Nuevos aires para la galería Elvira González

Estrena un espacio de mayores dimensiones en Madrid, diseñado por el arquitecto Marcos Corrales

Bruno Muguruza

Galería Elvira González

Galería Elvira González

Foto: John Manson

Galería Elvira González

Galería Elvira González

Foto: John Manson

Galería Elvira González

Galería Elvira González

Foto: John Manson

Galería Elvira González

Galería Elvira González

Foto: John Manson

Galería Elvira González

Galería Elvira González

Foto: John Manson

Elvira e Isabel Mignoni, directoras de la galería e hijas de Elvira González

Elvira e Isabel Mignoni, directoras de la galería e hijas de Elvira González

Galería

Tras quince años en la calle General Castaños, la galería Elvira González, uno de los grandes nombres en la escena artística madrileña, traslada su sede al número uno de Hermanos Alvárez Quintero. Este nuevo espacio, más amplio y diáfano, ocupa unas antiguas instalaciones de Papelera Española. Para Isabel Mignoni, quien dirige junto con su hermana Elvira la galería, las ventajas son evidentes: "Nos permitirá instalar obras de mayor envergadura, esculturas de más tamaño y peso. Además, al tratarse de un local a pie de calle con ventanales abiertos, "nos dará mayor exposición de cara al exterior".

Así, la galería continuará desarrollando su labor desde el barrio de Justicia-Salesas, el que concentra mayor número de galerías en Madrid. La superficie total, de 500 metros cuadrados, se distribuye en tres salas de exposiciones adaptadas para piezas de gran formato. Un espacio versátil que se irá adaptando en función de cada exposición temporal. La primera, Dibujos y más..., está dedicada a la obra del artista brasileño Waltercio Caldas, compuesta por cuatro esculturas y 32 dibujos que exploran la frontera entre lo que existe y lo que aún no vemos pero podemos intuir.

La remodelación de la nueva sede corre a cargo de Marcos Corrales Lantero, quién ya diseñó en 2002 el local anterior. Como explica el arquitecto, "en el nuevo proyecto de la galería Elvira González ha habido un deseo de renovación, de cambio, de evolución respecto al anterior espacio –que tenía una escala más palaciega y doméstica– hacia una propuesta más pública, más abierta y más generosa, con más zonas dedicadas a las exposiciones y más amplitud para el equipo de trabajo".

El trabajo en las oficinas es posible verlo desde la misma calle. "Hay una voluntad casi ideológica de dar transparencia a cómo se trabaja, a qué es una galería. Más al tratarse de una como ésta, que ha tenido varios espacios, replanteándose en cada ocasión qué es una galería, cómo debe de ser y cómo se debe representar", cuenta el arquitecto, quien tuvo que trabajar respetando la fachada de un edificio de 1949 con protección oficial. "La obra mostrada y no el espacio fue el motor del proyecto", concluye.

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