"Seguir sin equilibrar la balanza solo empobrece el futuro del diseño"

La historiadora del diseño Libby Sellers, autora del libro "Women Design", nos cuenta los detalles de una obra que reivindica a creadoras injustamente olvidadas.

Las llamadas “damiselas del diseño” trabajaron en el centro técnico de General Motors, especialmente en la definición de los interiores de los coches. En la imagen acompañan a Harley J. Earl, vicepresidente y responsable de estilismo de GM durante más de tres décadas.

En plena efervescencia de los movimientos Time’s Up (es la hora) y Me Too (yo también) en contra del acoso sexual y la desigualdad entre mujeres y hombres en el mundo laboral, el libro Women Design escrito por la historiadora del diseño y curadora inglesa Libby Sellers y publicado por la editorial Frances Lincoln viene a saldar una cuenta largamente pendiente: la del reconocimiento de muchas mujeres que con su trabajo callado han escrito grandes renglones en la historia del diseño contemporáneo.

Parece que este libro se ha escrito a propósito para coincidir con los últimos acontecimientos del movimiento feminista.

Women Design ha salido en el momento oportuno y fue impulsado por las marchas internacionales y aniversarios, pero no está ligado a ningún evento específico. Se escribió para celebrar la amplitud y diversidad de las contribuciones de algunas de las pioneras más estimulantes de la profesión para ayudar a corregir un desequilibrio.

Podemos pensar que la voz de las mujeres se escucha ahora por todo el mundo a través de los movimientos Time’s Up y MeToo, pero en las publicaciones de diseño, conferencias, jurados y otros ámbitos públicos, las diseñadoras tienden a ser superadas en número por sus colegas masculinos. Las mujeres son casi tres cuartas partes de los estudiantes de diseño. Este número cae de modo impresionante a menos de un cuarto cuando se trata de la industria real. Mientras tanto, continúan los ejemplos de diferencias de sueldo por género, el silencio o los sutiles estereotipos y la discriminación. Creo que hay que aceptar que la discriminación todavía existe. Seguir sin equilibrar la balanza solo empobrecería el futuro del diseño.

Las aportaciones de Anni Albers (1899-1994) en el campo textil trascendieron las nociones de artesanía y la labor propia del género femenino. Fue alumna de Guntz Stölzl en la Bauhaus, donde conoció a su marido, Josef Albers, y donde ejerció como directora del departamento textil.

¿Cuál fue para ti el principal propósito? ¿Querías llamar la atención sobre mujeres históricamente olvidadas o querías concentrarte en mujeres conocidas que piensas han cambiado el mundo del diseño?

Aunque surgen nombres familiares, espero que haya algunas historias nuevas y matices que arrojen algo de luz sobre personajes menos conocidos y los cambios que estas personas fantásticas trajeron (y todavía traen) a la industria.

¿Qué has descubierto durante tus investigaciones para el libro sobre por qué las mujeres no son tan reconocidas como los hombres?

¡A las mujeres ni siquiera se les permitía estudiar diseño hasta las primeras décadas del siglo xx! Inevitablemente esto tuvo un gran impacto en la disparidad de géneros. Sin embargo, incluso el modo en que se ha narrado la historia del diseño tiene algunos puntos negros en cuanto a la carrera de las mujeres. Escrita desde una perspectiva predominantemente masculina, la historia del principio del siglo xx tendió a usar una definición muy estrecha del diseño (arquitectura y diseño industrial). Si reconocían en algo a las mujeres, su contribución se relegaba a lo marginal. Fue a partir de los años ochenta, con la primera oleada de historiadoras del diseño feminista, cuando esto empezó a cambiar. Obviamente, 40 años después mucho del trabajo preliminar ya se ha hecho, pero casi todos estamos de acuerdo en que el trabajo está lejos de completarse.

Arquitecta de formación, Lella Vignelli (1934-2016) aportó una imaginación tridimensional a la sensibilidad gráfica de su marido Massimo. Aunque ella es más conocida por el diseño de producto, interiores y expositivo, y Massimo por el gráfico, en realidad nunca hubo ninguna división en los créditos de sus creaciones. En la imagen, Lella posa con mobiliario de la colección Ara, diseñada para Driade.

Entre tantas mujeres para elegir debe haber sido difícil decidir con cuáles quedarte.

Siempre iba a ser un reto injusto seleccionar un par de docenas de mujeres de entre los últimos 100 años. Aunque el espectro de algún modo se compuso solo. Me gustaba la idea de incluir un buen balance de nombres conocidos y desconocidos, diferentes nacionalidades y disciplinas, así como diferentes casos concretos que expliquen el por qué esas mujeres han sido ignoradas.

El sesgo del género no es la raíz de todos los temas de los que habla Women Design. Cada capítulo tiene una intención distinta: algunos se fijan en el tema del reconocimiento en el contexto de la pareja, otros se centran en cuestiones de raza o de cómo las preocupaciones políticas han impactado en el diseño, mientras que todos ellos celebran el talento y los logros de las diseñadoras. Pero no todo el mundo en el libro ha pasado por una lucha; era importante presentar un mensaje positivo, no una serie de historias lacrimógenas.

