Fernando Caruncho: "Nuestra única salida es la vuelta al campo"

El paisajista Fernando Caruncho analiza la situación actual con la mirada pausada de alguien que se dedica a la tarea de proyectar jardines inolvidables. Formado también como filósofo, Caruncho asegura que las ciudades sufren un problema de saturación y que la solución pasa por mudarnos al campo.

Jardín Cotoner, Menorca (2007).

Jardín Cotoner, Menorca (2007).

Fernando Caruncho es el autor de jardines espectaculares en todo el mundo, pero tan apasionante como su obra son sus palabras. En un momento clave para la historia de la humanidad, este jardinero y filósofo comparte sus reflexiones con Arquitectura y Diseño. Con su educación exquisita nos recuerda que somos seres de luz y de naturaleza, y que necesitamos a ambas para poder sobrevivir.

Usted se define como jardinero en vez de paisajista. ¿Nos podría explicar los motivos?

Me gusta definirme así porque me dedico a trazar jardines. Además, me entusiasma la etimología y en la palabra “jardinero”, que tiene sus orígenes en la antigüedad de nuestras raíces indoeuropeas, ya tiene una magnífica definición tanto de lo que es como de lo que hace que seamos jardineros, y me daría mucha tristeza perder toda esa memoria. En las palabras está el significado de las cosas y volver a ellas, a sus orígenes, es, de alguna manera, encontrar toda la verdad, la belleza y la plenitud de ese significado, aunque me parece muy bien que se utilicen dentro de nuestra profesión términos como “paisajista” o similares, que también tienen su justificación.

¿Qué es lo más esencial que le ha enseñado la profunda observación de la naturaleza?

Por un lado, me ha enseñado humildad. Curiosamente la palabra “humildad” viene de “humus”(tierra) y la naturaleza siempre te pone los pies en la tierra; por eso mismo deja que tu espíritu pueda estar a la altura que le corresponda. Además, la humildad también me ha enseñado el sentido de la sencillez, que está unida siempre a la belleza.

Asocia sencillez a belleza.

Es que están profundamente unidas y se demuestra muy bien en el arte popular, porque es un arte infinitamente depurado. Cuando la gente habla de minimalismo no sabe que está hablando de arte popular. Y es algo que solo consiguen los grandes maestros, que llegan a ese momento donde, con un poquito de pintura y dos cositas, consiguen expresar al máximo la belleza. Esa belleza que es sustancial a todos. Es un alimento espiritual sin el cual el hombre no tiene ni dignidad ni esperanza ni confianza para seguir adelante en su camino.

Mas Les Voltes, Gerona (1994).

Mas Les Voltes, Gerona (1994). Foto: Pere Planells

Podría considerarse un pensamiento transgresor en una sociedad donde la opulencia es una meta.

Tú ves un cielo y ahí está todo. Ves una luz entrando en una habitación y no quieres más. Estos últimos veinte años hemos sufrido una gran caída de valores tanto culturales, intelectuales como espirituales. Tras cincuenta o sesenta años de progreso permanente, ha habido que transgredir los valores para crear situaciones nuevas, como si esto fuera un almacén de oportunidades. Y, entonces, la gente, en vez de profundizar sobre los valores recibidos, lo que ha hecho es extenderlos, banalizarlos. Y, curiosamente, como en otras épocas de la vida, de la historia del ser humano, esto ha coincidido con un desgaste profundo y con una pandemia.

No es casualidad...

Todas las pandemias que ha habido han coincidido con prolongados momentos de esplendor largos, estabilizaciones y caídas en picado a simas profundas para que, después de haber tocado fondo (humus), el hombre vuelva a reencontrarse consigo mismo. Ahí es donde se producen los renacimientos individuales y, en muchas ocasiones, también sociales. El Renacimiento fue consecuencia de todo este proceso.

¿Es optimista con respecto a lo que vendrá? Lo soy, aunque, en primer término, viviremos tiempos muy duros. Creo que va a haber una etapa de depuración, es necesario. La misma imagen de Notre Dame ardiendo, que era un libro abierto de los valores del conocimiento y del cristianismo y ha quedado destruida... Hemos asistido a ello desolados porque veíamos arder nuestros valores. La crisis del coronavirus es una tragedia a nivel mundial, pero, detrás de todo esto, creo que hay un encuentro del hombre consigo mismo y está lo que el maestro Eckhart llama una “llamita interior” que produce un renacer personal, y que, cuando se une entre muchas personas, desemboca en un renacimiento social. Nos sobra mucha soberbia que nos ha llevado a un caos donde no nos reconocemos. El lado bueno de esta historia es que esto ahora se cae y aparecerá el hombre con los pies en la tierra y con una verdadera opción a renacer.

Suena muy alentador. Va a suceder, es inevitable. Lo mismo que está siendo inevitable esto, lo será ese renacimiento. Es el devenir de la especie humana, que se repite y se repite, por mucho que creamos que es nuevo.

Mas Floris, Gerona (1982).

Mas Floris, Gerona (1982). Foto: Miguel Aguirre

¿Qué mundo estamos cultivando para nuestros hijos?

Los niños van a vivir una época maravillosa. Nosotros vamos a sufrir este purgatorio pero, poco a poco, iremos saliendo e iremos encontrando una guía para llegar a un renacer. Estoy completamente convencido. Esta época nos está enseñando que quien es realmente poderosa es la naturaleza. Y que, cuando dejamos de molestarla un poquito, renace con una fuerza que nosotros ignoramos, con magnitudes que el ser humano no puede ni imaginar, en todo caso solo soñar. Y ahora lo estamos viendo. Los animales reencuentran su sitio, los árboles respiran, el mar se purifica… ¡pero en solo tres meses! ¡No en treinta años! Si somos capaces de volver a tener los pies en la tierra, seremos capaces de volver a convivir con ella.

¿Cómo se logrará, desde las ciudades, reconectar con la naturaleza?

Bueno, las ciudades tienen un problema enorme y es que están absolutamente exhaustas. En todos los sentidos: económico, cultural, social… Todo está desbordado, exagerado… Completamente fuera de la escala humana. Nuestra única, verdadera y maravillosa salida es la vuelta al campo. Tenemos que volver a que los pueblos sean habitables… Contamos, además, con las nuevas tecnologías que nos conectan con el mundo, cosa de la que antes carecíamos.

El jardín es necesario.

El jardín es una construcción espiritual. Y cuando tú contemplas el mundo desde esa construcción espiritual, que está conectada con la naturaleza, inevitablemente, no eres tú el que piensa; es un pensamiento inducido por el jardín. El jardín no te miente, lo dice todo. Ese vasito de agua con una flor que puedas tener en la mesilla de noche lo está diciendo todo. Es la perfección, es lo sublime. No hay más. Solamente frente a ella, ya la has encontrado, ya has llegado. Esto no son pensamientos míos particulares, sino pensamientos universales que están en la naturaleza.

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