Cuando el diseño gráfico se hizo profesión

El Museu del Disseny Barcelona recibe la biblioteca de Ricard Giralt Miracle

Txema Ybarra

Fueron 12 paginitas dispuestas en 3 dípticos

Fueron 12 paginitas dispuestas en 3 dípticos

Nadie se cuestiona hoy la importancia que tiene la labor de un diseñador gráfico. En plena era de la imagen, los elementos visuales son un asunto de vital importancia y todo debe estar al servicio de los valores de la marca, desde la tipografía hasta las fotos de la web. Pero hubo una época, no tan lejana, en que este oficio apenas era considerado como tal. Se trataba más bien de una cosa menor para aquellos que "sabían dibujar". En España, fue Ricard Giralt Miracle (Barcelona, 1911-1994) uno de los principales impulsores de la conversión de la figura del rotulista e ilustrador en la de diseñador gráfico, tal como lo entendemos hoy. 

Retrato en su taller de Filograf de Ricard Giralt

Retrato en su taller de Filograf de Ricard Giralt

Foto: Francesc Català-Roca

Su afán investigador le llevó a colaborar con artistas como Joan Miró, Antoni Tàpies o Fernando Zóbel. Innovó y exploró terrenos desconocidos para las artes gráficas en tiempos de posguerra, entró en contacto con las vanguardias europeas y fue creador de alfabetos de todo tipo, como el Gaudí o el Xenius; Joan Brossa le llamaría "jardinero de abecedarios". Sus trabajos se publicaron en revistas de prestigio internacional como Gebrauchsgraphik, Graphis, Moderno Publicity y Who is who in Graphic Art. Y en nuestro país su dilatada trayectoria se acabó reconociendo con premios como la medalla de oro del FAD (1980) y el Nacional de Artes Plásticas (1992). 

La 'plaquette' de 1966 contenía 10 epigramas de Guillermo Díaz Plaja

La 'plaquette' de 1966 contenía 10 epigramas de Guillermo Díaz Plaja

Ahora vuelve a ser noticia dado al haber recibido el Museu del Disseny Barcelona como donación la propia biblioteca de Ricard Giralt Miracle. Consta de cerca de 600 documentos, entre libros y revistas publicados entre los años 20 y 90 del pasado siglo. Quizá nada tenga tanto valor, por su carácter entrañable y experimental, como las plaquettes, felicitaciones que su taller de artes gráficas, Filograf, enviaba en Navidad y verano a los amigos y clientes. Fueron para este tipógrafo e impresor su campo de creación más libre y gratificante.

'plaquette' correspondiente al saludo del verano de 1966

'plaquette' correspondiente al saludo del verano de 1966

Todo le podía servir. Un texto de Cervantes, Dante Aligheri o Juan Ramón Jiménez, papeles sueltos, grabados antiguos, tintas, tipografías, ilustraciones... Con todo ello, y a través del collage o el fotomontaje, componía de poemas visuales de gran lirismo. Contenedor y contenido cobraban la misma importancia, la forma y el fondo. No por nada, estaba marcando la senda por donde discurriría en el futuro el diseño gráfico. 

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