Aun después de haber firmado con su marido, el arquitecto Robert Venturi, sus proyectos de forma conjunta durante 26 años –entre ellos, el parque Franklin en Filadelfia, en la imagen–, cuando le dieron a él el premio Pritzker en 1991, a Denise Scott Brown (1931) ni siquiera la mencionaron. Y sin embargo, no solo fue una gran proyectista, sino también una extraordinaria pensadora cuyos textos han hecho escuela. La injusticia en el trato a Denise hizo que en 2013 graduados de Harvard lanzaran una campaña en Change.org para que compartiera el premio Pritzker de su marido.

¿Cuáles son las mujeres más interesantes que tuviste que sacrificar?

Hubo diseñadoras que, bien porque su trabajo no estaba bien documentado o porque no pude tener acceso a la documentación disponible, no pude incluir. Por ejemplo, Minette de Silva, pionera de la arquitectura moderna en Sri Lanka, que fue la primera representante del Congreso Internacional de Arquitectura moderna (CIAM) en 1947, pero cuya obra construida se ha perdido arruinada por el tiempo y la Naturaleza.

Otra es Hisako Watanabe, una diseñadora japonesa de los años ochenta de quien pude encontrar muy poca información en inglés. Con el tiempo espero rectificar estas barreras; es esencial llevar esto más lejos.

Has cubierto diferentes aspectos del diseño: muebles, objetos, arquitectura, gráfica, escenografía… ¿Crees que hay áreas en las que las mujeres no son tan fuertes?

Como esto era una celebración de las mujeres y sus logros era importante mostrar diversidad. Cuando hacía la investigación, la crítica Alice Rawsthorn me dijo que las mujeres siempre han triunfado en la vanguardia, donde no hay “guardianes” que les impidan dar esos pasos pioneros. Así que más que intentar identificar lagunas era vital ilustrar la teoría de Alice incluyendo mujeres como Muriel Cooper y Neri Oxman, que fueron (o son) quienes encabezan nuevas investigaciones y finalmente crean nuevas disciplinas.

Aino Marsio-Aalto (1894-1949) no solo fue cofundadora de la firma Artek junto con Alvar Aalto, sino que también ejerció como su primera directora artística. Nina Stritzler-Levine, comisaria del Bard Graduate Centre en Nueva York, dijo de ella que “se la conoce como una diseñadora de piezas de cristal”. Se refería a la línea para la mesa Bölgeblick para Iittala –en la imagen–, que sigue en producción. Pero su aportación a la arquitectura, el interiorismo y el diseño del siglo xx trascendió de largo ese "techo de cristal".

Entre todas esas mujeres ¿cuáles son las que has admirado desde siempre y cuáles han sido un nuevo descubrimiento?

Cuando era comisaria en el Design Museum de Londres tuve la gran oportunidad de hacer una exposición sobre Eileen Gray. Al incluirla en el libro sentí como que visitaba a una vieja amiga. Aunque por todas las razones que ya he mencionado (el deseo de diversidad en relación con el hecho de que tantos libros se centran en una narrativa predominantemente masculina, blanca, occidental y euro-céntrica) estaba interesada de verdad en saber más sobre diseñadoras como Althea McNish y Norma Merrick Sklarek, ambas mujeres de primera por su raza y género.

A muchas diseñadoras no les gusta hablar de su trabajo desde una perspectiva femenina.

Es inevitable que cualquiera, independientemente de su género, quiera centrarse en la calidad y objetivo de su trabajo. Puedo entender su punto de vista. Aunque también pienso que es importante reconocer la realidad de la industria. Algunas “disidentes” me han dicho: “Nunca escribirías un libro titulado Men Design, así que ¿por qué escribir uno sobre mujeres?”. Es un buen argumento, pero la industria del diseño sigue siendo profundamente patriarcal. Solo cuando haya un verdadero equilibrio empezaremos la conversación sobre el mérito.

Comprometida con el lado más informal y orgánico del modernismo, Eva Zeisel (1906-2011) definió su trabajo como “la búsqueda lúdica de la belleza”. En los últimos años de su vida, cuando le fallaba la vista, siguió diseñando sus queridas cerámicas, cubiertos y elementos para la mesa haciendo gestos amplios en el aire que su ayudante, inexplicablemente y aun así perfectamente, trasladaba a objetos acabados.

¿Consideras que hay base para pensar que las mujeres aportan ciertas cualidades al diseño?

No percibo un modo de ver femenino, pero sí identifico cualidades entre mi propio grupo de colegas. Creo que las diseñadoras contemporáneas han roto las monoculturas establecidas en el siglo xx. En vez de diseñar para la industria están diseñando para la gente. Reconocen el desorden del mundo que nos rodea e intentan con sus diseños ofrecer soluciones más que declaraciones ideológicas.

Libby Sellers considera que la historia del diseño se ha escrito desde una perspectiva predominantemente masculina, algo que solo ha comenzado a cambiar a partir de los años ochenta.

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