Reformas sostenibles: todo lo que hay que tener en cuenta

Incorporar el factor sostenible en la reforma de nuestra casa no debería ser a estas alturas un aspecto opcional. El origen de los materiales y el consumo energético se suman a una visión más ambiciosa del impacto medioambiental a través de la construcción reversible y la reducción del uso de recursos naturales.

Colección de cerámica 'Forma', diseño de Ferriani Sbolgi para Bolia

Colección de cerámica 'Forma', diseño de Ferriani Sbolgi para Bolia

La sociedad occidental está inmersa en un cambio de paradigma que trasciende a muchos niveles, desde la economía mundial a la cuestión de género. La conciencia de la sostenibilidad y la reducción del impacto medioambiental, en cambio, ha ido despertando paulatinamente en el transcurso de varias décadas: recordemos que hace ya más de 40 años que se celebró en Ginebra la primera Conferencia Mundial sobre el Clima, y que esta conferencia se pudo organizar tras décadas de investigación y de acumulación de evidencias científicas.

Podríamos escudarnos en la afirmación de que el capitalismo más despiadado, el del consumo lineal y sin límites, es el responsable de nuestra visión de la vivienda como objeto de "usar y tirar", pero esa excusa también ha caducado. Hemos de comprometernos al cien por cien, desde la posición de técnicos y promotores, para caminar hacia una construcción de mínimo impacto, como hacen estos estudios españoles de arquitectura e interiorismo.

Una obra, nueva o de reforma, genera muchos residuos durante su ejecución, y a pesar de que ya existe regulación legal para su gestión, esta no se está cumpliendo de forma eficiente, especialmente en el ámbito de la reforma. La normativa se centra en la recogida selectiva en obra y el traslado a una planta de tratamiento autorizada. La pregunta es si esos materiales han sido concebidos para su recuperación, reciclaje o reutilización, y la respuesta es un rotundo no en la mayoría de los casos.

El concepto de economía circular suena cada vez con más fuerza en todos los sectores económicos en los que existan procesos de creación y consumo de recursos naturales. Este concepto se define como Cradle to Cradle (de la cuna a la cuna). Es una propuesta muy ambiciosa que plantea una certificación internacional que englobe desde la composición química de los materiales hasta la gestión del agua o la justicia social. Como es natural, una vez asentada la propuesta esta ha de descomponerse en pequeñas partes que sean realizables. En la construcción, cada fabricante deberá aportar su grano de arena.

¿Dónde comienza el concepto de reducción de impacto para una obra? Mucho antes que la redacción del proyecto y la construcción: comienza en la conciencia social. Las promotoras, ya sean grandes, pequeñas, privadas o públicas, han de ser las primeras en solicitar un diseño de bajo impacto medioambiental. Afortunadamente ya se exige una alta eficiencia energética y bajo consumo a los edificios, un hecho muy positivo, pero que nada tiene que ver con la reducción del impacto de la obra durante el proceso de construcción.

El concepto de reformar, utilizar y derribar para volver a empezar tiene un gran vacío que ya apuntábamos unas líneas atrás: los materiales de derribo van a una planta donde son gestionados. Si el objetivo es reintroducir el mayor porcentaje posible de materiales en la cadena de construcción, es necesario un profundo cambio en la manera en que los elementos constructivos soncreados e introducidos en obra.

El arquitecto Bjarke Ingels afirma que "la sostenibilidad no puede ser una especie de sacrificio moral o dilema: debe ser un desafío".

Hace ya unos años que se trabaja con el concepto de arquitectura o construcción reversible, que propone una vuelta de tuerca más al conocido paradigma de diseño Cradle to Cradle (de la cuna a la cuna) y que, después de casi cincuenta años de su creación, necesita nuevas propuestas a su alrededor para impulsar su implementación. Este concepto de construcción tiene su mayor sustento intelectual en el trabajo de la Dra. Elma Durmisevic Reversible Building Design Guidelines and Protocol, realizado para la entidad BAMB y presentado el año 2018. Durmisevic propone tres dimensiones de reversibilidad de la construcción, que han de ser consideradas ya en los procesos iniciales del diseño si realmente se pretende que tengan una viabilidad real. La primera de ellas es la reversibilidad espacial. Consiste en concebir los espacios con una baja especialización que permita su conversión a otros usos o a variaciones del mismo uso, sin que sea precisa una intervención profunda.

Una aplicación de este concepto sería establecer los núcleos de servicio de una vivienda (cocina, lavabos, galería y sala de caldera) en un lugar fijo y compacto, y organizar el resto del espacio de forma diáfana y abierta, con divisorias muy ligeras y colocadas sobre el pavimento existente. Así, un futuro cambio de distribución de tabiquería no implicará un cambio de material del suelo. Desde esta perspectiva, hay muchos aspectos sobre los que trabajar: iluminación, cromática, mobiliario fijo o móvil, etcétera.

En opinión del arquitecto Rafael Hernández, autor del artículo, "durante mis casi veinte años de profesión he podido constatar una tendencia a exigir a la sociedad lo que no nos exigimos a nosotros mismos. Todo lo que introduces en casa, sea un pavimento de madera, una bombilla o una alfombra, tiene un impacto en el medioambiente. Puede ser alto o bajo, incluso puede llegar a ser positivo. Comenzar a tomar decisiones hacia una arquitectura reversible o hacia un estilo de vida de bajo impacto pasa por cambiar la noción de comodidad y aprender a renunciar sin reducir nuestra calidad de vida. Hemos de dejar de vivir por encima de las posibilidades de regeneración de nuestro planeta".

La reversibilidad estructural consiste en la definición de las relaciones entre los elementos de obra y sus funciones de manera que satisfaga los requisitos y las restricciones para el desmontaje, la reutilización y la transformación, aspecto que se ha de desarrollar en los laboratorios de I+D de los distintos fabricantes. Finalmente, la reversibilidad de los materiales hace referencia a la capacidad de realizar todos los elementos del mobiliario, puertas, cocinas, equipamiento y revestimientos con sistemas de construcción en seco. Nada de colas, aglomerados, morteros o pinturas, pues son productos que una vez adheridos al soporte no pueden ser separados para su reutilización.

Todas estas propuestas se asientan sobre el concepto de entender los espacios construidos como contenedores de materiales que, una vez acaben su servicio, serán recuperados y utilizados en otras construcciones.

El proyecto BAMB (Edificios Como Bancos de Materiales) nace en 2020 en Europa para permitir un cambio sistémico en el sector de la construcción mediante el diseño de soluciones circulares. BAMB está creando formas de aumentar el valor de los materiales de construcción. Los edificios diseñados de forma dinámica y flexible pueden incorporarse a una economía circular, donde los materiales mantienen su valor. Eso conducirá a la reducción del consumo de materia prima y de generación de desechos. Se trata del proyecto de innovación y desarrollo tecnológico más grande en la historia de la Unión Europea. En esencia, plantea un futuro en el que los edificios se construyan con materiales que, una vez acabada su vida útil, sean recuperados sin que estos pierdan gran parte de su valor original.

Una vez reformada, una vivienda puede permanecer inalterada fácilmente entre diez y veinte años, incluso más. Implementar sistemas de bajo consumo de energía e, incluso, reflexionar sobre los productos de limpieza y mantenimiento utilizados diariamente también sumarán en el sentido de reducir el impacto medioambiental de nuestra casa.

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