Todo lo que necesitas para disfrutar de un buen té

La bebida de Jane Austen y Charles Dickens vive su mejor momento con un despliegue de piezas contemporáneas y refinadas que elevan este ritual a lo más cool. ¿Con o sin azúcar?

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Porcelana Blue Palmette de Royal Copenhaguen

Porcelana Blue Palmette de Royal Copenhaguen

Tetera de cristal Still de Ferm Living

Tetera de cristal Still de Ferm Living

Juego de té de porcelana ilustrado de Jaime Hayón para Vista Alegre

Juego de té de porcelana ilustrado de Jaime Hayón para Vista Alegre

Cuchara para bolsita de té Teo de Lucy D para Alessi

Cuchara para bolsita de té Teo de Lucy D para Alessi

Juego diseñado por Axel Brüel para Lyngby Porcelæn

Juego diseñado por Axel Brüel para Lyngby Porcelæn

Cuando Meghan Markle (la novia norteamericana del príncipe Harry) llegó a Londres, lo primero que hizo fue esconder la lata de bebida refrescante que llevaba en la mano y pedir un té. Es lo que tiene entrar a formar parte de la realeza británica. En un grupo de chicas de diferentes nacionalidades europeas, distinguirías a la inglesa porque siempre está tomando té o pensando en tomarse un té. Así de arraigada está esta tradición en ese país.
Dicen que la primera inglesa de la historia que se tomó un té fue una aristócrata que se levantó de la siesta con un leve dolor de cabeza y pidió al servicio un vaso de agua caliente. Además del agua, el solícito sirviente le trajo un plato de dulces y unos emparedados... y de esta forma nació la famosa “hora del té”. Mucho ha llovido desde entonces –sobre todo en los campos del Reino Unido–, pero tomar té se ha convertido en un ritual tan sagrado como cubrirse con una gabardina a la primera gota de agua o acudir al humor negro para desdramatizar según qué situación.
El ritual del té se ha extendido en muchos rincones del planeta –especialmente en los más cool– y ha desplegado todos sus encantos en forma de accesorios que resultan irresistibles: desde una colección de teteras y tazas de porcelana ilustrada, hasta bandejas de todas las medidas, todos los colores y varios pisos... ¡Y qué decir de las delicatessen gastronómicas! A los emparedados de pepino de toda la vida se han unido variadas exquisiteces dulces y saladas, que compiten en estética y en sabor. Al final, resultará que lo de menos es el té. Pero ¡no se lo digas a un inglés!

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