¿Qué deberías hacer para que tu casa SIEMPRE esté blanca como el primer día?

No sufras por las manchas o el siempre temido amarillento: te damos varios consejos para que los muebles, la ropa de cama y los sofás de este color estén perfectos en todo momento.

Mantener el color blanco original de tus muebles no es tan complicado como a priori puede pensarse.

Mantener el color blanco original de tus muebles no es tan complicado como a priori puede pensarse.

Por mucho que las tendencias dictaminen sus propias normas y hayan tonalidades que de la noche a la mañana se convierten en un referente para infinidad de hogares alrededor del globo, el color blanco sigue siendo un aliado a prueba de modas por la capacidad innata que tiene de amplificar los espacios y la sensación de confort que reporta respecto a otros colores. Sin ir más lejos, una pared pintada de blanco siempre reflejará mejor la luz y pasa a ser una elección imprescindible para aquellas estancias que pecan de ser poco luminosas de por sí. Y, asimismo, un mueble de ese color, como tú mismo habrás podido comprobar, esconde con más gracejo el polvo y lo hace prácticamente imperceptible al ojo humano, así como combina a la perfección con cualquier estilo que se le ponga por delante. Por algo el adjetivo atemporal se le queda corto.

La leche, el bicarbonato sodio y el limón pueden ayudarte a tener una ropa de cama como el primer día.

La leche, el bicarbonato sodio y el limón pueden ayudarte a tener una ropa de cama como el primer día.

Eso sí, si tu mobiliario está lacado en blanco, ¿qué puedes hacer para mantenerlo como el primer día? Hay productos especiales para su mantenimiento, sí, pero hay una serie de trucos que te pueden facilitar esta misión que no es tan complicada como parece. Más allá de emplear un paño humedecido con un poco de agua tibia, el amoniaco es perfecto para erradicar esas marcas de grasa o más complicadas de eliminar sólo con el agua. Y lo mismo puede decirse del alcohol si hay molestas manchas de tinta. Si lo que quieres concretamente es que tu mueble favorito no pierda su brillantez original, deberías saber que con algo de paciencia siempre puedes recurrir al pulimento para coches si quieres combatir lo amarillento o, directamente, decantarte por la glicerina líquida, la cual puedes poner sobre la superficie, dejar que se absorba y eliminarla con un trapo seco. Ante daños mayores como un arañazo no se pueden hacer milagros, pero volver a lacarlos de blanco no debería suponer ningún drama mayúsculo porque la pintura blanca sigue siendo la más económica que actualmente hay en el mercado.

La pintura blanca es la más económica de todas, así que no temas si tienes que volver a lacar tus muebles con el paso del tiempo.

La pintura blanca es la más económica de todas, así que no temas si tienes que volver a lacar tus muebles con el paso del tiempo.

¿Y qué hay de la ropa de cama? Si presenta manchas amarillas lo mejor es poner una pequeña cucharada de bicarbonato sodio y a posteriori frotarlo con una rodaja de limón; y en el caso de que dichas manchas sean algo más grisáceas decántate por una solución de agua de toda la vida, agua oxigenada y unas pequeñas gotas de amoniaco. Del mismo modo, poner tus sábanas a remojo durante un par de horas en un barreño lleno de leche y, después de secarla, meterla en la lavadora con un programa de agua fría, es un truco de abuela que no deberías menospreciar. Y lo mismo puede afirmarse del limón: hierve agua con un par de rodajas y después pon la solución en un barreño junto a las sábanas que quieres blanquear.

Sí, es posible lucir en todo momento un sofá impolutamente limpio.

Sí, es posible lucir en todo momento un sofá impolutamente limpio.

En el caso particular de tener un sofá blanco también hay varios consejos que pueden serte de utilidad para mantenerlo en todo momento bien limpio. Lo ideal sería que fuera desenfundable pero, si no es el caso, tener en todo momento un paño húmedo a mano para evitar daños mayores es más que recomendable. Si en tu sofá blanco de tela observas una mancha de grasa pon un puñado de sal, humedece la mancha con un pulverizador en el que previamente hayas mezclado dos partes de agua caliente por una de vinagre blanco y, por último, tápala con bicarbonato de sodio.

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