El hotel Lasala Plaza conquista San Sebastián por todo lo alto

El nuevo establecimiento, de cuidado diseño, se beneficia de su posición privilegiada junto al puerto y de una azotea con vistas impagables

Txema Ybarra

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Hotel Lasala Plaza, San Sebastián (Guipúzcoa)

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Las virguerías en el terreno de la rehabilitación de edificios demuestran que la arquitectura y la construcción de edificios han alcanzado un desarrollo tecnológico que está lejos de detenerse. Lo hemos visto en el nuevo hotel Lasala Plaza de San Sebastián. Por fuera se mantiene la historiada fachada de un edificio de piedra arenisca de principios del siglo pasado frente al viejo puerto de la capital guipuzcoana. Dentro, la película cambia, porque se hizo un vaciado completo, con precisión quirúrgica, para eliminar pilares innecesarios de cuando servía como dependencias municipales y aprovechar el espacio al máximo, sobre todo el de las habitaciones, muchas de ellas con privilegiadas vistas a los barquitos pesqueros y a la bahía donostiarra.

Las obras dirigidas por el arquitecto Joaquín Zubiria han dado como resultado un sofisticado hotel boutique de seis plantas y 58 habitaciones abierto a su espalda a la pequeña plaza que le da nombre, en pleno Casco Viejo. En la séptima, sobre la azotea, se encuentra la terraza con una alargada piscina, sofás y tumbonas para relajarse al aire libre y disfrutar de una impagable panorámica de 360 grados de la ciudad. Es la gran sorpresa que aguarda a los clientes del Lasala Plaza, que de un rápido vistazo entenderán el por qué del éxito turístico de La Bella Easo.

El mar, la cultura vasca, el estilo clásico francés y el diseño contemporáneo inspiran su decoración. Espacios comunes y habitaciones se han convertido en museos itinerantes donde se exponen fotos, fototipias, grabados, esculturas y demás piezas artísticas en colaboración con varios museos de la ciudad como el vecino Aquarium, el Museo Romano Oiasso, el Museo Naval o el Museo San Telmo. En la entrada, una escultura inspirada en los remos habla de una tradición que termina cada verano con la famosa competición de traineras de la Bandera de La Concha. Construida de madera y cobre por artesanos locales, la instalación refleja el movimiento de los remos en el mar. Al entrar, el mostrador de recepción entra en directo diálogo con esos 13 remos retorcidos en la entrada y se define con formas que recuerdan las de un barco de madera.

Las ventanas de los baños son circulares, como de un barco antiguo, y hacen también un guiño al emblemático Club Náutico de San Sebastián, diseñado en 1929 por dos fervientes seguidores de Le Corbusier, José Manuel Aizpurúa y Joaquín Labayen. Las conexiones se observan en los detalles, como en las puertas listadas de habitaciones y zonas comunes, en la magnífica gráfica y en la continuidad de materiales: piedra de Markina, cobre, suelos de roble, textiles de Kvadrat… La experiencia se completa con el bar-restaurante La Jarana, con arraigo en la cocina clásica donostiarra y con un techo decorado con lámparas de Arturo Álvarez. Se sitúa en la planta baja, con entrada independiente desde la calle Puerto.

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