Una lámpara que es a su vez rústica y con estilo

La colección Djembé, de Joan Gaspar para Marset, crece tanto en dimensiones como en formato. La personalidad la sigue aportando la textura granulada, que se asemeja a la piedra natural.

Una buena iluminación puede conseguir que te vuelvas a enamorar de tu casa. Partiendo de la base de que la mayoría de nosotros pasamos más tiempo en casa de noche que durante el día, tiene toda la lógica que le demos a la iluminación la atención que merece.

Con el propósito de iluminar más y mejor los espacios amplios, la colección Djembé, creada por Joan Gaspar para Marset, crece tanto en dimensiones como en formatos. Las nuevas versiones, de techo y de suspensión, que se presentan en Light + Building 2020, tienen un metro de diámetro. Gracias a la técnica del rotomoldeo del polietileno de doble inyección, el interior y el exterior se diferencian radicalmente. Por fuera, su textura granulada se asemeja a la piedra natural, en tonos blanco, azul celeste, rojizo o gris. El interior es blanco y liso para reflejar la luz indirecta con toda su intensidad como una claraboya con forma de bóveda semiesférica. La combinación de varias piezas de diferente diámetro y altura, que incluyen dos modelos con otra campana superior invertida y de menor tamaño, crea un fascinante efecto decorativo.

Boceto de la lámpara Djembé 100 de Joan Gaspar para Marset.

Boceto de la lámpara Djembé 100 de Joan Gaspar para Marset.

Así, la nueva versión de techo de la lámpara Djembé 100 de Marset es ideal para iluminación general, para que el espacio quede iluminado de una forma uniforme. Con sus dimensiones, la lámpara de Joan Gaspar ocupa un lugar importante en cuestión de decoración. La textura granulada de la parte exterior combina a la perfección con objetos de barro o de cerámica, trabajados con las manos de expertos artesanos. El interior de la lámpara, de color blanco, comina con unas paredes blancas que dan una sensación de luminosidad aún más grande a toda la estancia.

Joan Gaspar aprendió el oficio de diseñador insustrial de la mano de Lluís Porqueras. En aquella época, Porqueras tenía una pequeña editora de lámparas en el barrio de Poblenou, de Barcelona. A Gaspar le gusta pensar –tal y como él mismo afirma– que sus trabajos siguen manteniendo el espíritu de aquellos años primeros años "porque me sigue gustando más hablar de cómo he hecho las cosas y cómo las he resuelto que del resultado final".

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