El brutalismo unió Yugoslavia

El MoMA inaugura una exposición sin precedentes sobre el éxito de este movimiento arquitectónico en el desaparecido país balcánico

Cecilia Díaz Betz

Miodrag Živković. Monumento a la Batalla de Sutjeska. 1965–71, Tjentište, Bosnia y Herzegovina

Miodrag Živković. Monumento a la Batalla de Sutjeska. 1965–71, Tjentište, Bosnia y Herzegovina

Desde mediados de julio hasta el próximo 13 de enero de 2019 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) podrá visitarse una exposición sin precedentes en EEUU: Toward a Concrete Utopia: Architecture in Yugoslavia, 1948–1980 (Hacia una utopía de hormigón: arquitectura en Yugoslavia, 1948—1980) que busca reivindicar la arquitectura brutalista de la desaparecida Yugoslavia.

Andrija Mutnjaković. Biblioteca Nacional y Universitaria de Kosovo, 1971–82. Prishtina, Kosovo.

El estado Yugoslavo comenzó a existir después de la Primera Guerra Mundial y estaba formado por Bosnia y Herzegovina, Croacia, Macedonia, Montenegro, Serbia y Eslovenia. En 1946, tras años de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial, se estableció un gobierno comunista y que conllevó a la construcción de bloques de viviendas de gran escala y edificios públicos. En 1948, Josip Broz Tito convirtió Yugoslavia en un estado híbrido singular opuesto radicalmente tanto al estalinismo como a la democracia liberal. Nacía la Yugoslavia socialista y nacía una estilo arquitectónico que era un reflejo muy preciso del idealismo, la diversidad radical y la hibridez de esta nación.

Edvard Ravnikar. Plaza de la Revolución (hoy Plaza de la República), 1960–74. Ljubljana, Eslovenia.

Comisariada por Martino Stierli, curador jefe del Departamento de Arquitectura y Diseño Philip Johnson del Museo de Arte Moderno, junto a Vladimir Kulić, como comisario invitado y Anna Kats de asistente curatorial, Toward a Concrete Utopia lleva a cabo un exhaustivo recorrido por los 45 años que duró este particular estado socialista mostrando los trabajos de importantes arquitectos como Bogdan Bogdanović, Juraj Neidhardt, Svetlana Kana Radević, Edvard Ravnikar y Vjenceslav Richter.

Berislav Šerbetić y Vojin Bakić. Monumento a los Caídos del Kordun y Banija. 1979–81. Petrova Gora, Croacia.

Está documentada con más de 400 dibujos, maquetas, fotografías y películas traídos de archivos municipales, colecciones familiares y museos locales, un valioso material con el que se busca analizar tanto los especiales y distintivos modus operandi de los arquitectos de la época -hijos del Movimiento Moderno y con Le Corbusier como mentor-, así como abordar también el porqué de las construcciones urbanísticas de gran escala, el objetivo de los monumentos antifascistas y de conmemoración, hasta tocar aspectos tan decisivos como el experimentación tecnológica y su aplicación en la vida cotidiana o el incipiente consumismo que se vivió en aquel utópico período. La muestra también incluye tres videoinstalaciones de la reconocida cineasta Mila Turajlić, fotografías recientemente encargadas por Valentin Jeck, obras de arte contemporáneas de Jasmina Cibic y David Maljković, y un extracto de Un agujero en la cabeza, película documental realizada en 2016 por el director eslovaco Robert Kirchhoff.

Jordan e Iskra Grabul. Monumento a la Ilinden Uprising. 1970–73. Kruševo, Macedonia.

Desde el interior escultórico de la Mezquita Blanca en la Bosnia rural, hasta la reconstrucción de la ciudad de Skopje después del terremoto, inspirada en el diseño Metabolist de Kenzo Tange, hasta la ciudad de Nueva Belgrado, con sus expresivos bloques de viviendas a gran escala y edificios cívicos. la exposición examina el carácter distinto aunque polifacético de la arquitectura brutalista yugoslava.

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