¿Cómo es ser hijo de un arquitecto estrella?

Hablamos con los descendientes de cinco gigantes de la arquitectura y el diseño del siglo XX para saber cómo es crecer junto a un ser excepcional.

Rafael Hernández

Eero Saarinen con su hijo Eric.

Foto: Yale University Library

¿El talento es transferible? ¿Puede pasar la creatividad de padres a hijos? No se sabe a ciencia cierta, pero lo que sí está demostrado es que una infancia con constantes estímulos creativos ayuda a la formación de un cerebro más plástico y que este, en la edad adulta, ayudará a la persona que lo posea a adaptarse mejor a su entorno y a tener una mayor empatía, como afirmaba Carl Honoré en su libro Bajo presión (RBA).

Hemos escogido a cinco de los diseñadores y arquitectos más laureados del pasado siglo –Gio Ponti, Marcel Breuer, Eero Saarinen, Harry Bertoia y Richard Sapper– para estudiar cuál fue su actitud ante la paternidad y cómo esta influyó en mayor o menor medida sobre la vida de sus descendientes. A partir de entrevistas a algunos familiares directos y textos de íntimos amigos de estos maestros hemos tratado de transmitir cómo fue esa etapa de sus vidas y cómo influenciaron en mayor o menor medida el desarrollo creativo y profesional de su descendencia.

Harry Bertoia con dos de sus diseños icónicos, la Diamond Chair y la Side Chair, ambos creados en 1952 y editados por Knoll.

Entre ellos hubo quien tomó parte de forma directa en el aprendizaje y la creatividad de sus hijos, y también quien, simplemente, rodeaba cada fin de semana a su familia de los más influyentes artistas y diseñadores del momento invitándolos a mantener largas conversaciones sobre arte y creatividad. Otros pudieron compartir muy poco tiempo en casa junto a la familia porque estaban demasiado ocupados con sus proyectos internacionales y en cambio algunos se llevaban a sus hijos de vez en cuando a las reuniones de trabajo para que saliesen un poco de la rutina diaria. Sea como fuere, todos ellos tuvieron en la figura paterna un valioso espejo en el que mirarse y desarrollaron una capacidad creativa que no en todos los casos les ha valido como fórmula de éxito.

Harry Bertoia: rigor y espiritualidad

Nacido en Italia, Harry Bertoia (1915-1978) fue artista, escultor, músico y diseñador de muebles de estilo contemporáneo. En palabras de su hija Celia, fue un auténtico adicto al trabajo, lo que significó que “en cuestión de tiempo no dedicaba demasiado a su familia, pero en cuestión de atención y amor, nunca nos faltó a ninguno de nosotros”. Se sentía muy cercano a la Naturaleza y llevaba una vida espiritual muy activa. Bertoia era próximo al taoísmo sin llevarlo al extremo, y quizá por eso quienes estuvieron cerca de él lo admiraron por su forma de ver la vida y su generosa sabiduría.

Los dos hijos mayores de Bertoia, Val y Lesta, sufrieron tanto su exigencia en el taller como disfrutaron de su dulzura y comprensión en casa.

Val y Lesta Bertoia, hijo e hija mayores respectivamente, trataron de seguir sus pasos, e incluso trabajaron con él en su estudio durante cierto tiempo, según nos cuenta Celia, la menor de los tres. Harry se transformaba cuando lo que se debatía era el resultado de un diseño, entonces podía ser muy cruel fuese quien fuese quien estuviese delante, especialmente con sus hijos: podía hacerles sentir miserables en un instante con sus airadas críticas subidas de tono.

Tanto para Val como para Lesta o Celia fue muy complejo comprender que el exceso de crítica de su padre hacia ellos no era más que una proyección de sus sentimientos; se preocupaba más por ellos que por cualquier otra persona en el mundo y quería sacar el máximo de sus capacidades. Val y Lesta finalmente dedicaron sus vidas al arte, mientras Celia se encarga actualmente de la gestión del archivo de su padre.

Eero Saarinen: de padre a hijo

El padre de Eero Saarinen (1910-1961), Eliel Saarinen, fue un arquitecto de prestigio internacional y, por tanto, es esta relación entre ellos dos la que traemos a colación. Su infancia estuvo marcada por el hecho de que, en 1923, cuando Eero tenía 13 años y su hermana Pipsan 18, sus padres emigraron a los Estados Unidos. Para Pipsan fue una decisión difícil de asimilar pues cambió su vida de forma radical; ella ya iba a la universidad y tenía un proyecto de vida que tuvo que dejar en Finlandia junto a sus amigos y profesores.

Eero Saarinen recogió el testigo de su padre Eliel y se convirtió, como aquel, en un arquitecto de reconocimiento internacional.

Foto: Yale University Library

Para Eero, en cambio, no representó un gran trauma: él era suficientemente joven para comenzar de cero sin la sensación de dejar una vida atrás y así lo hizo; se acercó mucho a su padre y a su trabajo desde su llegada a Chicago mientras aprendía el idioma y se acostumbraba al cambio.

