Te sentirás como en el campo en la primera tienda de flores Colvin en Barcelona

La ciudad condal acoge el primer establecimiento de esta firma de venta de flores online. El proyecto, a cargo de Roman Izquierdo Bouldstridge, pretende ser un campo en medio de la ciudad.

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Un innovador sistema flexible formado por una serie de volúmenes de prismas de madera eleva los ramos a la altura de los ojos.

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Todo aquel que visite la tienda puede pasear entre los ramos antes de escoger el que más le guste.

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Colvin nació en 2016 con el objetivo de revolucionar un mercado todavía muy tradicional.

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La tienda está ubicada en la calle Pau Claris 113 de Barcelona y propone una experiencia cinco sentidos.

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Los prismas de madera recrean los troncos de los árboles de un bosque. Hechos a medida, tienen diámetros y alturas diferentes.

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En la tienda se realizan talleres que permiten a los usuarios tocar, oler, sentir y jugar con las flores.

Colvin, pioneros en la venta de ramos de flores frescas online, da el salto al mundo offline con su primera tienda en Barcelona, un espacio de 100 m2 en Pau Claris 113 inspirado en el concepto de atelier. Además de comprar flores, en la tienda se realizan talleres, charlas y otras actividades vinculadas al mundo de la creatividad.

“El aroma de las flores es uno de sus principales componentes emocionales y eso es algo que no podemos mostrar en el mundo digital, así que este paso viene dado casi por la naturaleza del propio producto”, dice Marc Olmedillo, CMO y cofundador de Colvin.

La tienda consta de una área de exposición, donde los clientes eligen su ramo, y un taller semiabierto donde los floristas preparan sus composiciones, además de las áreas privadas. Todas estas zonas se conectan a través de puertas correderas.

El proyecto de la tienda, que ha corrido a cargo del estudio Roman Izquierdo Bouldstridge, parte de la transformación de un espacio que, anteriormente, albergaba una oficina bancaria. La inspiración para el diseño fue reinterpretar un campo de flores con caminos a la sombra de los árboles, creando una nueva atmósfera donde lo natural y lo artificial se fusionan.

Primero, el estudio recuperó los altos techos y las paredes de ladrillos que ofrecía el propio local. Luego, se homogeneizó todo con una misma textura rugosa. Y, finalmente, se pintó todo del color protagonista de la tienda, el blanco. El resultado es una nueva forma de paisaje que anima a los visitantes a explorar las flores en una topografía natural. Un escenario que estimula a sentir la naturaleza con la vista, el olfato y el tacto. La percepción de un espacio de gran altura se enfatiza a través de la verticalidad de los troncos de los árboles y de la escultórica columna de hierro. Los espejos duplican el espacio y ofrecen a los clientes la experiencia de verse a ellos mismos reflejados en un campo de flores. Una experiencia inolvidable.

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