Descubre cómo hacer que el baño de tu casa sea más sostenible para el planeta

Más allá del consumo de agua, el baño presenta otro reto medioambiental: la gestión de los residuos. Manejarlos correctamente es contribuir también a una higiene más sostenible.

Nuestros hábitos de higiene tienen un papel determinante en la dimensión ecológica del espacio del baño.

Nuestros hábitos de higiene tienen un papel determinante en la dimensión ecológica del espacio del baño. Foto: Eugeni Pons

Cuando pensamos en un cuarto de baño más sostenible, inmediatamente nos viene a la cabeza el consumo de agua. Lavarnos los dientes con el grifo cerrado, tomar duchas de pocos minutos, utilizar cisternas de doble descarga e, incluso, reciclar el agua con la que nos lavamos para el inodoro son algunas estrategias para reducir su consumo.

Pero resulta que tenemos un problema mucho más serio que también empieza en el baño; en el inodoro más concretamente. La principal amenaza ambiental originada desde el espacio más íntimo de nuestra casa es la orina. O mejor dicho, los millones de metros cúbicos de agua mezclada con orina que acaban en ríos y mares de todo el mundo. Y es que, aunque obviamente orinar es un acto inevitable, que la orina acabe mezclada con el agua no debería serlo si se diseñaran correctamente las instalaciones de evacuación. Y más teniendo en cuenta que los sistemas de depuración no pueden eliminar sus componentes nocivos.

El 25% del consumo energético de una casa procede del agua caliente del baño.

El 25% del consumo energético de una casa procede del agua caliente del baño. Foto: Pere Peris

Cuando el inodoro se independizó

Con la llegada del agua corriente a nuestras casas en el siglo XIX comenzó el desarrollo del baño moderno, pero con importantes matices. El principal era la diferencia entre lavabo y retrete. En el primero llegaba el agua, porque era el lugar de lavarse y estaba instalado en cada habitación. En cambio, el retrete, en seco, comenzó instalado en las zonas abiertas de la casa para continuar con el sistema de almacenamiento seguro y recogida de los excrementos de las ciudades para su transformación en abono para el campo.

Pero ya en el mismo origen del inodoro, los ingenieros abogaban por incluir el agua como método de evacuación sin ser conscientes de la problemática de salud que conllevó. A raíz del gran brote de cólera de Londres en 1854, se rastreó por primera vez el origen y se detectó que el problema estaba en la contaminación del agua por heces humanas. Aquí podría situarse el origen de la extrema precaución en no mezclar agua de uso con aguas negras, para lo que se promovió un sistema diferenciado de conducciones, pero la solución era muy costosa.

La bomba de calor, un sistema de gran eficiencia energética presente ya en los sistemas de climatización y las secadoras de ropa, ha llegado también al agua caliente sanitaria (ACS).

La bomba de calor, un sistema de gran eficiencia energética presente ya en los sistemas de climatización y las secadoras de ropa, ha llegado también al agua caliente sanitaria (ACS). Foto: Eugeni Pons

Así pues, se acabó aplicando la técnica de la dilución, que consiste en disminuir la contaminación del agua sucia añadiéndole grandes cantidades de agua limpia. Una estrategia que puede parecernos arcaica, pero que por desgracia se sigue aplicando como técnica de “depuración” de aguas residuales. De este modo, por evitar la instalación de una doble canalización generamos un gran problema de consumo y contaminación del agua.

Un peligroso nutriente

El nitrógeno, contenido de manera natural en la orina, es un fertilizante imprescindible para la buena salud de los ecosistemas y para el crecimiento de la vegetación. Sin embargo, al acumularse en enormes cantidades y verterse sobre las masas de agua dulce y salada de manera continua, se genera un efecto que se llama eutrofización. En pocas palabras, significa que, al acumularse tantos nutrientes, las poblaciones de algas y microorganismos crecen de tal manera que acaban agotando el oxígeno del agua y todo muere.

Instalación en la Trienal de Milán de 2019 en la que se exhibió el proyecto de inodoro sostenible diseñado por EOOS en colaboración con la Fundación Melinda y Bill Gates.

Instalación en la Trienal de Milán de 2019 en la que se exhibió el proyecto de inodoro sostenible diseñado por EOOS en colaboración con la Fundación Melinda y Bill Gates.

Es paradójico que un nutriente que proporciona más vigor y vida a las plantas pueda acabar matando un ecosistema entero. Para solucionar este enorme problema sin necesidad de encararlo como un reto tecnológico de elevadísima complejidad, la Fundación Bill y Melinda Gates financió en 2017 al estudio austríaco EOOS para diseñar un sistema de inodoro destinado a países en vías de desarrollo que de manera mecánica logra que el flujo de orina no acabe mezclado con el agua y pueda tratarse independientemente para evitar que acabe contaminando al final de la tubería. El sistema es tan prometedor y de un diseño tan elegante que la firma Laufen se ha interesado por él y trata de incorporarlo a su producción para comercializarlo también en países desarrollados.

El tiempo es oro

En el baño se puede consumir entre un 25 y un 40% de la energía de toda la casa, según la época del año. El agua caliente, mayoritariamente usada durante la ducha, es el gran consumidor de energía doméstico, sin contar la calefacción o el aire acondicionado. Por eso, la duración de la ducha no solo ahorra agua, sino que evita emisiones de CO2 derivadas de la energía invertida en calentarla.

Por otro lado, el lugar donde se instala el calentador influye en los minutos que el agua ha de correr hasta que alcanza la temperatura adecuada. Conviene situarlo lo más cerca del baño y jamás en el exterior ya que el sobreesfuerzo puede implicar casi más gasto que el propio baño. Para reducir las emisiones de CO2 será más determinante el tipo de calentador que la fuente energética: aunque el gas parezca de entrada más ecológico, la tecnología de bomba de calor presente en algunos calentadores eléctricos hace que su consumo sea muy reducido.

El auge de los denominados Smart Toilets, que combinan inodoro y bidé, es la respuesta a una sociedad cada vez más comprometida con la salud y el cuidado personal. Modelo In-Wash, de Roca.

El auge de los denominados Smart Toilets, que combinan inodoro y bidé, es la respuesta a una sociedad cada vez más comprometida con la salud y el cuidado personal. Modelo In-Wash, de Roca.

El arte de desechar

Es bien sabido el problema que las toallitas desechables causan al sistema de alcantarillado al tirarlas al inodoro, pero lo que quizá no es tan conocido es que cuando llegan al medio natural, probablemente al mar, tardan como mínimo 600 años en descomponerse. Ello es debido a que, aunque parezcan de papel, en realidad están fabricadas con un tipo de fibra plástica y como tal su durabilidad es enorme.

Aunque la moda de su uso ha disminuido en los últimos años, los sistemas de desagüe aún sufren la presencia de este producto tan ligado al baño y la higiene personal. Un desastre ecológico y también económico que supone unos costes de reparación y mantenimiento anuales de al menos un millón de euros para una ciudad como Málaga. Para un uso responsable del inodoro, la norma más sensata es no tirar nada que no excrete nuestro propio cuerpo, o al menos nada que no se descomponga de manera inmediata en contacto con el agua.

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