PhotoEspaña reivindica a Margaret Watkins, figura clave y olvidada de la historia de la fotografía

Fotógrafa pionera, mujer rebelde. La frontera entre lo doméstico y el arte se funde en las imágenes de Margaret Watkins. Retratos, bodegones y paisajes con un lenguaje poético y personal que cautiva.

Imagen de una mujer elegante con una taza de café. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Imagen de una mujer elegante con una taza de café. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Margaret Watkins nació en Canadá en el seno de una familia súper conservadora y religiosa, un ambiente que debió de considerar asfixiante porque no tardó en marcharse, pasando a vivir una vida de rebelión. Rechazó los roles de género de la época y consiguió lo que poquísimas mujeres alcanzaban por aquel entonces, el éxito profesional y artístico, trabajando como fotógrafa publicitaria. Corrían los años 20 y ella vivía en Nueva York, su estudio se encontraba en el Greenwich Village y, desde ahí creaba lo que supondría una enorme aportación a la fotografía del S. XX y realizaba imágenes para Condé Nast, Reimers, The New Yorker, Ladies's Home Journal y Country, entre muchos otros.

Bodegón en blanco y negro de unos huevos y un trapo en un fregadero. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Bodegón en blanco y negro de unos huevos y un trapo en un fregadero. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Su curiosidad u ojo fotográfico circulaba, a menudo, en torno a lo cotidiano, a la frontera entre la vida doméstica y el arte. Una de sus series fotográficas más interesantes, que podrá verse en la exposición de CentroCentro, es la llamada "Domestic Symphonie", donde la artista juega con objetos de casa dotándolos de formas de lo más sugerentes. Ejemplo de ello es la fotografía en que aparecen tres huevos y un trapo sobre lo que parece un fregadero, Watkins logra, de forma casi misteriosa, llenar la imagen de un erotismo velado a través de las líneas curvas y las texturas. Maga de la composición, logra crear absoluta belleza y emocionalidad a partir de los objetos más inesperados, la taza y el plato del té descascarillados, la jarra de leche sucia, en remojo bajo un grifo cerrado. Piezas carentes de interés, (aunque el paso del tiempo siempre tiñe las imágenes con el atractivo color de la nostalgia), alcanzan la categoría de obra de arte a través de la lente de Margaret que los dispone siempre en un cautivador baile de formas.

Paisaje con dos mujeres caminando, interesante encuadre a través de una estructura de madera. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Paisaje con dos mujeres caminando, interesante encuadre a través de una estructura de madera. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Watkins, convencida de que no había realidad tan banal que no se dejara apropiar por el arte, coincidió en tiempo y ciudad con Marcel Duschamp, y podríamos tal vez decir que su obra es, en cierto modo, parte del movimiento "ready made" convertida en fotografía y sensibilidad.

A pesar de haber alcanzado en vida una cierta repercusión y reconocimiento, a día de hoy la artista de origen canadiense es prácticamente desconocida. Por suerte, y gracias a iniciativas como ésta, el enorme error empieza a ser subsanado. Sus imágenes empiezan por fin a ser vistas. Qué importante el trabajo de comisarias como Anne Morin, la artífice detrás de esta exposición, de rescatar del olvido a las figuras femeninas del arte dándoles el lugar que merecen en la historia.

En Black Light, la exposición organizada por CentroCentro en el marco de PhotoEspaña, encontramos una retrospectiva de su obra con 150 imágenes que datan entre 1914 y 1939. La selección incluye retratos, paisajes, bodegones, escenas callejeras y trabajos comerciales. Puede verse en Madrid hasta el 26 de septiembre de 2021.

Bodegón costumbrista, una pastilla de jabón y un cepillo en el baño. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

Bodegón costumbrista, una pastilla de jabón y un cepillo en el baño. Margaret Watkins. PhotoEspaña 2021

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