Si no quieres renunciar al plástico, apúntate a su versión más ecológica

Una nueva generación de productos basados en el reciclaje y componentes naturales demuestra que el plástico no ha dicho su última palabra en materia de sostenibilidad.

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Colección de asientos Ibiza, diseño de Eugeni Quitllet para Vondom, fabricada con plástico recogido del mar.

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Zapatillas deportivas Cotton+Corn, de Reebok, fabricadas en parte con residuos de maíz y patata.

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Los contenedores Componibile Bio, de Anna Castelli Ferrieri para Kartell, están fabricados con un bioplástico procedente de la agricultura.

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Alfombra Etnica Kilim, de Inma Bermúdez para Now Carpets, fabricada con plástico PET de botellas recicladas.

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Bandeja de comida de Priestmangoode, realizada con granos de café y cáscara de arroz.

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Las algas son la base de este chubasquero de Charlotte McCurdy.

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Las puertas de los armarios de la cocina Kungsbacka, diseño de Form Us With Love para Ikea, son de madera reciclada recubierta de una lámina obtenida del reciclaje de botellas de plástico PET.

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Gafas de la firma Cubitts fabricadas con bioplástico.

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La lámpara Hive, de Luke Deering para Plumen, está hecha de bioplástico PLA y se produce bajo demanda con impresión 3D.

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Jarrones de bioplástico realizados en 3D, de Crafting Plastics Studio.

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La silla Kuskoa Bi, de Iratzoki Lizaso para Alki, fue la primera del mercado en fabricarse con bioplástico.

Existe una encendida polémica acerca de si hablar de plásticos ecológicos es una realidad o un oxímoron –ya saben, esa figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto–.

Muchos colectivos ecologistas denuncian que hay mucha desinformación acerca de las supuestas bondades de los bioplásticos, alertan contra la política de greenwashing –lavado de imagen– de las marcas y consideran que el único plástico “bueno” es el que no se utiliza.

Pero por otro lado, las ventajas inherentes de los productos plásticos –en especial su ligereza y resistencia– tienen una innegable connotación ecológica: para su almacenamiento y transporte se requiere un embalaje mucho más reducido que en el caso de materiales más “limpios”, pero también más frágiles, como el vidrio, lo que a la postre redunda en un menor consumo de materiales.

Como suele ocurrir en cualquier asunto relacionado con el medioambiente, conviene sopesar muchos factores, y no solo los más evidentes, para determinar si los plásticos tienen o no futuro en nuestra vida. Y a nadie se le escapa que los peros a la nueva generación de plásticos probablemente puedan salvarse en los próximos años gracias a la constante innovación.

Lo que sí es cierto es que si queremos utilizar el plástico con la mente puesta en la protección del planeta debemos aprender a manejar los conceptos de modo adecuado. La mayoría de los denominados plásticos biodegradables necesitan unas condiciones específicas para que se biodegraden que solo pueden producirse en plantas de compostaje industrial. Es decir, el plástico biodegradable no desaparece si acaba en un vertedero o en el mar.

Y el hecho de que procedan de fuentes renovables no significa que en su fabricación no puedan utilizarse sustancias químicas nocivas. Por eso, como consumidores tenemos la responsabilidad de conocer qué tipo de plásticos usamos y asegurarnos de darles el final menos perjudicial para el entorno. Y eso pasa por reciclarlos, reutilizarlos o reducir su uso.

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