas que abordan la ventilación, la refrigeración y la calefacción de forma natural.

Estadio Olimpico de Atenas de Santiago Calatrava

Estadio Olímpico de Atenas, de Santiago Calatrava (2004)

La polémica volvió a rodear al arquitecto español. La construcción del estadio se demoró más de la cuenta y su presupuesto se infló más de lo debido. Sin ir más lejos, los dos arcos sobre el cielo del edificio costaron nada más y nada menos que 130 millones de euros, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta que Grecia, poco después, sería uno de los países que más sufriría las consecuencias de la crisis económica. Más allá del estadio, Calatrava también se encargó del resto del Complejo Olímpìco. Ninguna de las edificaciones que proyectó se están usando actualmente. ¿Ganó algo la ciudad acogiendo los Juegos? La respuesta está clara. 

Estadio Olimpico de Pekín de Herzog y de Meuron

Estadio Nacional de Pekín, de Herzog y de Meuron (2008)

Simplemente viendo su exterior se sobreentiende porque es popularmente conocido como El Nido. Se levantó con vigas de acero con el fin de ocultar los soportes de su techo retráctil y, la pareja de arquitectos suiza, se inspiró en él tras estudiar la cerámica china. El graderío de hormigón, que se ilumina de color rojo por la noche, dota de una gran personalidad a este gigante de las competiciones deportivas. El artista Ai Weiwei, asimismo, contribuyó a la causa con varias ideas. En 2022 volverá a ser el epicentro de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno. 

Water Cube de Pekín

Centro Acuático Nacional de Pekín, de PTW Architects y CSCEC International Design & Arup (2008)

No salimos de la capital china. PTW Architects y CSCEC International Design & Arup idearon una futurista instalación que presenció la hazaña realizada en 2008 por Michael Phelps, quien volvió a Estados Unidos con ocho medallas bajo el cuello. Se construyó con una estructura de acero rellenada por cojines de ETFE (un polímero plástico de gran resistencia) y, en la actualidad, sus piscinas funcionan como un centro acuático. 

New Wembley en Londres de Norman Foster

New Wembley de Londres, de Norman Foster (2012)

Tras demolerse el antiguo estadio de Wembley, y con la vista puesta en las Olimpiadas de 2012 en la capital británica, Norman Foster se puso al frente de este proyecto que costó 757 millones de libras esterlinas. El mundo entero presenció su solera en las ceremonias de apertura y clausura. Con capacidad para 90.000 espectadores, tiene un kilómetro de circunferencia y una altura casi cuatro veces superior a la del estadio original. De hecho, es el doble de grande que aquel. De su diseño sobresale un impresionante arco de acero armado en el techo que alcanza los 133 metros de altura y los 317 metros de longitud. 

Centro Acuático de Londres de Zaha Hadid

Centro Acuático de Londres, de Zaha Hadid (2012)

Zaha Hadid también fue una arquitecta Olímpica en vida. Su estudio finalmente perdió el concurso para construir la joya de la corona de los Juegos de 2020 en Tokio, ya que Kengo Kuma finalmente ha sido quien ha firmado el flamante Nuevo Estadio Nacional de la ciudad. No obstante, Hadid dejó el listón muy alto en 2012 con el Centro Acuático de Londres. La piscina, de 25 metros de ancho y 3 de profundidad, fue pensada para que redujese las turbulencias que se producen al nadar. Estéticamente salta a la vista que el recinto es bellamente innovador.

Arenas Cariocas en Rio de Janeiro de WilkinsonEyre

Arenas Cariocas de Río de Janeiro, de WilkinsonEyre (2016)

Ni una ni dos, sino tres arenas que comparten un mismo techo. Eso es lo que concibió WilkinsonEyre para las Olimpiadas de Río de Janeiro de 2016. Del mismo modo que ya hiciera en la arena de baloncesto de los Juegos de Londres, el estudio británico tuvo en todo momento presente dos conceptos: la funcionalidad y la adaptabilidad. Se construyó exactamente donde anteriormente se hallaba el circuito de Fórmula Uno de la ciudad brasileña. 

Estadio olimpico Pekin Herzog de Meuron Olimpiadas

Estadio olimpico Pekin Herzog de Meuron Olimpiadas

Pocos eventos son esperados con tantas ansias en nuestro planeta que unos Juegos Olímpicos. Ciudades como Barcelona, gracias a este acontecimiento global, supieron transformar su fisionomía y mutaron radicalmente en una versión mejor. Aunque los causantes de ello no son las Olimpiadas en sí, sino los arquitectos que años antes de su celebración trabajan duro, muy duro, para asombrar al mundo con estadios y complejos deportivos que quitan el hipo. A las puertas de que Tokio acoja la futura edición del 24 de julio al 9 de agosto, hemos querido detenernos en esos grandes de la arquitectura que, tanto en el siglo XX como en el actual, han contribuido con su creatividad a proyectar edificios del todo inmortales. A algunos se les da más uso que a otros en estos momentos, pero sin ellos nada hubiese sido lo mismo.

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