Phillipe Starck diseña en Ronda la experiencia de oleoturismo total

Al programa LA Organic Experience se suma la oferta para dormir en un cortijo decorado por el diseñador francés

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El aceite fue siempre en España un negocio tradicional, al menos en términos de imagen. Hasta que en los años 90 llegó el diseñador francés Phillipe Starck a Ronda (Málaga), donde creó para la marca LA Organic –de la que es accionista– un envase consistente en una lata con una gráfica rompedora y contemporánea. Su éxito fue inmediato y propició que se exportarán por todo el mundo sus aceites ecológicos. Los años pasan y surgen nuevos retos. El actual es de oleoturismo.

Tomando como referente el turismo del vino, el proyecto LA Organic Experience nace con la vocación de enseñar a apreciar la producción del aceite de oliva orgánico a través de visitas guiadas y con la posibilidad de pernoctar en la finca tras el reacondicionamiento por el francés de un viejo cortijo. En una segunda fase (2020) se inaugurará El Toro, un edificio que formará parte del itinerario y albergará diferente tipo de actividades. El objetivo de Starck es que “la gente salga diciendo he estado en uno de los lugares más mágicos del mundo y me ha hecho más creativo”.

El recorrido tiene lugar en torno a una finca de 25 ha en caída hacia la Sierra de Grazalema. Empieza con la visita al Greenhouse, un invernadero que integra una almazara artesanal, una embotelladora y una etiquetadora. Continúa por el cuidado huerto ecológico, con múltiples frutas y verduras de temporada, un pequeño viñedo, el jardín de frutales y la ermita de Doña Lola. Durante el periplo podremos contemplar diversas instalaciones artísticas concebidas por el diseñador galo. Aprenderemos sobre el olivar caminando entre diferentes variedades de todo el mundo y concluirá la visita con una cata de aceites.

Los más afortunados podrán quedarse a dormir en el cortijo Los Azules, con solo cuatro habitaciones. Conserva su estética tradicional con componentes rústicos decorativos como el uso de la madera en su estructura exterior. El nombre viene dado por las tonalidades y colores de antaño. En la actualidad está pintado en vainilla y su fachada la recubre una gran sábana de hiedra. Al respetar la arquitectura tradicional,
 disfruta de una temperatura y
 humedad óptimas, ayudado por la profusa vegetación
 que le rodea. Su alberca se reconvirtió en piscina, mientras que en la decoración se combina la estética moderna con la contemporánea. El suelo sigue siendo de baldosas de terracota para saber dónde pisamos.

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