Apostamos por la decoración anti-estrés de este hotel rural

El hotel Quinta da Côrte, con sosegados interiores diseñados por Pierre Yovanovitch, propone un gratificante viaje por la cultura vinícola del valle del Duero

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Pierre Yovanovich ha ampliado el edificio original con un espacio de arcos y bóvedas encaladas que evoca las antiguas bodegas.

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La mesa de roble, las sillas Monsieur et Madame OOPS y la lámpara de suspensión de metal y vidrio soplado son un diseño de Pierre Yovanovitch.

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Pierre Yovanovitch creó los diferentes espacios del chai –la nueva bodega que alberga almacén, oficinas, comedor y zonas de degustación, como la de la imagen– con un estilo que combina simplicidad y funcionalidad, conjugando artesanía local y diseños contemporáneos.

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En la tienda de vinos, una mesa elevada con sobre de cemento azul y taburetes metálicos.

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En el salón, el sofá, de P. Yovanovitch, convive con dos butacas de Henning Kjaernulf y la lámpara de suspensión de Hans Bergström.

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Aplique de P. Yovanovitch. Lámpara de pie Marsha, de A. Benoit para Pierre Yovanovitch.

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Butaca Stora Kraal, de Kerstin Hörlin-Holmquist. El resto de diseños es de Pierre Yovanovitch.

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La Casa la integran doce habitaciones distribuidas alrededor del edificio principal y en dos pequeños anexos.

Este es un territorio pródigo en viñedos de montaña distribuidos en terrazas que siguen el relieve y dan aroma y sabor a los sentidos más exquisitos. En el valle del Duero portugués, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, se cultivan vides que, alimentadas por el suelo y el sol, por el agua y el aire, dan uvas con las que se elaboran vinos tintos y oportos de gran calidad.

Los huéspedes del hotel Quinta da Côrte, creado por Philippe Austruy y abierto en abril de 2018, pueden degustarlos en las mesas del comedor, en las bodegas o en la tienda. Porque se trata de un hotel y, a la vez, de una especie de templo de Baco, a partir de una finca familiar construida en el siglo xix.

Así como los vinos se nutren del agua y los minerales del lugar, también el edificio se ha reformado y ampliado con un anexo con materiales y artesanías de la región. Para ello, Austruy contó con la complicidad del interiorista con base en París Pierre Yovanovitch, quien ha realizado un ejercicio de sublimación contemporánea de la tradición local.

El río y los viñedos entran por las ventanas, en las áreas públicas y en las habitaciones, donde la piedra caliza, el esquisto, la madera y el hormigón constituyen la base material, y la cerámica de lámparas y mesillas de café y el tejido de las alfombras aportan los colores y las texturas de la famosa artesanía portuguesa. Azulejos manufacturados en los tonos de la tradición (verde bosque, azul real y rosa pálido), los cabeceros de cama inspirados en el archivo de la Fundación Gulbenkian y la colección de platos antiguos conviven con obras de arte del siglo xx.

Pero ¿qué parte del hotel es visitada con más ilusión? Sin duda, el edificio contemporáneo de tres plantas que Yovanovitch ha diseñado para el almacenamiento, la degustación y la compra de vinos, y que comportó la excavación a una profundidad de 20 metros en el basamento de esquisto. Por un suelo de piedra, entre arcos y bóvedas encaladas que evocan con pureza casi monástica las antiguas bodegas, los oficiantes del rito dionisíaco avanzan hacia una majestuosa escalera de azulejos que conduce a la planta o cumbre del placer.

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