La brillante reinvención de Eric Roinestad

El director de arte de Capital Records y fundador de Flaunt Magazine da un aplaudido vuelco a su carrera adentrándose en la cerámica escultórica

Cecilia Díaz Betz

Cerámica de Eric Roinestad.

La carrera del ceramista californiano de origen escandinavo Eric Roinestad no empezó ni mucho menos vinculado a esta disciplina. Al terminar los estudios de Artes Aplicadas y Diseño en la Universidad de California se mudó a Los Ángeles donde abrió su propio estudio. Tras varios proyectos vinculados a la moda, el éxito le llegó a finales de los años 90 al formar parte del equipo fundador la prestigiosa Flaunt Magazine. Años más tarde, la no menos prestigiosa discográfica Capitol Records le escogió como director de arte. Una trayectoria vinculada a la dirección artística aplicada al diseño verdaderamente exitosa, que un día decidió romper para volver a su California natal y dedicarse en cuerpo y alma a su gran pasión: la cerámica.

Cerámica de Eric Roinestad.

Haciendo gala de un instinto innato para la creación artística, en especial la relacionada con las manofacturas de índole artesanal, Roinestad comenzó hace unos años lanzando una pequeña colección en gres de lámparas y objetos escultóricos decorativos para el hogar que, aunque tímida y pionera, tuvo una gran acogida. Tanto fue así que en 2014 el éxito se vuelve a reencontrar con él: la galería neoyorquina The Future Perfect se fija en su obra y empieza a representarle dándole a conocer a nivel internacional, esta vez como ceramista escultórico.

Cerámica de Eric Roinestad.

Sus piezas destilan una especial querencia por las formas geométricas, las proporciones medidas y los volúmenes de gran tamaño, detalles que lo conectan con su pasado como diseñador. Sin embargo, sus creaciones, lejos de resultar frías e impasibles, gozan de una extraña espiritualidad que las acerca al espectador y le anima a observarlas. Gracias a la conceptualización medida del objeto, su herencia escandinavo-californiana y su neutralidad cromática consigue sintetizar estéticas divergentes y hacer dialogar las piezas entre la tradición histórica y la modernidad. Su serie de vasijas escultóricas recuerdan a bustos primitivos femeninos, y aunque abstractas, no acaban de desprenderse de su aspecto figurativo humanizadas a través de sutilezas decorativas como las asas-pendientes.

Cerámica de Eric Roinestad.

Su serie más reciente se compone de atrayentes máscaras casi totémicas en un descolorido gris y en negro. Todas desprenden un aire místico ancestral que las conecta con el Arte Etrusco. No obstante, esa factura del gres tan elemental, pura y sin bañar, junto a las formas redondeadas y pulidas, hace inevitable ver destellos de la escultura modernista y por consiguiente de uno se sus máximos representantes, Constantin Brâncuşi. Tampoco faltan algunas referencias arquitectónicas. En más de una ocasión Roinestad ha citado como inspiración la obra del arquitecto, también modernista, Irving Gill. Así que, de algún modo, podríamos empezar a encasillar el trabajo del ceramista dentro de una línea creativa o artística neo-post-modernista.

Cerámica de Eric Roinestad.

En actualidad Roinestad se encuentra trabajando en una serie de mobiliario con la que parece que vuelve a decantarse por ese aspecto más funcional del objeto, acercándose de nuevo al diseño industrial.

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