La obra de Georgia O'Keeffe llega a Madrid

El Museo Thyssen-Bornemisza anuncia la primera exposición retrospectiva de la pintora americana en España

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Georgia O KeeffeBlack Mesa

Back Mesa, 1930. Los colores vivos y las formas enroscadas del paisaje de Arizona.

Georgia O KeeffeNueva York

"Calle de Nueva York con luna", 1925. Georgia O´Keeffe pintó los rascacielos neoyorquinos a la luz de su visón.

Georgia O Keeffealmeja

Las formas curvas (como en Almeja y mejillón) se repiten en su obra.

Georgia O Keeffeabstraccion temprana

Uno de los dibujos tempranos y abstractos de la artista estadounidense.

Georgia O Keeffeestramonio

En 1924, O'Keeffe pintó Petunia número 2, la primera de sus famosas flores.

Georgia O Keeffepatio

Una de las obras de Georgia O'Keeffe dedicadas a la tipología poética de los patios.

Georgia O KeeffeGOK Stieglitz 2

Georgia O'Keeffe vista por su marido Alfred Stieglitz, el gran fotógrafo y promotor del arte moderno.

Georgia O Keeffelirio 7

Retrató las flores en primerísimo plano, como vistas por una abeja o una mariposa.

Georgia O Keeffeamapolas

La artista observó las flores con interés de botánico y las pintó según su concepción moderna y fresca del arte.

Georgia O Keeffelucero

La epifanía de colores vivos en su visión de los paisajes que recorrió durante su larga vida aventurera.

Georgia O KeeffeGOK Stieglitz 1 0

Alfred Stieglitz fotografió a Georgia O'Keeffe a lo largo de toda su vida, incluso ya divorciados.

Georgia O Keeffeserie I n3

Series I, No. 3, 1918. Obra abstracta de la artista estadounidense.

Es sin duda un acontecimiento cultural de inusual importancia la exposición de Georgia O'Keeffe que el Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) abrirá en abril. Esta primera retrospectiva de la artista estadounidense en España es verdaderamente exhaustiva, ya que arranca con algunas de las obras primerizas que deslumbraron al público de su país y, siguiendo un orden cronológico, recorre toda su evolución. Y el visitante puede aprovechar el valor pedagógico de ese orden y también –en afinidad con la afición de O´Keeffe por los desplazamientos- mariposear una y otra vez alrededor de carbonillos, acuarelas y óleos de distintas épocas. Empezar, por ejemplo, por las flores, el motivo que la hizo más famosa sobre todo porque fueron interpretadas como símbolos eróticos, de lo cual la pintora solía lamentarse, y no por pudor (de joven posó desnuda a menudo para su marido, el gran fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz) sino por considerar esa opinión como "meramente humana", ajena a los misterios de la naturaleza y a la lógica formal del arte.

En la serie Jack in the pulpit, uno de los nombres populares de una planta herbácea (Arisaema triphyllum) originaria de zonas pantanosas de Estados Unidos que George O´Keeffe observó con ojo botánico y pintó con formas y colores de artista que transitaba del lenguaje abstracto al figurativo y sus transiciones. Las inflorescencias amarillas o verdes con rayas moradas, la espiga erecta y encapuchada con la vertical blanca contra un fondo oscuro están en primer plano, como vistas por una abeja ("La gente mira las flores sin verlas", decía), sobre fondos mínimos construidos para la imagen. Expone la metamorfosis sexual de la planta con expresión artística en sintonía con las corrientes revolucionarias de su época y a la vez con rebosante singularidad.

Con el mismo procedimiento nacieron las series de paisajes geológicos, las grietas cavernosas color bermellón, los rascacielos neoyorquinos a la luz de la luna y con azulados remates art decó, cuando en los años veinte –mientras ella los pintaba- resplandecía ese estilo en la ciudad que ya competía con París como Olimpo internacional del arte.

Georgia O´Keeffe fue una gran viajera a bordo de toda clase de vehículos por su país y el mundo y también a pie, en busca de raíces americanas, de huesos y piedras del pasado indio y de montañas azules que parecen intocadas. Visiones de nubes desde la ventanilla de un tren y del fulgor color cadmio de un pedrusco en el camino o, simplemente, de una enigmática puerta negra en un paredón de un rojo cresta de gallo. "Durante una caminata, parece que estoy buscando algo de mí misma ahí fuera". O´Keeffe ve las curvas abstractas de una flor, un capitel, una ola, un remolino de arena o una almeja. Ve desde el peristilo de una flor hasta la línea del infinito. La gran retratista (ella, que no pintó un solo retrato humano) del paisaje americano (en el sentido continental del vocablo), siguiendo la estela del poeta Walt Withman, poderoso fundador literario de ese paisaje.

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