Como en cualquier diseño personalizado, la creación de espacios exteriores parte del conocimiento de las expectativas que el usuario tiene para su jardín: puede tratarse de un lugar con el objetivo de inducir momentos de inspiración y contemplación, para lo que trabajaremos a partir de geometrías muy puras y ordenadas, como parrillas ortogonales o cualquier figura geométrica elemental, creadas a través de intervenciones arquitectónicas o mediante trabajos de jardinería muy exhaustivos y precisos que transmitan orden y serenidad.
Otra opción muy actual es la del jardín como espacio de cultivo, como proveedor de hortalizas, verduras y frutas de kilómetro cero y sin pesticidas, algo que no está reñido con una bella estética. Para que esto sea posible es evidente que debemos introducir un equipamiento especializado y muy bien integrado, un almacén de herramientas, otro de productos frescos, riego por goteo, etcétera.
El tercer tipo de jardín que nos gustaría destacar es aquel pensado como espacio de ocio, un lugar donde jugar y disfrutar. Hablamos tanto de un jardín preparado para su utilización como parque infantil al aire libre, donde disfrutar de todo tipo de actividades en familia, como de uno pensado desde el ocio adulto, con espacios de ejercicio o de organización de eventos sociales por ejemplo.
Existe un concepto oriental que cada vez tiene más seguidores en Occidente: se trata de la sincronización con los ciclos naturales. Consiste en aumentar la capacidad de percibir los matices que el paso del tiempo introduce a lo largo del año en el entorno hasta que, casi sin darnos cuenta, hemos vuelto al comienzo. No se trata simplemente de percibirlos, se trata de disfrutar del aire libre en consonancia con lo que cada época del año nos ofrece.
Cada estación transmite un tipo de sensaciones que podríamos interpretar como grados de intensidad vital de la Naturaleza. En los meses de invierno, esta se encuentra en estado de letargo; no hay frutos, y los árboles han perdido su hoja. La arquitectura del jardín que ha quedado oculta por la frondosidad del verano puede ahora resurgir para compensar esa falta de color y vitalidad; la radiación solar puede aprovecharse para calentar el interior de la vivienda, especialmente si se han sabido escoger los árboles de hoja caduca y disponerlos en la orientación sur de la vivienda. El usuario debe ahora aprovechar la época de siembra, y si desea disfrutar de aromas invernales naturales escogerá orégano y ruda entre sus plantas de jardín.
En primavera llega una explosión de vida. Los aromas de temporada serán la albahaca y el anís, que junto con las todavía frescas brisas primaverales impregnarán el exterior de nuestra vivienda de las mejores esencias. Ya es el momento de la floración de algunas plantas; una buena planificación nos permitirá tener siempre flor de color al alcance de la vista; desde finales de marzo podemos sembrar el nazareno. Un jardín vital atraerá insectos y pequeños animales, algo que puede ser una molestia o una oportunidad de experimentación en familia, dependerá de las expectativas.
Verano es el momento del agua, de disfrutar de la piscina o el estanque. Si optamos por una piscina natural bien equilibrada notaremos cómo a su alrededor no existirán mosquitos ni otros insectos molestos: el propio microsistema vegetal y mineral encargado de la depuración acuática los mantendrá a raya. Además, gozaremos de un agua pura, sin tratamientos químicos potencialmente dañinos para la salud. Ahora los árboles de hoja caduca estarán pletóricos y proyectarán sombras en las zonas que hayamos seleccionado estratégicamente en la planificación del jardín. Florecen numerosas plantas como las malvas que ofrecen flores rojas, rosas y lilas, y si seguimos queriendo disfrutar de los intensos aromas de las plantas de temporada es el momento de la manzanilla y el cilantro.
El otoño obtiene su propia gama de colores de los ocres, pero si queremos romper esa tendencia podemos disponer de caléndulas y sus flores naranjas muy vivaces. Las esencias aromáticas en esta época vendrán del hinojo y el perejil. Es evidente que la hoja caduca implica una dedicación para su recogida ya que es el momento de la caída. Esta época es la que parece inspirar más a las personas creativas; rincones diseñados para la creación o la contemplación encontrarán su máximo esplendor entre octubre y diciembre.
Existe una geometría inherente en el universo que rige desde el ADN de los seres vivos hasta la espiral de la Vía Láctea. Hablamos de la proporción áurea o el número de oro. Esta relación matemática de formas orgánicas es más sencilla de lo que parece y su adaptación a un diseño es sumamente fácil, con resultados espectaculares; no en vano ya la utilizaron arquitectos como Le Corbusier, Sert o Alvar Aalto. Existen hallazgos de construcciones prehistóricas que ya empleaban esta geometría en su forma de ocupar el espacio exterior. Sin ir más lejos, la proporción áurea determina a qué altura y con qué ángulo de rotación brota cada rama de un árbol o la disposición de las semillas en un girasol. Un diseño realizado a través de este conocimiento ancestral trasciende nuestros niveles de percepción habituales para alcanzar una armonía de orden superior para muchas culturas.