Si quieres que tu consumo sea más reflexivo, apúntate al diseño positivo

Más allá de lo visible y lo funcional, hay proyectos que tienen en cuenta valores como la solidaridad, la inclusión social, el bienestar personal y el medio ambiente.

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Hospital de Tambacounda (Senegal), diseñado por el arquitecto suizo Manuel Herz y financiado por la Fundación Josef & Anni Albers y Le Korsa.

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Curro Claret con la lámpara Shoelaces, diseñada para Metalarte en colaboración con la Fundación Arrels.

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Con un enfoque centrado en las emociones de los pacientes, el estudio PMMT trabaja en la reconceptualización de los hospitales para lograr que la experiencia del ingreso hospitalario no sea un trance desagradable. Suyo es el diseño del Institut Marquès de ginecología, obstetricia y reproducción asistida en Barcelona, en la imagen.

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Detalle del aeropuerto de drones para servir zonas aisladas en el Tercer Mundo, de la Fundación Norman Foster.

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Dron portador de semillas para sembrar zonas desforestadas por incendios.

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Proyecto de vivienda temporal empaquetable desarrollada por Ikea para la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR).

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Escuela en Senegal impulsada por la oenegé Foundawtion, creada por el estudio de arquitectura barcelonés DAW Office.

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En los años setenta, el diseñador y activista estadounidense de origen austríaco Victor Papanek (1923-1998) fue el primero en lanzar la idea de que el diseño tiene el poder de influir en la sociedad y la naturaleza con más fuerza que las propias leyes.

Charles Eames decía en los años sesenta que diseñar es planificar la manera de resolver una necesidad de la mejor manera posible. En la actualidad, esa mejor manera es ser consciente y consecuente con la realidad social y ecológica que nos rodea.

Esa compra impulsiva a la que nos habíamos acostumbrado está haciéndose más reflexiva. Ese consumo desenfrenado se va responsabilizando y el diseño no puede sino ser el motor. Un diseño inclusivo, positivo y consciente. Un diseño que no limita la innovación, sino que la hace social, que no frene el desarrollo tecnológico, sino que lo haga para mejorar la sostenibilidad. Un diseño positivo que vaya más allá de satisfacer necesidades y se centre en los necesitados, ya sean personas desfavorecidas o ecosistemas contaminados. Que tenga en cuenta los sistemas culturales donde se desarrolla, que considere a las personas como valor y no solo como unidades del mercado.

Pioneros del diseño consciente

En los años setenta, el diseñador y activista Victor Papanek fue el primero que lanzó la idea de que el diseño es un acto político y como tal el diseñador tiene, si no el deber, al menos el poder de influir en la sociedad y la naturaleza con más fuerza que las propias leyes. Con su provocadora afirmación anticipaba toda la escuela posterior del diseño social, el diseño ecológico y los diferentes enfoques contemporáneos que se dan desde las disciplinas del diseño, la ingeniería y la arquitectura a la sostenibilidad.

Más tarde, otro teórico comprometido como es John Thackara planteó ir más allá de etiquetas concretas y áreas de acción específicas para acuñar el concepto de “diseño consciente”. Nutrido por las ideas de Papanek, pero sobre todo por la urgencia ecológica y social que vivimos, y consecuente con el poder real de impactar en el mundo que tienen los diseñadores, lo resumió simple y poderosamente con ser “conscientes”. Su ideario consistía en que tratar el diseño como contenido de nuestras vidas y no únicamente como un bien de intercambio puede hacer que la mayoría de las problemáticas del mundo puedan solucionarse.

El poder del diseño es muy grande y la mayoría de las veces ni diseñadores ni población en general somos conscientes de todo lo que se puede hacer de manera sencilla. Para acercarnos la idea del diseño con impacto positivo existen plataformas como whatdesigncando, donde se comparten casos prácticos y se lanzan retos para encontrar soluciones a los problemas actuales de nuestro mundo a través del diseño.

En ayuda del medio ambiente

El ecodiseño positivo es el que no únicamente trata de evitar los daños provocados al fabricar el producto, sino que crea productos que actúan de manera regenerativa. Es decir, que su función es corregir impactos ambientales ya producidos.

Para el enorme problema de los plásticos del mar ya se están diseñando y poniendo a pleno rendimiento sistemas parecidos a barcos que, como si fueran aspiradoras marinas, se van tragando los residuos que desgraciadamente han ido a parar al océano. Y en esta línea podríamos pensar también en los drones que siembran zonas deforestadas o las barreras de acacias que sirven para que el desierto no avance… y multitud de diseños encaminados a mejorar positivamente la ecología.

Creadores comprometidos

Hay diseñadores que toman una línea de acción clara durante toda su carrera, en la que el compromiso y la coherencia personal con el proyecto se anteponen a cualquier otra cuestión. Uno de esos diseñadores militantes del bien común es Curro Claret. Entre sus múltiples acciones de diseño social encontramos incluso proyectos para grandes firmas de diseño como por ejemplo las tiendas Camper Together de Barcelona y Madrid, que realizó en colaboración con la Fundación Arrels de ayuda a personas sin hogar. Un interiorismo realizado íntegramente por residuos recogidos de la calle y que da trabajo a las personas más necesitadas con una dosis de diseño digno de estudiar.

Otro ejemplo que nació de esta primera experiencia son las lámparas diseñadas para Metalarte, fabricadas en los talleres de la Fundación y construidas con cordones sobrantes de la fábrica de zapatos de Camper. De nuevo generando trabajo, aprovechando residuos y aportando diseño. Diseño 100% positivo.

El impacto social y ambientalmente positivo es un valor para cada vez más empresas y diseñadores. La iniciativa Aflote, promovida por el Premio Nacional de Diseño y empresario Lluís Morón con Morillas, Ramon Úbeda, OiKo y un equipo de diseñadores y artistas de primer nivel, une fuerzas con oenegés locales para implementar un sistema de recogida de tapones de corcho fuera de uso por personas sin recursos, reciclarlos en nuevos materiales y transformarlos en productos de alto valor que rentabilicen todo el proceso.

Morón también está implicado en otro proyecto solidario impulsado desde la ONG Foundawtion, creada por el estudio de arquitectura barcelonés DAW Office, para desarrollar propuestas que cubran necesidades arquitectónicas en zonas desfavorecidas, y cuyo primer fruto ha sido la construcción de una escuela en Senegal.

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