Una lámpara inédita de los años 70 vuelve a la vida gracias a Marset

La MVV, tal como se llama, fue descubierta por el nieto del arquitecto y diseñador catalán, Manuel Valls Vergés, colaborador de Coderch, 45 años después de su creación.

El nieto de Vergés fue quien encontró esta lámpara diseñada por su abuelo hace 45 años.

El nieto de Vergés fue quien encontró esta lámpara diseñada por su abuelo hace 45 años.

Para conocer la verdadera historia de la MVV tenemos que volver a los años 70. Esta nueva lámpara de suspensión inédita hasta la fecha fue diseñada por Manuel Valls Vergés, uno de los arquitectos más relevantes de ese momento en España, así como socio de José Antonio Coderch durante 15 años. Sin ir más lejos, junto a Coderch, Vergés estuvo detrás de la construcción de la siempre a reivindicar casa Ugalde cerca de Barcelona, una parcela boscosa frente al mar en Caldes d'Estrac propiedad del ingeniero industrial Eustaquio Ugalde Urosa.

El nombre de MVV responde a las siglas de Manuel Valls Vergés, reivindicando así su autoría. Así lo ha querido expresamente su nieto Pablo (también arquitecto), ya que fue el que encontró esta lámpara diseñada por su abuelo cuando la familia vaciaba el piso en el que vivió. El destino había marcado que, 45 años más tarde, se rescatase este diseño inédito.

Las siglas MVV responden a su autoría: Manuel Valls Vergés.

Las siglas MVV responden a su autoría: Manuel Valls Vergés.

Ante esta historia Marset hace de bisagra en el tiempo, recoge el diseño original (compuesto de un octágono con láminas que se superponen) y lo actualiza proporcionándole una doble piel: madera de cerezo en el exterior de las láminas, y color blanco en su interior para optimizar la calidad de la luz. Se ha respetado su tamaño de 45 centímetros y, en cuanto a su estructura interior, que originalmente era de hierro, pasa a ser de policarbonato para que destaque su ligereza. Con la madera como materia, la MVV consigue una iluminación excepcionalmente cálida.

La MMV destaca por su luz extremadamente cálida.

La MMV destaca por su luz extremadamente cálida.

Estamos ante una lámpara sobria, racional y eminentemente geométrica que no deja de ser como un juego de construcción en el que conviven luz directa hacia abajo y luz indirecta que se filtra a través de sus láminas. Un diseño que, a pesar de ser atemporal, responde a la lógica constructiva de los setenta y trae a la memoria una gran cantidad de recuerdos y referencias.

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