Giorgio Morandi en La Pedrera, la exposición del momento en Barcelona

Tras su paso por la sede de la Fundación Mapfre en Madrid, la muestra "Morandi. Resonancia infinita" ofrece en la Ciudad Condal una ocasión única para volver al enigma de Giorgio Morandi en un entorno privilegiado: la icónica obra de Gaudí.

Cuando el arquitecto catalán Antoni Gaudí entregaba las llaves del que sería uno de sus edificios más emblemáticos, la nueva residencia de la familia Milà, corría el año 1912 y Giorgio Morandi era un joven pintor italiano, nacido en Bolonia, que todavía no había encontrado el estilo propio e inconfundible que lo convertiría en uno de los más destacados artistas del siglo XX. Ciento diez años más tarde, en el presente 2022, el talento de ambos creadores se reencuentra en uno de los eventos más relevantes de la nueva temporada de exposiciones de Barcelona.

La que fuera residencia de la familia Milà en Barcelona acoge la obra de Giorgio Morandi.

Así es como uno de los espacios expositivos más singulares de la ciudad, la planta principal de la Casa Milà de Antoni Gaudí, el preciso lugar donde se encontraba la residencia de Pere Milà y Roser Segimon, acoge una completa antología dedicada a la obra y la figura del pintor y grabador italiano Giorgio Morandi. Del 4 de febrero al 22 de mayo, las sinuosas líneas ondulantes de los techos de La Pedrera, como también se conoce la que sería última obra civil de Gaudí, entran en un diálogo inédito con la sobriedad formal de las pinturas de Morandi. Tras el paréntesis provocado por la pandemia, brevemente sorteado con la presentación durante el pasado otoño de la Fira Loop de videoarte, la Fundació Catalunya La Pedrera recupera su plena actividad artística con la sugerente obra del italiano.

Naturaleza muerta, 1941. Una de las obras que se presentan en la exposición "Morandi. Resonancia infinita".

Organizada junto con la Fundación Mapfre, la exposición Morandi. Resonancia infinita, presenta un recorrido retrospectivo por la obra del artista a través de más de un centenar de obras. Pinturas, dibujos, acuarelas y grabados, procedentes de varios museos y colecciones particulares, nos acercan a la silenciosa belleza de la obra del boloñés y lo hacen de la mano de las comisarias Daniela Ferrari y Beatrice Avanzi, conservadoras del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Trento y Rovereto. Ferrari y Avanzi, especialistas en arte italiano del siglo XX, nos revelan el significado tras unos lienzos que, durante mucho tiempo, fueron comprendidos sólo de forma superficial.

La exposición reúne más de un centenar de obras en un recorrido retrospectivo por la trayectoria creativa del pintor bolonés.

En clara contraposición con la carrera de un artista como Pablo Picasso, Giorgio Morandi hizo de un único tema el principal motivo de toda su trayectoria. Sin necesidad de buscar más allá de los objetos domésticos que guardaba en su estudio, Morandi pintó una y otra vez el mismo conjunto de utensilios. Botellas, jarras, cajas, vasos y jarrones, los verdaderos protagonistas de sus telas responden a la categoría genérica de naturaleza muerta pero, desde su aparente austeridad, nos remiten a los grandes desafíos a los que se enfrenta un artista. La búsqueda de la esencia a través de la simplificación formal, el estudio de la composición y el uso de la luz y la gradación tonal convierten el lenguaje pictórico de Morandi en uno de los más reconocibles de la historia del arte, sin haber dejado nunca de resonar con el misterio de su pureza y elegancia.

Para su exhibición en Barcelona, la muestra incluye, entre otras novedades, una recreación del estudio del artista italiano.

Cuando la Casa Milà fue inaugurada, en la Barcelona de 1912, recibió el sobrenombre de La Pedrera, cantera en catalán, de forma claramente peyorativa, por una sociedad, la de principios del siglo XX, incapaz de asimilar el magistral delirio creativo de Antoni Gaudí. El edificio modernista, Patrimonio de la Humanidad desde 1984, se alza como el mejor anfitrión para redescubrir cómo, tras la estudiada monotonía de sus bodegones, la pintura de Giorgio Morandi responde a la misma alquimia que dio origen a la obra de Gaudí: la que convierte en universal una obra de arte.

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