Recostada sobre el prado

Villa Sterk en Bontebok (Holanda), de estudio Inbo

Fotos: Eugeni Pons

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00384255 ok. La casa se apoya delicadamente sobre el terreno, envuelta en una atmósfera de clorofila, con prados de hierba, grupos de arbustos y árboles imponentes.

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La casa se apoya delicadamente sobre el terreno, envuelta en una atmósfera de clorofila, con prados de hierba, grupos de arbustos y árboles imponentes.

00384335 ok. La construcción es un volumen puro, apaisado y transparente, discreto, como agazapado para no perturbar la belleza del entorno

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La construcción es un volumen puro, apaisado y transparente, discreto, como agazapado para no perturbar la belleza del entorno

00384248 ok. En el porche, las sillas Heave, diseño de Jean-Marie Massaud para Emu

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En el porche, las sillas Heave, diseño de Jean-Marie Massaud para Emu

00384256 ok. Sofá 6511, de Jan de Bouvries para Gelderland. Sillón-mecedora Stingray, de Thomas Pedersen para Frederica. Mesitas auxiliares Tray, de Hay, adquiridas en Postma Interieur Drachten. Junto a la chimenea, el taburete Butterfly, de Sori Yanagi para Vitra

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Sofá 6511, de Jan de Bouvries para Gelderland. Sillón-mecedora Stingray, de Thomas Pedersen para Frederica. Mesitas auxiliares Tray, de Hay, adquiridas en Postma Interieur Drachten. Junto a la chimenea, el taburete Butterfly, de Sori Yanagi para Vitra

00384320 ok. Lámpara Twiggy, diseño de Marc Sadler para Foscarini, adquirida en Postma Interieur drachten, al igual que la butaca Felix, de Gijs Papavoine para Montis. Sobre el sofá, cojines de Hay, y plaid Jazz, de cachemir turquesa, de Teixidors

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Lámpara Twiggy, diseño de Marc Sadler para Foscarini, adquirida en Postma Interieur drachten, al igual que la butaca Felix, de Gijs Papavoine para Montis. Sobre el sofá, cojines de Hay, y plaid Jazz, de cachemir turquesa, de Teixidors

00384260 ok. Silla Showtime, diseño de Jaime Hayon para Bd Barcelona Design. Lámpara de sobremesa Tolomeo, de Michele de Lucchi y Giancarlo Fassina para Artemide. Las estanterías son de Ikea

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Silla Showtime, diseño de Jaime Hayon para Bd Barcelona Design. Lámpara de sobremesa Tolomeo, de Michele de Lucchi y Giancarlo Fassina para Artemide. Las estanterías son de Ikea

00384261 ok. Alfombra Bravoure, de Danskina. Ropa de cama de la colección Minimal Bed Linen, diseño de Scholten & Baijings para Hay. Sobre el cabecero, una obra de Ingrid Cerny

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Alfombra Bravoure, de Danskina. Ropa de cama de la colección Minimal Bed Linen, diseño de Scholten & Baijings para Hay. Sobre el cabecero, una obra de Ingrid Cerny

00384262 ok. La bañera y el lavamanos son de Corian. Los apliques de la pared son el modelo Lucelino NT, de Ingo Maurer. Toallas de lino, de Teixidors

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La bañera y el lavamanos son de Corian. Los apliques de la pared son el modelo Lucelino NT, de Ingo Maurer. Toallas de lino, de Teixidors

Es una casa alargada como un ciempiés y casi del todo transparente, escondida en un bosque de árboles altos y frondosos, en los Países Bajos, donde parece que, en cualquier momento, surgirán duendes, elfos y demás seres de cuentos de hadas. En este paisaje misterioso, la casa diseñada por el estudio Inbo se extiende, blanca y acristalada, apegada a la tierra, discreta, como agazapada para no perturbar la belleza del paisaje. Discreta y a la vez orgullosa de sus formas, en su específica relación con el entorno, a través de sus fachadas, una orientada al norte y otra al sur, que crean respectivamente una zona pública y otra privada, un lugar al sol y otro a la sombra.

Un sendero de hierba conduce a la casa desde la calle. Después de atravesar el bosque, el camino lleva a un espacio protegido para los coches donde también se han incluido un almacén, un comedor al aire libre y un estudio. La casa se encuentra algo elevada respecto del terreno, y una rampa y pequeñas escaleras permiten un acceso fácil y envolvente desde el jardín. Un muro de piedra sobresale, estirando la pared lateral de la casa, avanzando sobre el jardín como una especie de abrigo o marca hogareña, de límite o cierre visual de la fachada. Y en verdad, desde el jardín, el largo volumen cristalino “necesita” esa superficie ocre, fuerte, de piedra, que actúa como una invitación a entrar en la casa.

El conjunto está apenas suspendido sobre el terreno y completamente envuelto en una atmósfera de clorofila, con prados de hierba, grupos de arbustos y árboles imponentes. Como si nos hubiéramos colado en un tren aéreo y transparente de película de ciencia-ficción, atravesando los interiores de un extremo a otro de la casa podemos ver el paisaje –el prado, el bosque, el cielo– a un lado y a otro, al norte y al sur. Desde el salón, desde la cocina y el comedor, desde los baños y los dormitorios, a través de paredes de cristal y de grandes ventanales, vemos desfilar paisajes.

Pero lo que en realidad “desfila” ante nosotros y captura nuestra mirada, a medida que recorremos la vivienda, es el paisaje formado por la escena interior y el panorama exterior, en una especie de paseo entre planos (que son cuadros) superpuestos. Vemos una bañera colocada delante del cristal y, más allá, unas vacas rumiantes y plácidas en un prado. Vemos un sofá azul iluminado por una luz plateada y, fuera, una bicicleta azul apoyada en el tronco de un árbol.

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