Lo último para poner la mesa: inspírate en los bodegones de Sánchez Cotán

Los frutos de la Naturaleza y los utensilios de cocina forman parte de la vida cotidiana y, a la vez, son objetos que despiertan nuestra sensibilidad estética. El bodegón atraviesa estilos y épocas.

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"A partir de un pequeño alimento, puedes hacer un viaje eterno", asegura la food designer Pepi de Boissieu. Fotografía del libro "A Journal of West Coast Culinary" (Artilleriet).

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Las artes no entienden de relojes. En esta imagen –una col blanca en el centro de un plato blanco– el tiempo queda suspendido.

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La colección Wild Wood de H&M Home apela a la estética tradicional, sin renunciar a la estética contemporánea.

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El virtuosismo de los bodegones tiene un componente hipnótico. Misteriosas composiciones que toman lo visible por comestible.

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Los materiales naturales, como la terracota, ayudan a tener una mesa más orgánica. En la fotografía, vasija de Atelier Polykedre.

Platos y salvamanteles de Ferm Living

En la mesa, la sencillez se agradece. En esta composición, dos platos blancos descansan sobre un individual de patchwork, ambos de Ferm Living.

Mesa con platos de Bloomingville

Los colores de la Naturaleza inspiran esta colección de platos de Bloomingville.

Mantel de rayas y platos de Hk Living

La mesa es un lienzo en blanco o, en este caso, un lienzo a rayas, en el que se sitúan magistralmente dos platos con artísticas manchas de color. Todo es de Hk Living.

Mesa de madera con cuberteria de Iittala

La cubertería de Iittala se combina con piezas de madera para crear una estética conceptual.

Mesa con manteleria blanca y platos de Wik & Walsoe

La mantelería y los platos blancos de Wik & Walsoe dan todo el protagonismo a la comida.

El tiempo de las artes no es el de los relojes, parecen decir estas imágenes fotográficas actuales que nos remiten a la tradición pictórica del bodegón: frutas, verduras, hortalizas, aves y enseres domésticos tratados como motivos artísticos. Una col blanca en el centro de un pato blanco. Unos calabacines verdes en una cesta de mimbre, sobre una mesa escueta y gris. En un cuenco, sobre un mantel azul noche, una granada a medio desgranar. Sin duda, habría que volver la mirada a las jarras y fuentes de huevos de los frescos de Pompeya y Herculano si buscamos el origen de esta forma de representación visual. Pero es Cesta de frutas (1599), de Caravaggio, el que ha sido considerado, con sus uvas, membrillos, higos y su mimbre bien trenzado– como uno de los primeros y el más célebre de los bodegones. El género fue cultivado en España de forma magistral, desde Sánchez Cotán y Zurbarán hasta Picasso.

Pero ¿qué vemos en el bodegón? ¿Qué vemos en los cardos, coles, melones, pepinos y perdices de Juan Sánchez Cotán, pintor de hipnóticos y misteriosos bodegones: productos hortícolas o composiciones pigmentadas de luz y sombra? Hipnóticos, por el virtuosismo naturalista que provoca la ilusión (el trampantojo decorativo estaba de moda) de tomar lo visible por comestible. Pero ya lo aclaró el poeta Jorge Guillén: "Un bodegón no es comestible. Son solo seres imaginarios con forma y color muy concretos". La composición coloca a esos "seres imaginarios" (espárragos, quesos, panes imitados al milímetro...) en un hueco negro que es un espacio mental, donde la exactitud realista adquiere una dimensión misteriosa.

El arte de cada época convierte en seres diversamente "imaginarios" los frutos de la Naturaleza y los utensilios de cocina. El bodegón cubista (Picasso, Juan Gris) fragmenta y retuerce toda clase de enseres. A Andy Warhol le bastó reproducir latas de sopa Campbell. Pero el mediterráneo Miquel Barceló ha regresado al mercado y al puerto, en busca de motivos. Y algunos fotógrafos bañan, con la luz oscura del barroco español, un plato de ostras.

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