Eero era un adolescente con grandes dotes de dibujo y muy creativo; justo antes de emigrar había ganado su primer concurso de ilustración para un diario sueco, eso sí, ayudado por Eliel, quien siempre lo animó a enfrentarse a desafíos extraordinarios para su edad en los que él solía implicarse. Eero Saarinen aprendió de su padre que un buen resultado es fruto de un meticuloso sistema de trabajo y de mucho esfuerzo.

Marcel Breuer: el húngaro errante

Este genial arquitecto y diseñador (1902-1981) fue uno de los principales maestros del movimiento moderno. Estudió en la Bauhaus, de la que acabó formando parte como profesor del taller de diseño y construcción de mobiliario.

Breuer es un claro ejemplo de dedicación por encima de todo: pasaba incontables horas en la oficina. Dejó instrucciones claras a sus familiares y amigos de que solo se divulgase información profesional sobre su vida y su persona; siempre fue muy celoso de sus asuntos personales, quizá por eso es tan difícil encontrar información sobre su descendencia.

Breuer abrió estudios en Berlín, Budapest, Londres, Cambridge, Nueva York y París, por lo que raras veces permanecía en casa mucho tiempo.

Foto: Time & Life / Getty Images

Breuer tuvo dos hijos: un niño, Thomas (Tamas en húngaro), nacido en 1943, y Francesca, una niña adoptada en 1959 cuando tenía 3 años. La relación con sus hijos, sobre todo con Tom, fue desde la distancia, y quizá por eso no hay rastro de que este último siguiera su estela más que por algunos artículos que sugieren que se dedicó a la fotografía arquitectónica durante un tiempo. Francesca estuvo más cerca de él, en parte por el lógico descenso de la actividad de Breuer a causa de la edad; a ella brindó el diseño de una de sus famosas sillas, la Cesca.

Richard Sapper y la casa-taller

El estudio de este diseñador industrial nacido en Múnich en 1932 y fallecido en Milán en 2015 sigue actualmente en activo, aunque su auténtico lugar de trabajo, según nos han confiado sus hijos, siempre fue su propia casa. En consecuencia, nunca hubo una separación estricta entre su actividad profesional y su vida familiar.

Richard Sapper vivió siempre fascinado por las cosas más simples y a la vez complejas; miró el mundo como un lugar donde encontrar inspiración y así se lo transmitió a sus tres hijos: Mathias, Cornelia y Carola. Desde un mecanismo ingenioso a una mano, todo merecía su atención en busca de inspiración.

Richard Sapper acostumbraba a llevar a sus hijos al taller de maquetas para que jugasen ayudando a su maquetista.

Foto: Cortesía Carola Sapper

A pesar de que nunca animó a sus hijos a seguir otros pasos que los de sus propios intereses y pasiones (excepto la afición a la vela), estos siempre tuvieron libre acceso a su taller. Acostumbraban a ayudar a su padre a preparar maquetas de sus últimos prototipos e incluso diseñaban y fabricaban sus propios juguetes con su ayuda. Aunque todos empezaron carreras creativas, con el tiempo cambiaron y en la actualidad desempeñan actividades en el campo de los negocios y las finanzas. Curiosamente, según sus propias palabras, a pesar de todo han desarrollado una creatividad innata que les empuja de vez en cuando hacia la creación, como si de una dependencia se tratara.

Gio Ponti: en buena compañía

Arquitecto, diseñador y artista nacido y muerto en Milán (1891-1979), es una de las figuras más representativas del arte y la arquitectura italianos del siglo XX. Su hija mayor, Lisa, suele recordar la rutina de su padre: “Le exprimía 60 horas a un día cualquiera, solía comenzarlo escribiendo unas 30 cartas entre las 5 y las 6 h para poner al día a clientes y colaboradores del desarrollo de sus proyectos. Volvía a casa a comer y de vuelta a la oficina hasta las 19 o 20 h”.

Gio Ponti con su familia en su vivienda de Milán.

Foto: Archivo Gio Ponti

Ponti acostumbraba a tener largas conversaciones de arte y diseño en casa con grandes artistas del momento a los que invitaba los fines de semana a almorzar; en ellas solía involucrar a su familia. Sus hijos confiesan que en aquella época no tenían ni idea de lo privilegiados que eran, compartiendo, por ejemplo, sobremesas con personajes como De Chirico o Malaparte.

Según Lisa, su padre les animó a ella y a sus hermanos a seguir sus propias ambiciones y pasiones. Ni más ni menos: Lisa ha sido la editora durante 30 años de una de las “biblias” de la arquitectura y el diseño en el mundo, la revista Domus; Letizia solía colaborar en proyectos de Ponti por interés personal y ha gestionado durante años el archivo Gio Ponti, y Giulio se hizo arquitecto y ha obtenido cierto reconocimiento por su trabajo.

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